Cuando se está empezando a crecer, la vida casi siempre es prometedora. Se mantienen ilusiones, expectativas, deseos no demasiado descabellados, a no ser que venga alguien a marchitar esas pasiones de adolescente.
Envidias que, finalmente o desde el principio, se traducen en acoso escolar, agresiones físicas y verbales, aislamientos e infundios, van minando la salud mental y física del joven agredido.
Y, entonces, quiere desaparecer, hacerse Invisible, que lo dejen en paz, prefiere estar solo antes que enfrentarse a un problema que le viene grande, porque está asustado, y que él, o ella, no lo ha buscado.
Invisible para que los demás no lo vean, a modo de superpoder, y porque nota que los que pudieran entenderlo tampoco pueden hacer nada, o huyen, o se tapan los ojos y no quieren saber nada.
Esta es la adaptación de la novela de Eloy Moreno, Invisible, que han llevado a escena Josep María Miró en la dramaturgia y José Luis Arellano en la dirección con la compañía La Joven. Es una realidad bastante más común de lo que quisiéramos pensar y, de esta manera teatral, a esa criatura que quiere hacerse Invisible se le da visibilidad para tomar conciencia de que es un mal que nos aqueja, quizá acrecentado por el nefasto uso de las redes, y del que se requiere urgencia de acción antes de que los hechos provocados sean irreversibles.
Los adolescentes son vulnerables, influenciables, algunas veces envalentonados ante situaciones que se escapan a su control, otras achantados, perdidos, desorientados a cómo deben actuar. No quieren ser criticados como chivatos, tampoco como cobardes, pierden la autoestima, son frágiles incluso delante de su propio espejo.
Veo en escena la crudeza de situaciones que se repiten demasiado a menudo. Ignorantes como somos del mundo interno de la adolescencia, si los tratamos con excesiva condescendencia hay sobreprotección, si no les damos crédito se sienten ignorados, si le quitamos importancia nosotros perdemos credibilidad.
En un tono narrativo los personajes nos van relatando cómo se sienten, cuál es la relación entre ellos, qué los lleva a comportarse de una manera o de otra. Excelente trabajo de estos jóvenes intérpretes, Juan Acedo, Javi Morán, Marcos Pérez e Iballa Rodríguez, más la colaboración de Mabel del Pozo, dando respuesta a nuestras inquietudes, y con texto necesario de dragones, de conciencia y protocolos, con la crudeza de lo que la violencia engendra, sombras que se alargan en la extrañeza inaccesible de mentes formándose.
Recuerdo que, en el ámbito escolar, siempre decíamos que rascando, rascando, acaban apareciendo las capas del ámbito familiar desde donde se desencadenan todos estos conflictos, mar tempestuoso que oprime y altera, que produce angustia, miedos, rencores, agresividad, intranquilidad cuando menos, insoportable dominio de unos sobre otros que hace que alguien quiera convertirse en Invisible, por el temor y el miedo, por la zozobra y los puñales al acecho, absorbentes y feroces relaciones, presididas por el impulso de destacar, aunque, al final, los nombres es lo que menos importancia tiene, porque se convierte en interregno sin gobierno para nadie.
INVISIBLE
Novela de Eloy Moreno
Dramaturgia: Josep Maria Miró
Dirección: José Luis Arellano
Reparto: Juan Acedo, Javi Morán, Marcos Pérez, Iballa Rodríguez
Colaboración especial de Mabel del Pozo
Producción: LaJoven | Teatro del Soho Caixabank
Espacio: Teatro de La Abadía