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nuestro poema de cada dia

Nuestro poema de cada día

Los “remansos líricos” de la prosa narrativa de Pío Baroja. IV

17/10/2026@07:07:00
Pío Baroja describe desde un convento la naturaleza de Mirambel a través de las estaciones, sus colores, sonidos y animales, en una prosa impresionista de tono poético.

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Los “remansos líricos” de la prosa narrativa de Pío Baroja. III

Baroja está considerado como el mayor novelista español del siglo XX. Su actitud crítica ante los defectos de la sociedad y la sobriedad de su estilo -que Azorín comparaba con el de Cervantes- le han convertido en el modelo indiscutible de nuestros novelistas de posguerra.

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Los “remansos líricos” de la prosa narrativa de Pío Baroja. I

Para Pío Baroja, la novela "es un saco en el que cabe todo". Y, en efecto, sus novelas son de construcción muy libre y no se ajustan a ningún plan. Predomina en ellas la acción ("La acción por la acción -dice Baroja- es el ideal del hombre”), pero no son menos importantes sus amargas consideraciones sobre la vida y la sociedad, así como la pintura de paisajes -más emotivamente líricos los vascos que los castellanos, por lo general tétricos y hoscos- y de los más variados personajes, cuyos perfiles físicos y psicológicos están trazados con sorprendente rapidez y energía.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. XII

La perspicacia psicológica de los retratos de Azorín. I

Azorín es un excelente autor de retratos literarios: además de los aspectos meramente prosopográficos (aspecto físico, indumentaria…), sabe penetrar en la psicología de los personajes retratados, ofreciéndonos una semblanza espiritual y moral que captas los más íntimos detalles de su personalidad . Sirvan como ejemplo los retratos de tu tío Antonio, y de su tía Bárbara.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. X

El inconfundible estilo de Azorín. III

Cuando Azorín describe, va recogiendo las sensaciones y vivencias que en él despiertan los seres descritos, al tiempo y con el ritmo en que estas se van produciendo. Así puede contemplarse en este otro texto -perteneciente a la novela Antonio Azorín- en el que el escritor descrire -en una descripción de corte impresionista, salpicada de vocablos de uso local- una casa de campo murciana.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. VIII

El inconfundible estilo de Azorín. I

Es Azorín, uno de nuestros mayores estilistas. Su teoría del estilo queda plasmada en un capítulo del libro Un pueblecito: Riofrío de Ávila (1916) [1]. Cuenta Azorín -aunque pudiera tratarse de un mero recurso literario, similar al cervantino del autor morisco de El Quijote, el manuscrito encontrado en Toledo- que cayó en sus manos -en la Cuesta de Moyano- el libro Sentimientos patrióticos, publicado en 1791 por Jacinto Bejarano -cura párroco de la iglesia de san Martín en el pueblo abulense de Arévalo-. Y se identifica plenamente con él cuando afirma Bejarano que “El estilo es claro si lleva al instante al oyente a las cosas, sin detenerse en las palabras”; porque “De todos los defectos del estilo, el más ridículo es el que se llama hinchazón”. Y estas máximas se convertirán en la norma suprema del estilo azoriniano.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. VI

Azorín “paisajista”. I

Ante todo y sobre todo, Azorín es un gran paisajista. Pocos como él han sabido  percibir el alma de los pueblos castellanos y de sus gentes, y evocar los ambientes vetustos -con ligero sabor arcaico- de tantos lugares de Castilla en los que el tiempo parece que se ha detenido. Azorín se ha dedicado a desentrañar las bellezas que se esconden en las áridas estepas y en las calvas y ceñudas montañas castellanas, en las antiguas ciudades provincianas y en las aldeas perdidas, sumidas en la quietud de su inmovilismo; y las ha descrito con sostenida emoción cargada de lirismo, hasta extremos tales que el sentimiento de la naturaleza es consustancial a esa evocación de la vida castellana tradicional que se desparrama por sus obras. Y precisamente de Castilla entresacamos estos textos con el título global de “Una flauta en la noche”.  [El texto de Azorín está dividido en cuatro partes, tres de las cuales van encabezadas por una fecha que alude al paso del tiempo: 1820, 1870, 1900].

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. IV

El empleo emotivo de la adjetivación. II

A base de sensaciones cromáticas y auditivas, Azorín va describiendo el paisaje urbano de Yecla al amanecer.

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Gloria Fuertes o el testimonio poético de una permanente crisis existencial

Que Gloria Fuertes es mucho más que un escritora de poemas para niños es algo que, por fortuna, se ha ido abriendo paso al tiempo que ha ido ganando todo tipo de lectores, sin importar edad, ideología o condición social. Su poesía sigue más viva que nunca, aunque ya hace casi tres décadas de su muerte (27 de noviembre de 1998). Y no está de más recordar que la crítica especializada la considera como la mejor poeta de la Generación del 50, y que escritores como Camilo José Cela reivindicaban la calidad de su poesía, siempre convertida en testimonio de humanidad y en compromiso ante la injusticia.

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La Luna como símbolo de muerte y belleza en el Romance de García Lorca

El "Romance de la luna, luna" de Federico García Lorca presenta un diálogo entre un niño y la luna, que simboliza la muerte. La luna seduce al niño mientras él le suplica que huya, anticipando su fatal destino. Al final, los gitanos llegan a lamentar su muerte en la fragua.

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La perfección formal de los sonetos de Blas de Otero

El poeta vasco Blas de Otero (Bilbao, 15-3-1916; Majadahonda -Madrid-, 29-6-1979) es uno de los poetas líricos más relevantes en el panorama de la poesía contemporánea española. Fue Premio Boscán de Poesía-1950 y Premio de la Crítica de Poesía Castellana-1959, por su libro Redoble de conciencia; y Premio Fastenrath-1961 por su libro Ancia.

