FIRMA INVITADA

ELECCIONES EN CASTILLA Y LEÓN: EL PP GANA, EL PSOE SE MANTIENE, VOX PINCHA Y LA EXTREMA IZQUIERDA DESAPARECE

Ciudadanos hacen fila para votar en una sala de Castilla y León, con un representante electoral supervisando el proceso. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).
José Antonio de Yturriaga Barberán | Lunes 23 de marzo de 2026

El pasado 15 de febrero se celebraron el Castilla y León las elecciones autonómicas al término del correspondiente mandato. Los sondeos se han acercado en términos generales a la realidad, salvo los realizados por el CIS del caradura de José Félix Tezanos que -siguiendo su grotesca actuación- previó el triunfo inapelable del PSOE. Éste, sin embargo, no ha sufrido una aparatosa derrota como en las elecciones de Extremadura y Aragón, sino que ha salvado los muebles gracias a un buen candidato e incluso ha crecido dos escaños. El vencedor ha sido el PP, que ha batido el récord de continuidad en el Gobierno, superando la cuarentena de años en el poder. El PSOE ha frenado su caída y crecido ligeramente, Vox también lo ha hecho pero muy por debajo de sus expectativas, la izquierda a la izquierda de la izquierda del 5° izquierda - según la formulación irónica de Carlos Alsina- ha pasado a las catacumbas, y de los partidos regionalistas, Unión del Pueble Leonés y Por Ávila conservaron sus representantes, mientras que Soria Ya perdió dos de los tres tenía.



Campaña electoral

Las elecciones han estado en gran medida condicionadas por la arbitraria e intransigente actitud de Vox que, cegado por su crecimiento en las elecciones en Extremadura y en Aragón, adoptó una posición de bloqueo en plan de perro del hortelano, que ni come ni deja comer, y unió sus votos a los del PSOE y Unidas por Extremadura para impedir el acceso al Gobierno de María Guardiola, pese a que el PP ganó las elecciones con 43.1% de los votos y 39 diputados, frente al 16.96% del partido de Santiago Abascal que, aunque duplicó sus resultados, solo logró 11 escaños.

Como Vox siguió en la misma actitud de bloqueo tras los comicios en Aragón, Alberto Núñez Feijoó presentó un documento marco en el que establecía los márgenes del PP para la formación de Gobiernos regionales, en el que se acercó a las posiciones de Vox. Los puntos del decálogo eran: 1) Rechazo de cualquier propuesta que estuviera en contra de la legalidad vigente; 2) los acuerdos se ceñirían a las medidas que pudieran adaptar las Administraciones de acuerdo con sus competencias; 3) bajada de los impuestos sin más límite que la garantía efectiva de los servicios públicos esenciales; 4) disminución de la burocracia; 5) apoyo al campo y protección de sus productos frente a la competencia desleal; 6) rechazo a las políticas climáticas que destruyeran empleo, encarecieran la energía y perjudicaran a la industria; 7) lucha contra la violencia machista y la doméstica; 8) control de la inmigración irregular; 9) protección a las familias y fomento de la natalidad; y 10) prohibición del adoctrinamiento ideológico en las aulas. “Abogamos por un sistema de diálogo y consenso que rompa la dinámica del chantaje político y de privilegios injustificables”. Abierto a una alianza, el PP señalaba que cualquier acuerdo debería basarse en el principio de coherencia programática y respetar la proporcionalidad que los ciudadanos establecieran en las urnas.

José María Aznar alabó un documento que reafirmaba que el PP no era una confederación de partidos autonómicos, sino un partido nacional que actuaba como tal en cualquier parte de España. Vox tenía que optar por definirse como una fuerza política que se comprometiera por el interés general de España o por decir NO a todo como un partido antisistema. Abascal lo tomó muy a mal y se hizo el ofendido porque del documente se infería que Vox no respetaba el Estado de Derecho y se consideraba a sus militantes como unos salvajes. Desde Génova negaron semejante interpretación y afirmaron que el partido presentaba posiciones claras y coherentes en los distintos temas, precisamente para responder a las objeciones del propio Abascal de que en cada Comunidad había PP diferentes.

