Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys firman el guion y codirigen "Yo te creo" (2025) producción belga, rodada en francés, que llega el viernes 27 de marzo a la cartelera española. Ella tras una trayectoria como enfermera y educadora social, él con una carrera más clásica en cine y televisión.
78 minutos de intenso metraje para explicar la historia de una familia rota, también para encontrar una manera de recomponer esa familia a través de la palabra, de la verdad y del reconocimiento público de esa verdad: Alice Piron (Myriem Akeddiou), junto a sus hijos Étienne (Ulysse Goffin) y Lila (Adèle Pinkaers), acude a un juzgado de familia de Bruselas para impedir que el padre de estos (Laurent Capelluto) recupere la custodia del pequeño Étienne. Las secuelas físicas que sufre el niño dan escalofríos y los abusos que lo provocaron también. Con todo, el padre, el presunto causante de todo, parece sorprendido por las acusaciones, que niega categóricamente. Una cosa deja clara el film: el recorrido judicial de los abusos a menores resulta doloroso, tanto o más que los hechos desencadenantes.
El grueso del film es una vista en un juzgado de familia, con una pequeña introducción y tres escenas finales a modo de catarsis. En tanto que el grueso del metraje es la vista judicial, unos y otros toman la palabra, se explican, se contradicen, sufren, fingen, reaccionan a la mentira… Todo con un juego interesante de primeros planos y fueras de plano. En un tribunal de justicia, todo está en duda, todo debe confrontarse. Quien miente como un bellaco también tiene derecho a ser escuchado. Pero defender lo obvio resulta agotador y escuchar mentiras es desesperante.
El peso interpretativo recae sobre Myriem Akeddiou, madre que de tanto cargar sobre las espaldas está al límite. Hemos tenido la oportunidad de verla en papeles secundarios con los hermanos Dardenne: Le Jeune Ahmed (2019) y Deux jours, une nuit (2014), aunque en Yo te creo interpreta un papel más que principal: intenso, de primerísimos planos, lágrimas en goterones, flequillo en rebeldía y poros de la piel abiertos de par en par. La actuación de Myriem Akeddiou empieza en el Himalaya y sigue en el K2 durante buena parte del metraje.
Una particularidad del film es que los tres abogados que intervienen en la vista son abogados de profesión: Marion de Nanteuil, la abogada del padre, es la letrada Roland; Alisa Laub, la abogada de la madre, es la letrada Alaoui, y Mounir Bennaoum, abogado de los niños, es el letrado Comuzzo. No se interpretan a sí mismos, pero sí que utilizaron sus propios instrumentos de presentación procesal. La juez, sin embargo, es interpretada por la actriz Natali Broods.
Un acierto del film es el edificio que acoge el juzgado de familia, una edificación moderna con espacios diáfanos. La sala donde se celebra la vista es una despacho reducido con paredes blancas y grandes ventanales que proporcionan una luz que satura la imagen. Nada de paredes forradas con maderas ennegrecidas y olor a rancio. De alguna manera, el juzgado es como un templo de la verdad.
El título original francés es On vous croit. En el circuito anglosajón ha pasado a We believe you, un título más cercano al original. Con la traducción al español perdemos el sentido original: quien cree o deja de creer es la sociedad representada por una figura concreta, un personaje del film que pronuncia justamente esa frase. Pero ¿quién necesita ser creído? Sin duda más de uno de los personajes.
Obra multipremiada: mejor ópera prima en el Festival de Berlín 2025; en el Festival de Cine Europeo de Sevilla tres premios: mejor película, mejor actriz principal y mejor guion; también gran ganadora en los premios de la academia belga (los René) con ocho galardones, allí también reconocimiento para la interpretación de Laurent Capelluto, quien sin duda tiene una papeleta complicada en el papel de villano.
Los directores explican que quisieron imprimir una tensión casi de thriller, desde el principio. Sin duda, al principio del film el espectador se mueve en la interpretación de indicios, posteriormente, una vez metidos en la vista del juzgado de familia, el espectador pasa del esclarecimiento de la verdad a la necesidad del refrendo social de esa evidencia. En cualquier caso no está de más tener a mano pañuelos de papel.