De mi pecho nace un nudo que es imposible de deshacer, a no ser que me arranques el corazón. Sería "El nudo gordiano". Puedo abrirte mi pecho, desgarrarme, asomarme al abismo y ahí tendrás que decidir qué solución tomar.
La paciencia, el estudio, la comprensión, el entendimiento, o la ruptura total, arrasar con todo, con la memoria, con los sentimientos, con la conciencia que te quede a ti, o la que me quede a mí, después de lo sucedido.
Johnna Adams nos plantea en "El nudo gordiano" algo parecido. Cómo se afronta una pérdida traumática, qué grado de culpabilidad nos arrastra, a quién tenemos que dirigirnos y en qué términos cuando el dolor ya se ha causado, cuando el daño ya está hecho, cuando no hay posibilidad de vuelta atrás.
Desgarrador este texto, esta situación, así como la impecable interpretación de las dos actrices, Eva Rufo y María Morales, bajo una dirección sensible, metódica y atenta a todos los giros que va dando la conversación que mantienen la madre, que ha perdido a su hijo, y la profesora que estaba a su cargo.
El silencio también es delicado. Hay que contar las cosas, hay que decirlas, una tiene que sacar lo que le atenaza en ese pecho hecho un nudo y que no deja respirar convenientemente.
No es una cuestión de investigar, es una necesidad de comprender. Por las dos partes, porque las estructuras ya se han desmoronado, ya no hay posibilidad de sobornar los sentimientos, ahora llegan los arrepentimientos, y el esclarecimiento, querer saber, que los secretos no se queden para siempre en el pecho, que se propague la voz que penetra atormentando, que no se esconda la sangre, ni las lágrimas, ni la rabia, ni el odio, si fuera necesario.
Una representación sin fisuras en su puesta en escena. El sonido puro del teatro bien hecho, la voz profunda de la madre, la voz quebrada de la maestra, la voz ya etérea del niño incomprendido.
El texto no rehúye plantear lo difícil que es “educar”, no alumnos, sino almas. La incandescencia del ser humano cuando se está formando, cuando todo le afecta, el contacto de una mano, una reprimenda, un halago, una sonrisa, un gesto taciturno, que le hagan caso, que no lo tomen en cuenta, que no sea un elemento más en una caja.
No hay una única verdad. No hay un blanco o negro. Quién decide lo que es bueno o malo en el momento de que ocurra, y cuando el hecho luctuoso sucede, los lamentos no son suficientes. A veces, da la impresión de que vivimos en espacios de cristal y sueños, o estallan o es imposible hacerlos realidades.
Cuando nada ocurre, nada es terrible. Hasta que nos damos cuentas de que estamos hechos de nudos imposibles de desatar, “tú y yo, muchacho, estamos hechos de nubes, pero ¿quién nos ata?”, (Pablo Guerrero, dixit), tú y yo, sabemos, estamos hechos de nudos, pero ¿quién nos desata? ¿quién nos desata?
EL NUDO GORDIANO
Autor: Johnna Adams
Dirección: Israel Elejalde
Adaptación: Paula Paz
Reparto: María Morales, Eva Rufo
Escenografía: Mónica Boromello
Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze
Espacio: Teatro Español – Sala Margarita Xirgu