La otra maniobra de Feijóo fue poner en evidencia las contradicciones de Vox y su negativa a negociar de buena fe la formación de los Gobiernos regionales por puro tacticismo. No se podía condicionar la gobernabilidad a la estrategia de un partido, conforme a la cual no se formaba Gobierno en Extremadura hasta que no se celebraran elecciones en Aragón, no se permitía el Gobierno en Aragón hasta que no se celebraran elecciones en Castilla y León, e igual sucedería en esta Comunidad hasta que no se produjeran las de Andalucía…”!Basta ya de excusas. Ya está bien!, les afeó el líder popular. Pese a ello, Abascal siguió con su táctica de atacar más al PP que al PSOE y poniendo a los dos partidos en pie de igualdad con su estafa del bipartidismo. En la línea de Feijóo, el candidato popular, Alfonso Fernández Mañueco, le interpeló y le dijo que, si Vox no ganaba a la izquierda, ni pactaba con el PP para formar un Gobierno, ¿para qué servían los votos de sus electores?, y centró su campaña en temas concretos de gestión de las cuestiones que realmente interesaban a los castellanoleoneses.

Tras sus estruendosas derrotas en la dos anteriores elecciones, el PSOE cambió por completo su estrategia, gracias a contar a pie de obra con un sólido y prestigioso candidato, Carlos Martínez, que era lo menos que se despachaba en sanchismo dentro del PSOE. Llevaba 18 años al frente de la alcaldía de Soria, en la que destacó como buen gestor y adquirió una popularidad, que le ha permitido gobernar la ciudad con mayoría absoluta. Confiado en superar en votos al PP, le propuso a Mañueco un compromiso para que se dejara gobernar a la lista más votada. Hizo una campaña pegada al terreno al margen de las directrices procedentes de Ferraz y eludió la participación en ella de ministros y altos cargos del partido, incluido el propio Sánchez, que tuvo una presencia en la Comunidad más bien episódica. Muy a su pesar, tuvo que aceptar el recurso del “No a la guerra” y la intervención del desprestigiado Rodríguez Zapatero, que no parece que le haya proporcionado muchos votos, aunque puede que haya reducido el abstencionismo de algunos votantes socialistas.

Vox siguió con la estrategia que tan buenos resultados le proporcionó en las anteriores elecciones y dejó el peso de la campaña a Abascal, que se pateó la geografía castellanoleonesa como si fuera el candidato del partido, opacando a Carlos Pollán, presidente de las Cortes. Abascal estaba pletórico porque, a mitad de campaña, algunos sondeos daban a su partido una cuota electoral de 23.5%, por lo que dijo a sus fieles que tenían asegurado un voto del 22%. Vox resistió los embates del bipartidismo reinante en la región y subió 1.3 puntos, pero quedó por debajo la umbral psicológico del 20%.

La extrema izquierda se presentó desunida, Sumar-IU por un lado y Podemos por otro, con lo que provocó que ambos desaparecieron de las Cortes. Los partidos regionalistas se centraron en problemas locales y consiguieron mantener su representación, si bien Soria Ya no pudo resistir el arrastre del alcalde soriano y perdió dos escaños, que pasaron por carambola al PSOE gracias a la gentileza de Alvise Pérez, quien -con la presentación de la candidatura de Se Acabó la Fiesta- no consiguió ningún diputado pero, le restó votos a Vox, lo que supuso la pérdida de tres diputados que permitieron que el PSOE ganara sorprendentemente esos escaños.

Resultados de las elecciones en Castilla y León

Las elecciones -en las que la participación ciudadana alcanzó el 67%, 2 puntos más que en 2022- fueron ganadas por el PP con 33 diputados (35.4% de los votos), que, pese a haber subido 4.1 puntos, solo ganó un escaño. Le siguió el PSOE con 30 diputados (30.7%) que, aunque solo subió 7 décimas, ganó 2 escaños. El tercero en discordia -que esperemos que se transforme en concordia- fue Vox, con 14 parlamentarios (18.9%), que, pese a haber subido 1.3 puntos, solo consiguió un escaño mas. UPL ha mantenido sus 3 escaños (4.3%), Por Ávila el único que tenía 0.9%), y Soria Ya 1 de los 3 con los que contaba (0.7%). Sumar-IU y Podemos han sido borrados de las Cortes.

Los principales periódicos nacionales han titulado como sigue los resultados, con los matices propios de su línea editorial: “ABC”: “El PP gana y se refuerza, y Vox no logra su objetivo”; “El Mundo”: “La nueva victoria del PP aleja al PSOE e impone su techo a Abascal”; “La Razón”: “Mañueco consigue una clara victoria y el centro derecha arrasa”; “El País”: “El PP refuerza su mayoría, el PSOE crece y el ascenso de Vox se modera”.; “La Vanguardia”: “El PP gana en Castilla y León, con un PSOE al alza y Vox en frenada”; “El Periódico”: “El PP sube y gana, el PSOE crece y Vox toca techo”. En los subtitulares se consignan el rotundo fracaso de Sumar y Podemos, y el discreto mantenimiento de los partidos regionales. Todos coinciden en que el PP ha ganado, el PSOE se ha mantenido o ha crecido y Vox ha pinchado.

