Recitado del poema
Cuando aparece Palabra sobre palabra, el propio Ángel González resumen así su vida:
“Nací en Oviedo en 1925. El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo -antes que actor- de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. Sin salir de la infancia, en muy pocos años, me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Zarandeado así por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con mi voluntad, me resigné a estudiar la carrera de Leyes, que no me interesaba en absoluto, pero que tampoco contradecía la costumbre, casi norma de obligado cumplimiento ("todo español es licenciado en Derecho mientras no se demuestre lo contrario"), a la que se sometían en su mayor parte los jóvenes de mi edad y de mi clase social -clase media, transformada en mi caso, como consecuencia de la guerra civil, en muy mediocre. Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, antes que por otras razones, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir. Pero yo hubiese preferido ser músico -cantautor de boleros sentimentales- o tal vez pintor. Fui, en cambio, funcionario público. En 1970 vine por vez primera a América -México y EE. UU.-, y empecé a quedarme por ese continente a partir de 1972 (profesor visitante en las universidades de New Mexico, Utah, Maryland y Texas). En la actualidad [desde 1974], enseño literatura española contemporánea en la Universidad de New Mexico" [en Albuquerque, cargo de profesor en el que permanecería hasta su jubilación en 1993; y algún tiempo después regresó a España con su segunda mujer, Susana Rivera, con la que se había casado en 1971, y se instaló definitivamente en Madrid].
El reconocimiento institucional le llegó en 1985 con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y la elección en enero de 1996 como miembro de la Real Academia de la Lengua Española (Letra P). Tomó posesión el 23 de marzo de 1997 con el discurso titulado “Las otras soledades de Antonio Machado”.
https://www.rae.es/sites/default/files/Discurso_ingreso_Angel_Gonzalez.pdf
Cronología de Ángel González.
https://www.cervantesvirtual.com/portales/angel_gonzalez/autor_cronologia/
Producción poética.
Ángel González es uno de los más distinguidos representantes del realismo crítico de la década de los 50, tendencia social a la que buena parte de su poesía está inscrita. La temática cívica -siempre combatiendo la injusticia, defendiendo la libertad y preconizando la dignidad de las personas-, la pulsión amorosa y el paso del tiempo han sido los ejes vertebradores de sus creaciones poéticas, expresadas con un lenguaje coloquial asequible a todo tipo de lectores y cierto regusto irónico. Estos son los títulos de sus principales obras:
Áspero mundo. Madrid, Rialp, Colección. Adonáis (1956).
Sin esperanza, con convencimiento, Barcelona Jaime Salinas editor. Colección Colliure (1961).
Grado semental. París, Ruedo Ibérico (1962).
Palabra sobre palabra. Madrid, Poesía para todos (1965, 1972 y 1977).
Tratado de urbanismo. Sabadell (Barcelona, Libros de la Frontera. Colección El Bardo (1967).
Palabra sobre palabra. Barcelona. Seix Barral (1968).
Procedimientos narrativos. Santander, La isla de los ratones (1972).
Prosemas o menos. Madrid, Hiperión (1984).
Deixis en fantasma. Madrid, Ediciones Hiperión (1992).
A todo amor. Madrid, Visor (1997).
Lecciones de cosas y otros poemas. Barcelona, Círculo de lectores (1997).
101 + 19 = 120 poemas. Madrid, Visor (1999).
Otoños y otras luces. Barcelona, Tusquets, (2001).
Palabra sobre palabra Barcelona, Seix Barral (2004).
Colaboraciones musicales.
González colaboró con el cantautor Pedro Guerra en el libro-disco La palabra en el aire (2003);
También colaboró con el tenor Joaquín Pixán, el pianista Alejandro Zabala y el acordeonista Salvador Parada en el álbum Voz que soledad sonando (2004).
En el origen de este título está el siguiente poema, de Äspero mundo:
Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.
Así es mi voz cuando digo
-de tan solo, de tan triste-
mi lamento, que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.
