FIRMA INVITADA

TORRENTE PRESIDENTE

Torrente Presidente
Javier Sanz | Miércoles 25 de marzo de 2026

Ver una película de Torrente es una experiencia similar a la de estar borracho, te idiotizas, pero te diviertes con la inestimable ventaja de que no tienes que padecer resaca.



FACHA POR IMPERATIVO LEGAL

Torrente es una parodia esperpéntica, una caricatura grotesca de un prototipo de español maleducado, chusco, vulgar, machista, racista, homófobo y por supuesto facha, muy facha. Porque en España el relato oficial del régimen da a entender que si eres facha tienes todos estos miserables defectos y muchos más. Quizá por eso nos descoloca tanto cuando en la realidad nos topamos con personajes tan chungos como José Luis Ábalos que siendo un hombre “supuestamente progresista” tiene gustos y actitudes tan afines a las de Torrente. Y es que la zafiedad por mucho que nos lo quieran hacer creer la izquierda mediática no es patrimonio de la derecha, al revés, ha quedado demostrado que donde más abundan los Torrentes en la vida real es en el partido socialista, Ábalos es solo la punta del iceberg.

Si Santiago Segura hubiese creado un Torrente de izquierdas su película no hubiese tenido el mismo éxito en España, no solo porque hubiese sido vetada por la mayoría de los medios de comunicación, sino porque además en el imaginario colectivo español Torrente solo puede y debe ser facha. Es una imposición más, con la que el hábil y maquiavélico adoctrinamiento de la izquierda nos ha intoxicado hasta en lo más profundo de nuestro ser.

LA LIBERTAD DE SER TORRENTE

Lo bueno de crear un personaje como Torrente es que tienes barra libre para decir cualquier incorrección política amparándote en el personaje. Es el comodín perfecto, ante la férrea censura actual, para escribir diálogos con total libertad.

El éxito de Torrente responde en parte a nuestra soterrada añoranza por la pérdida de nuestra autenticidad con tanta corrección política. Si Torrente nos atrae es porque representa todo lo que la actualidad sociopolítica nos prohíbe ser. Torrente no tiene filtros y nosotros nos hemos impuesto tantos. Torrente no es hipócrita y nosotros si lo somos. Torrente es tan libre en comparación con lo que lo somos nosotros.

Las prohibiciones de lo políticamente correcto resultan tan cansina, tan alienante que se agradece que por lo menos durante una hora vivamos en un mundo de ficción en el que no se den.



TORRENTE SE HACE QUERER

Torrente es un personaje nauseabundo que paradójicamente resulta entrañable, porque es sincero, no finge, no es hipócrita, le pasa como a Homer Simpson, que si es el personaje más querido de su serie es porque no oculta sus defectos, mostrándose tal cual es. Han Solo en la Guerra de las Galaxias le acaba comiendo el protagonismo a Luke Skywalker, precisamente porque la gente se siente más cercano al granuja de Han con sus múltiples defectos que al intachable de Luke. ¿Acaso no nos resulta más apreciado el capitán Haddock lleno de vicios que Tintín que no tiene ni uno solo? Al fin y al cabo, el personaje de Tintín no es creíble al ser el sumun de todas las perfecciones humanas, incluso diría que más que un personaje es un prisma transparente gracias al cual se proyecten los demás personajes de este cómic.

Torrente es un ser grotesco hasta la náusea, vulgar hasta el esperpento, ridículo a mas no poder, pero se hace querer, quizá por que encierra tal cúmulo de carencias, de taras y de despropósitos que el espectador no puede dejar de verlo como un ser vulnerable y desvalido que le despierta condescendencia y ternura.

NADA UNE MÁS QUE EL HUMOR
Torrente le resulta entrañable tanto a la derecha como a la izquierda. Santiago Segura ha obrado el milagro de crear un personaje que a pesar de ser tan facha se hace querer hasta para el progre más recalcitrante.

Al igual que en su día la comedia de “Ocho apellidos vascos” desacralizó el problema político del país vasco, la película de “Torrente presidente” desacraliza la polarización actual de la política española.

Odiamos demasiado porque nos falta sentido del humor. Si nos riésemos más de nuestros prejuicios, si nos riésemos más de nosotros mismos odiaríamos menos. Menos dogmatismos y más relativismo, menos bobos solemnes y más comediantes irreverentes. Más “Escopetas nacionales” y más “Torrentes presidentes”.

“ME QUITO EL CRÁNEO" ANTE AMBOS

Santiago Segura es un retratista magistral de la sociedad actual española al igual que lo fue en su día el director de cine Berlanga. Tanto Segura en “Torrente presidente” como Berlanga en “Escopeta nacional “utilizan la sátira para parodiar a la clase política española de sus respectivas épocas, caricaturizando sus defectos hasta el paroxismo para que sus críticas mordaces sobre ellas calen más profundamente en el espectador.

Ambos directores con un humor ácido y muy mala idea se entretienen rodando en estas dos películas situaciones histriónicas pobladas de personajes patéticos, cuyo resultado no puede ser otro que el género del esperpento, concebido por el genial escritor Ramón María del Valle-Inclán cuya obra más representativa de este nuevo estilo literario es: “Luces de Bohemia.”

En el callejón del Gato, un paseo peatonal de Madrid cerca de la Puerta del Sol, un comerciante instaló a principios del siglo XX dos espejos deformantes como reclamo para atraer clientes. Ramón Gómez de la Serna los describió así: “Calzados en la pared y del tamaño del transeúnte de estatura regular, los dos espejos, uno cóncavo y otro convexo, deformaban en don Quijote y Sancho a todo el que se miraba en ellos”

Las imágenes que devolvían esos espejos se convertirían para Valle-Inclán en la metáfora perfecta de la España de su época, que a través de Max Estrella protagonista de su obra “Luces de bohemia”, veía como una «deformación grotesca de la civilización europea”. Es por medio de este mismo personaje, un poeta ciego y acabado que pasa las últimas horas de su vida deambulando por las callejuelas de Madrid, por el que Valle Inclán definirá las bases del Esperpento:

“Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede ofrecerse con una estética sistemáticamente deformada.”

Esta distorsión grotesca que reclama Valle Inclán no es gratuita, con ella nos quiere transmitir que la mejor forma de entender la realidad es viéndola desfigurada hasta el extremo. La misma filosofía tuvieron Berlanga al dirigir “Escopeta nacional” y Segura al rodar “Torrente presidente”. Tanto el uno como el otro son los directores de cine más dignos de ser considerados los herederos del peculiar género inventado por el literato gallego: el esperpento. Parafraseando nuevamente a Valle Inclán: “Me quito el cráneo” ante ambos.

TEMAS RELACIONADOS:


Noticias relacionadas