En mi opinión, no cabe duda de que el PP ha sido el gran ganador tras 40 años en el poder y una gestión razonable, a pesar del natural desgaste gubernamental y de las críticas recibidas por su actuación durante los devastadores incendios del pasado verano. Ha ganado en términos absolutos -aunque solo haya subido un escaño- y relativos -ha crecido 4.1 puntos, frente a los 0.7 del PSOE y los 1.3 de Vox-. Los socialistas se han mantenido gracias al buen hacer de su candidato -no parece que el “No a la guerra” le haya beneficiado sobremanera-, y al favor de Alvise, lo que ha considerado un gran triunfo, comparado con los desastrosos resultados de Extremadura y de Aragón, pero tampoco es como para lanzar cohetes. Con un escuálido crecimiento de 7 décimas y 5.000 votos, consiguió birlar a Vox tres escaños, gracias a la inesperada y anormal connivencia de Se Acabo la Fiesta, y sumó los mismos diputados que el PP, pese a que éste haubiera crecido 4.1 puntos y obtenido 60.000 votos más que los socialistas.

El PSOE ha sacado unas conclusiones apresuradas y poco realistas de los comicios. La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, dijo que el partido era mas necesario que nunca para poner un dique de contención y frenar a la ultraderecha desde un Gobierno progresista. El acuerdo de ésta con la derecha ponía de manifiesto que al PP no le importaba nada el Gobierno en las Comunidades Autónomas. Esto lo ha dicho la representante de un Sánchez, que manda a sus ministros al matadero y no se molesta en decir ni una palabra sobre los adversos resultados de su partido en las elecciones regionales debido al abstencionismo de sus votantes, al que habría que hacer frente cuando se celebraran las elecciones generales que son las únicas que le interesan.

Vox ha sido el partido más perjudicado, pues -como ha comentado Lucía Méndez-, aunque haya ganado un diputado, parece más bien que lo hubiera perdido. Pese a que Abascal haya sacado pecho, afirmando que su bloqueo en la formación de los Gobiernos en Extremadura y Aragón no le habían pasado factura, porque, con el 18.9% de los votos, había conseguido el máximo hasta entonces logrado por el partido en su historia -16.9% en Extremadura y17.8% en Aragón-, da la impresión que, al no alcanzar las expectativas previstas y no superar el 20%, ha tocado techo. Hasta ahora, nada frenaba su imparable ascenso, pero, por primera vez en los últimos meses, Vox ha crecido menos que el PP, que le duplica en votos y escaños, y el partido está llamado a convertirse en el Sumar del PP. Alsina ha descrito gráficamente la situación con el comentario del ratón al camello mientras iban corriendo por el desierto: “!Hay que ver el polvo que levantamos! Las derechas levantan efectivamente mucho polvo en Castilla y León -más del 57,04% frente al 33.71% de las izquierdas-, pero el protagonismo en la polvareda no se reparte a parte iguales. El PP no sabía como gestionar sus relaciones con Vox y frenar su intenso, rápido y continuado ascenso, y parece haberlo logrado en esta ocasión gracias a Mañueco, que le ha mostrado el camino para conseguir que se atasque. El partido de Abascal ha perdido autoridad moral para seguir impidiendo la gobernabilidad en las Comunidades donde es clave y su capacidad de bloqueo ha disminuido. Ya no podrá seguir exigiendo con credibilidad un cambio radical del bipartidismo, que los castellanoleoneses consideran como un ibuprofeno frente a los dolores de cabeza que les provoca Vox. El PP, a su vez, debe aceptar que Vox ha venido para quedarse y que está condenado a entenderse con él si quiere gobernar. Ahora bien, los de Abascal no pueden asumir el papel de protagonistas y deberán aceptar la función de actor secundario, y seguir el programa de la función establecido por el protagonista de acuerdo con los demás actores. Según Roberto Benito, el ciclón de Vox se ha convertido en brisa. Para Ricardo F. Colmenero, Vox parece ser el único partido que sale derrotado las elecciones en Castilla y León. Aunque el PP lo necesite para gobernar, el partido quedó por debajo de sus expectativas. Los ciudadanos no entendieron su apoyo a la guerra de Donald Trump y mucho menos que pareciera un muro en vez de un aliado, que facilitara que se cumpliera la voluntad de la gran mayoría de los votantes de Aragón y de Extremadura de que gobernara el PP.