-¿Qué es eso que va volando?
-Sólo soledad sonando.
El cantautor Joaquín Sabina le rende homenaje con la canción "Menos dos alas".
Calambur. Luisa Pérez canta a Ángel González.
El poema “Entonces” está compuesto por 17 versos heterométricos, con predominio del endecasílabo -nueve, en total-, distribuidos en dos agrupamientos estróficos de 8 y 9 versos, respectivamente. En la disposición tipográfica de los versos de ambas estrofas se han mantenido los saltos de línea -o blancos- del texto original: los versos 6 y 15 llevan blancos antepuestos y pospuestos; y estos blancos cumplen varias funciones simultáneas: al quedar “aislados”, se destaca la importancia de estos versos, realzados además por el consiguiente “impacto visual” (más adelante comentaremos las figuras retóricas que la combinación de ambos versos originan: paronomasia y calambur).
En cuanto al número de sílabas de los versos, la primera estrofa contiene cinco endecasílabos: versos 2, 4 (heroico), 6 (heroico), 7 y 8 (heroico); dos trisílabos (versos 1 y 3), y un eneasílabo (verso 5); y aun cuando se trata de versos blancos, advertimos la coincidencia de asonancia final /á-o/ en los versos 2 y cinco (“verano/establo”). Entre los versos 6 y 7, y pese al blanco, existe un encabalgamiento oracional (“como un río / que entraba”).
La estrofa segunda presenta cuatro endecasílabos: versos 14 (heroico), 15 (enfático, con un sorprendente ritmo acentual: “ya ayer va susurrante como un río”), 16 (heroico) y 17; dos heptasílabos (versos 12 y 13); dos hexasílabos (versos 10 y 11 -agudo-); y un pentasílabo (verso 9); y aunque predomina el verso blanco, observamos dos asonancias: /í-o/-/ío/ (versos 10 y 15: “desprendidos/río”) y /á-a/ (versos 12 y 14: “esperanza/distancia”). Podemos hablar de encabalgamiento entre los versos 10 y 11 (“sones desprendidos / de aquel rumor”).
La división estrófica sirve para establecer un contraste entre las dos: en la primera resplandecen las esperanzas de un pasado del que solo quedan gratos recuerdos (y, de hecho, la estrofa está encabezada por el adverbio temporal “entonces” con el significado de “en aquel tiempo”); la segunda se ubica en la decepción del presente, donde las esperanzas se han ido apagando (versos 12-14: “hilos de una esperanza / poco a poco deshecha, / se apagan dulcemente en la distancia”) y solo queda el olvido de pasados momentos de ilusión (versos 16-17: “llevando lo soñado aguas abajo, / hacia la blanca orilla del olvido”). Y en este contraste se evidencia el influjo de la filosofía del presocrático Heráclito de Ëfeso y el “πάντα ῥεῖ” (de decir, “todo fluye”), apoyada más tarde en el tópico literario del “vita flumen” (“la vida es como un río”: un flujo constante y, a la vez, efímero que avanza de manera inevitable hacia la muerte). El poema es, pues, un “viaje” de la esperanza a la desesperanza, de las ilusiones propias de la juventud al inexorable declive vital.
