ESCENARIOS

MALQUERIDA

Aitana Sánchez-Gijón

Benavente infinito

Alberto Morate | Jueves 09 de abril de 2026

Sangre sin rocío, inocentes que mueren, la desesperación de negar la evidencia, de ocultar lo que se consideraba pecaminoso, de evitar un escándalo que acabará trayendo consecuencias aún más nefastas todavía.



Malquerida, La Malquerida es una obra de inocentes almas, ensuciadas por sus propias relaciones. Se van hilando las acciones como un rezo, como una plegaria ajena a la realidad. Todo desembocará en una tragedia, en un espasmo que, para 1913, fecha en la que se estrena la obra, podía producir sarpullidos es una sociedad pacata, religiosa, fetichista incluso, donde la sangre no reportará nada más que recelos, envidias, venganzas, y nadie será del todo inocente.

Estos títulos que, en cierta medida, se han quedado ya nada más para ser leídos, son buenos para traerlos de nuevo al escenario y que los conozcan los más jóvenes, y que recordemos, los más maduros, que formaban parte del repertorio de la escena española produciendo esa catarsis de rechazo o de crítica o de asombro, simplemente.

Jacinto Benavente es de esos autores, escritores, poetas, dramaturgos que, aparte de ser Premio Nobel, no pueden nunca pasar desapercibidos. Su vida es un libro abierto para contarnos sus emociones, sus impresiones, sus ficciones, sus realidades, sus miedos, sus triunfos, sus pensamientos.

Hace bien Natalia Menéndez en traernos esta nueva versión de una obra que es imprescindible en la cultura teatral y escénica española. Tenía yo además curiosidad de ver, 38 años después, a Aitana Sánchez Gijón, a la que vi en este mismo Teatro Español representando a Acacia y donde supe, desde el primer momento, que sería una de nuestras más insignes actrices. Hoy hace de Raimunda, y vuelve a dejarme sin palabras, en su callado ritmo expresivo, temblando en mi pecho, mientras guardo silencio viendo este cuidado montaje actual que no defrauda.

Jacinto Benavente, premio Nobel ya lo hemos dicho y que no se nos olvide, dramaturgo, aunque sea obvio y todo el mundo lo sepa, vida tranquila, denostado muchas veces, inmensamente creativo, ha sido alabado y “malquerido”, envidiado por “intereses creados”, que se atrevió a meterse a político también, y que no se atrevió a amar como a él le era debido. Eran otros tiempos convulsos donde poetas perdieron la vida y, lógicamente, él no quería lo mismo.

También en el cine hizo sus incursiones, académico de la lengua sin discurso, bohemio, empresario de circo, tertuliano, articulista, nadie puede negar su trono en la primera mitad del pasado siglo.

Comedias de magia, polichinelas, ácidas y de fantasía, juguetes cómicos, dramas simbolistas, infantiles y patrióticas, rurales, satíricas y de salón…

Benavente melodramático, Benavente divertido, Benavente infinito. Cometió errores, quizá pudo más su instinto de supervivencia, quizá el miedo, quizá ser acomodaticio, o precavido, mas no debemos ningunear a quien fue un grande de la escena y escribió sus últimas letras hasta que dio el definitivo suspiro.

Por eso es de alabar esta lectura, esta versión de Juan Carlos Rubio, donde se sigue dando el amor incestuoso o mal visto, el deseo prohibido, en la negación de la evidencia y en la ocultación de lo que puede inducir a delito, como en las tragedias griegas, en la fatalidad del destino, y en el ámbito rural, en el honor y lo que pensarán los demás, las apariencias ocultando los auténticos sentimientos. Y sin dejar de lado la violencia, el crimen, quitar de en medio a quien estorba, como en los argumentos más escabrosos de las novelas negras.

¿Quién dijo que ha pasado más de un siglo?

INFORMACIÓN

MALQUERIDA

De: Jacinto Benavente

Dirección y adaptación: Natalia Menéndez

Adaptación: Juan Carlos Rubio

Elenco: Aitana Sánchez-Gijón, Juan Carlos Vellido, Lucía Juárez, Goizalde Núñez, José Luis Alcobendas, Dani Pérez Prada, Alex Mola, Antonio Hernández Fimia

Teatro Español

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