A quienes se les ha acabado definitivamente la fiesta en la región ha sido a los partidos de la extrema izquierda. Para mantenerse en el Gobierno, Sumar ha consentido que el PSOE le arrebate todas sus proclamas y exigencias hasta quedarse sin espacio. Me recuerda la historia del campesino que enseñó a su burro a no comer y, cuando éste se acostumbró, se murió. Igual le ha ocurrido a Podemos, que era el borrico de la anterior legislatura y que ahora trata de rebuznar fuera del pesebre sin mucho éxito, pues ha sacado la mitad de votos que el seudo partido de Alvise -con 2.46% de los votos-. Muerto el burro, el campesino se ha quedado sin bestias con las que pactar.

Perspectivas de Gobierno tras las elecciones

De conformidad con los resultados de las elecciones, solo el PP está en condiciones de formar Gobierno, aunque necesite para ello del apoyo de Vox. Mañueco ha afirmado que con la experiencia habida -tras el abandono injustificado del Gobierno por parte de Vox en la anterior legislatura, con el falso pretexto de la acogida de menores no acompañados- prefería gobernar en minoría, para lo que bastaría con la abstención del partido, pero que estaba dispuesto a negociar un Gobierno de coalición si aquél lo deseaba. Como ha señalado Carmen Morodo en “La Razón”, se enfrentan dos maneras de hacer política: la lógica del programa de Gobierno y la política de consignas. Vox ha centrado la mayor parte de su discurso en cuestiones ideológicas que tienen escasa relevancia en relación con las competencias reales de la Junta -tales como la inmigración, la identidad cultural, el cambio climático o la confrontación con el Gobierno central- y, a la hora de gobernar, estas dos políticas chocan.

El secretario general, Ignacio Garriga, pareció entreabrir la puerta al manifestar la voluntad de su partido de negociar con el PP, actuar con responsabilidad y atender a la voluntad de las urnas. “Somos conscientes de la representatividad que tenemos y, por tanto, de la proporcionalidad, por lo cual podemos sentarnos en la mesa de negociaciones”. Existe un clima de desconfianza y las dos partes tendrán que ceder algo para llegar a un acuerdo. Hay que acordar primero un programa de Gobierno y, de llegar a un acuerdo, se hablaría de las personas que debieran ocupar los puestos. “No queremos ocupar sillones. Queremos gobernar y asumir responsabilidades”. Si estas palabras fueran veraces, supondría un giro de 180° en la política de Vox. Abascal se ha colocado en la misma posición al afirmar que “vamos a gobernar en las tres Comunidades, pero antes hay que aprobar un programa de Gobierno”. Hay que acordar medidas concretas y establecer un plazo preciso para su cumplimiento. Tras conocerse los resultados, Abascal afirmó que “mañana tres regiones españolas esperan urgentemente un cambio de rumbo y lo van a tener, podemos garantizarlo”. El presidente de Vox se ha caído del caballo en plan paulino y, tras tres meses de bloqueo de la formación de un Gobierno en Extremadura, se ha percatado de pronto de la urgencia de la situación. De ser esto cierto, supondría un cambio notable de política, porque -como ha observado Carlos Novillo- vienen de una postura cobarde de ver los toros desde la barrera, sin implicarse en la gestión para no desgastarse y poder criticar todo sin asumir responsabilidad alguna.

Vox ha sido objeto de severas críticas internas, por la autoritaria actuación impuesta por Abascal y su camarilla, tras la salida del partido de los socios fundadores por voluntad propia -Espinosa de los Monteros, Monasterio, Olona- o por expulsión -Ortega Smith, Ansaldo, Antelo-. El pasado día 18 un grupo de antiguos dirigentes publicaron un manifiesto en el que han puesto de manifiesto la falta de democracia interna en el partido y la persecución y exclusión de quienes osen discrepar con los criterios de la camarilla dirigente, y la producción de un cambio relevante de la orientación política que no ha sido explicado. Los signatarios han solicitado la urgente convocatoria de un Congreso extraordinario para debatir la situación actual del partido, petición que ha sido rechazada. La portavoz parlamentaria, Pepa Millán, ha comentado que semejante Congreso no tiene sentido en un partido que está creciendo (¿?), y José María Figaredo ha afirmado que, detrás de la petición, está la estrategia del PP, que trata de malmeter y socavar al único partido que se opone al bipartidismo.