Entremos ahora en el análisis de la perfección técnica con que está construido el poema y en la gran coherencia semántica que existe entre las dos estrofas. En la primera estrofa -evocación de las esperanzas juveniles- apenas hay verbos: tan solo dos, y en imperfecto de indicativo, que prolonga en el pasado su significado: “traía” (verso 4) y “entraba” (verso 7). La descripción de la naturaleza que efectúa González parece retrotraernos al “locus amoenus” (lugar idílico) renacentista, en este caso asociado a los atardeceres de verano -los que el poeta pudo disfrutar en su Oviedo natal junto a su familia, que la Guerra Civil golpeó con siniestra amargura-: el viento, que transportaba, desde el campo, “olor a establo” (versos 3, 4 y 5) y también el aroma de la hierba, a la que, a su vez, arrancaba un leve ruido (versos 6 y 7); todo un cúmulo de gratísimas sensaciones idóneas para la ensoñación más placentera (verso 8). Adviértase, por otra parte, el valor connotativo de la adjetivación empleada: “inestable olor” (verso 5, en alusión a su ligereza), “hierba susurrante” (verso 6, en alusión al ruido suave que produce el viento al moverla), “riberas pálidas” (verso 8, en alusión metafórica a la indefinición de un sueño provocado por agradables sensaciones acústicas y olfativas). Y repárese, asimismo, en la expresiva paronomasia originada, en el verso 5, por la combinación de las palabras “inestable” y “establo”: “ un inestable olor a establo”. Y cabría preguntarse hasta qué punto en el verso 6 hay un desplazamiento calificativo (“y a hierba susurrante como un río”), pues aunque el viento puede mover la hierba y hacerla susurrar, más parece que la que susurra es el agua del río, que fluye de manera apacible (recordemos el “manso rüido / d’agua corriente y clara” con que Garcilaso de la Vega comienza su “Canción III”). Y, sin duda, la alusión al “río” le permite al poeta emplear la palabra “riberas” en el verso 8: “en las riberas pálidas del sueño”.
En la segunda estrofa, aquella realidad evocada hasta la ensoñación se ha ido deshaciendo “poco a poco” -con lentitud, pero de manera irremediable-, al agrandarse ll intervalo temporal y espacial que la separa de la “actualidad” en que se sitúa el poeta; se ha ido extinguiendo, si bien “dulcemente” (verso 14: de manera apacible), a medida que la distancia espacio-temporal es mayor. Ya no se escuchan “ecos remotos, / sones desprendidos / de aquel rumor” de antaño (versos 9, 10 y 11); y las esperanzas juveniles de entonces han quedado truncadas (versos 12 y 13), llevadas “aguas abajo” (verso 16), “hacia la blanca orilla del olvido” (verso 17). Y, de esta manera, el sentimiento de melancolía que embarga al poeta ha quedado expresado con toda claridad, aunque sin dramatismo, en 17 versos de gran intensidad comunicativa -que alcanza su clímax en los dos que lo cierran- y el empleo de escasos recursos retóricos.
Pongamos ahora en relación contrastiva versos de ambas estrofas y nos percataremos de la perfección formal con la que está construido el poema. En primer lugar, los versos 6 y 15, separados por saltos de línea en sus respectivas estrofas:
y a hierba susurrante como un río (verso 6);
ya ayer va susurrante como un río (verso 15).
Un hábil calambur (agrupación de varias sílabas de modo que alteren el significado de las palabras a que pertenecen) sirven para establecer lingüísticamente el contraste entre el ayer de la esperanza y el hoy de la desesperanza. En este juego de combinaciones fonéticas radica la esencia temática del poema.
Y una nueva relación contrastiva se establece entre los versos 8 y 16: los sueños esperanzados de juventud -”lo soñado”-van “aguas abajo”: “hacia la blanca orilla del olvido” (verso 17):
en las riberas pálidas del sueño (verso 8);
llevando lo soñado aguas abajo (verso 16).
¿Y por qué sera que el último verso nos trae a la mente los dos versos iniciales del soneto de Francisco de Quevedo que lleva por título “Amor constante más allá de la muerte”? Estos son los aludidos versos: “Cerrar podrá mis ojos la postrera / sombra que me llevare el blanco día”
Boletín de Información lingüística de la RAE.
Volumen 27. Número 27 (2026).
2026-02-18.
Víctor García de la Concha: Ángel González, académico y amigo.
Luis Mateo Díez: Ángel González, cuatro poemas.
Salvador Gutiérrez Ordóñez: Con Ángel González.
https://revistas.rae.es/bilrae/article/view/742