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Los “remansos líricos” de la prosa narrativa de Pío Baroja. II

El estilo narrativo de Pío Baroja es antirretórico; un estilo de descuidada espontaneidad que no persigue la frase atildada, sino la claridad y sencillez: "Para mí -comenta Baroja- no es el ideal del estilo ni el casticismo, ni el adorno, ni la elocuencia; lo es, en cambio, la claridad, la precisión, la rapidez".

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. XIII

La perspicacia psicológica de los retratos de Azorín. II

Del texto “El abuelo Azorín” reproducimos y comentamos solo una parte, más que suficiente para extraer el retrato literario del “bisabuelo paterno”, que Azorín hace de él, basado en la interpretación de un cuadro, original de un pintor desconocido que un día pasó por Yecla, en la primera mitad del siglo XIX y, de manera casual, se topó con tan interesante personaje y tuvo la ocasión de inmortalizarlo.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. XI

El inagotable acervo léxico de Azorín

El léxico de Azorín es tan variado como extenso; y lo mismo toma vocablos de la legua hablada por los campesinos y por los diferentes artesanos de los rincones de Castilla que visita -dignificando así el habla rural-, como de los escritores clásicos -empleando arcaísmos y vocablos de contenido fuertemente decadentista- y modernos -de los que sabe extraer acertados neologismos. En el artículo “La palabra y la vida” afirma Azorín que “lo que debemos desear al escritor es ser claros, precisos y concisos”. Y añade más adelante: “Cada cosa en el lenguaje escrito debe ser nombrada con su nombre propio; los rodeos, las perífrasis, los circunloquios embarazarán y recargarán y ofuscarán el estilo. Pero para poder nombrar casa cosa con su nombre… debemos saber los nombres de las cosas. Echemos una mirada por la casa y por el campo; a centenares se nos ofrecerán las cosas, los detalles, los particulares, las faenas y operaciones que no sabemos nombrar. Y, sin embargo todo eso tiene o ha tenido su nombre; debemos conocer y usar esos nombres. Si están esos nombres en el habla baja, popular, llevémoslos sin vacilar al lenguaje literario: si están en libros viejos -en los clásicos-, exhumémoslos también sin reparo”. 

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. IX

El inconfundible estilo de Azorín. II

Las estructuras sintácticas de la prosa azoriniana son muy sencillas: frente a los párrafos elocuentes y caudalosos, tan característicos de la novela del siglo XIX, Azorín prefiere el párrafo corto y las oraciones breves y simples unidas por yuxtaposición o por coordinación copulativa; y con verbos en presente de indicativo, que le permiten una mayor interacción “actualizada” con el lector -ya fuera de un tiempo y un lugar concreto-, al que no tiene reparos en dirigirse a menudo para lograr así una vía de comunicación más afectiva y afectiva. Prosa, pues, la suya despojada de toda ornamentación retórica.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. VII

Azorín “paisajista”. II

“El cazador español” es artículo inicialmente publicado en el diario “La prensa”, de Buenos Aires, diario con el que a lo largo de una década (1941-1951) Azorín mantuvo una intensa y prolífica colaboración a distancia. Este artículo y otros textos de la misma época han sido recopilados en España en el libro antológico Cuando todo reposa, editado por la Universidad de Alicante en  2025.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. V

El empleo emotivo de la adjetivación. III

De paseo por Monóvar, Castalla, Sax, Villena, Elda… desde su evocación por Azorín.

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El profundo lirismo que impregna la prosa de Azorín. III

El empleo emotivo de la adjetivación. I

El siguiente fragmento está tomado de Los pueblos, obra en la que Azorín se nos muestra como excepcional observador de la realidad española, de sus campos y aldeas olvidados por el tiempo y dormidos en sus recuerdos, a los que se acerca con mirada crítica y profundo deseo de reforma.

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"Primeras canciones", de García Lorca: la poesía popular con imágenes de corte surrealista. I

Este poemario fue escrito en 1922, pero no se publicó hasta 1936; y lo integran las siguientes composiciones: “Remansos”, “Remansillos”, “Variación”, “Remanso, canción final”, “Media luna”, “Cuatro baladas amarillas”, “Palimpsestos (I. Ciudad. II. Corredor. III. Primera página), “Adán”, “Claro reloj” “Cautiva” y “Canción”. En general, los poemas han adelgazado su componente narrativo para quedar reducidos a puro lirismo. Y salvo en el caso de “Adán” -que es un soneto-, en el resto de los poemas García Lorca opta por el verso breve -una fuerte heterometría combina desde versos bisílabos a octosílabos; tal es el caso, por ejemplo, del poema “Corredor”-; y están presenten los elementos básicos de la poesía popular -rimas asonantes, romancillos, estribillos, reiteraciones léxicas, paralelismos de estructura sintácticas muy sencilla...- combinados con imágenes de corte surrealista y sorprendente belleza plástica.

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Juan Ramón Jiménez y el carácter trascendente del paisaje de Moguer

Algo especial tiene el paisaje del Moguer natal de Juan Ramón Jiménez al alba, al mediodía, y a la hora del crepúsculo vespertino, que es capaz de trasladar al poeta una sensación de armonía y sosiego, tan necesario para contrarrestar su permanente desequilibro anímico. Lo vamos a poder comprobar leyendo un poema titulado “Auroras de Moguer”, así como dos cuentecillos de ese monumento al poema en prosa modernista que es la obra Platero, y titulados “El loco” y “La cuadra”.