No sé hasta qué punto estas tensiones internas van a afectar al desarrollo de las negociaciones entre PP y Vox para formar de una vez Gobiernos en las tres Comunidades en que se han celebrado elecciones, y en la que los electores -incluidos los votantes de Vox- han dejado clara constancia de su deseo de que gobierne el PP en colaboración con el partido de Abascal. Existe un cierto malestar entre buena parte de los votantes de Vox por su actitud obstructiva al impedir la formación de Gobiernos autonómicos, y por el apoyo incondicional de Abascal a las decisiones de Trump, aunque sean perjudiciales para España, como el establecimiento de aranceles, la amenaza de ruptura de las relaciones comerciales o el ataque a Irán.

Mañueco ha dicho que está dispuesto a negociar la formación del Gobierno con Vox y con los demás partidos, salvo con el PSOE, al que considera irrecuperable. Pese a haber perdido las elecciones, Carlos Martínez no excluye la posibilidad de gobernar y alienta a Vox a que no pacte con el PP. Le ha espetado que tiene que decidir que quiere ser de mayor y que si opta por ser la muleta del PP tendrá los días contados. Ha señalado, de forma voluntarista, que, si no hay pacto, puede haber “partido de vuelta”.

Creo que las negociaciones entre el PP y Vox están bastante encarriladas y hay muchos mas puntos de acuerdo que de desacuerdo. En su decálogo para la negociación, Feijóo se acercó en buena medida a las posiciones de Vox en materia de inmigración, seguridad, servicios públicos, vivienda, fiscalidad, medio ambiente, apoyo al campo e infraestructuras. Hay que priorizar las materias en las que haya coincidencia y exigir responsabilidad y colaboración a los dirigentes de Vox en relación con las cuestiones que no les plazcan, pero que considere importantes el socio mayoritario. Como señaló Feijóo, “tenemos que pasar de un escenario de Vox contra el bipartidismo a otro en el que se visualice que somos el PP y Vox contra Sánchez”.

A Vox corresponderá decidir si quiere o no formar parte del Gobierno. En caso afirmativo, tendrá que aceptar participar como socio menor, de forma proporcional a los resultados electorales, y comprometerse a permanecer en el Gobierno toda la legislatura y aprobar anualmente los presupuestos generales de la Comunidad. El PP deberá ser fiel a sus principios básicos, oponerse a cualquier medida que suponga una violación a las normas en vigor, y defender la monarquía parlamentaria y el Estado de Derecho.

Para “ABC”, se trata de dos partidos que están obligados a ofrecer una respuesta coherente a los votantes que se han expresado con claridad. No pueden enredarse en estrategias estériles y deben priorizar una respuesta eficaz y responsable a los intereses de los ciudadanos que reflejan la voluntad de las urnas. No se entendería que uno y otro trataran de neutralizarse en lugar de complementarse. Vox no debe dejarse arrastrar por la tentación de convertir su crecimiento en pugna inmediata por el liderazgo de la derecha y el PP ha de asumir con realismo que Vox no es un fenómeno pasajero y que su presencia condiciona la gobernabilidad en las regiones de España. Están, por tanto, obligados a entenderse, si quieren respetar al mandato de las urnas.

Según ha editorializado “El Mundo”, estamos ante un cambio estratégico profundo y el PP debe asumir que el centro de gravedad social se ha desplazado hacia la derecha en cuestiones como la inmigración, la fiscalidad, la vivienda o la política climática, y resulta imprescindible gestionarlas con responsabilidad. Las propuestas del PP conectan con inquietudes reales de amplias de capas sociales y con un clima europeo en transformación. Ahora bien, “asumir ese desplazamiento no significa diluir los principios. Los límites deben ser inequívocos: un europeísmo irrenunciable, el Estado de Derecho, la institucionalidad y el respeto al pluralismo”. No será fácil gobernar con un partido populista que tiende a posiciones maximalistas, pero los ciudadanos han otorgado a Vox una representación que implica responsabilidad. “Ninguna diferencia puede situarse por encima del interés general. España necesita estabilidad, reformas y una alternativa sólida frente a un Gobierno erosionado por la descomposición institucional. La respuesta al desgobierno de Sánchez no puede ser más desgobierno. El centro derecha tiene la oportunidad y la obligación de ofrecer estabilidad, y en manos de Vox está decidir si quiere impedirla o ser parte de ella”.

Enviado por José Antonio Sierra

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