LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“DONALD, EL BÁRBARO"

Donald Trump, disfrazado de Pato Donald, simula una batalla en un ambiente recreativo. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 25 de abril de 2026

Dos aceleraciones simultáneas, ya a quince días vista. La nave Orión proyectada a seiscientos kilómetros por segundo rumbo a la cara oculta de la luna. Y los misiles Tomahawk impactando sobre Teherán mientras el presidente que bendijo la misión Artemis II alardea de poder destruir una civilización en una hora. ¿Quién destruye civilizaciones? Nuevo epíteto para el rey del mambo apocalíptico: parafraseando al Conan de Schwarzenegger, “Donald el Bárbaro”.



Se diría que ese viaje hacia la cara oculta de la luna lo era tanto hacia el futuro como hacia el pasado. O hacia un futuro inquietantemente parecido a otros pasados. Aquellos tiempos en que otros demiurgos ensoberbecidos arrasaban civilizaciones hasta no dejar de ellas más que los cráteres abiertos en esa cara oculta de la luna. La cara oculta del hombre que involuciona mientras cree evolucionar.

El filósofo e historiador estadounidense Will Durant nos legó una reflexión que tiene mucho de advertencia: “pasamos mucho tiempo pensando en las últimas veinticuatro horas y muy poco en los últimos seis mil años”. La perspectiva histórica no es sólo erudición, también habilita una poderosa herramienta intelectual para interpretar el presente.

Una guerra tecnológica, librada con drones, puede ser tan salvaje como la que redujo a cenizas el imperio asirio. La sobreexposición informativa, el vértigo digital, no están exentos de encubrir regresos a la barbarie amparados en el mantra de la presunta superioridad moral del agresor. Como soy muy demócrata tengo licencia para exterminar a cincuenta mil gazatíes, a diez mil iraníes, a cinco mil libaneses. Pues suponen una amenaza para el correcto orden mundial -el mío-.

¿Qué encontrarán los arqueólogos del futuro cuando excaven los restos de nuestra civilización? La respuesta más venial describe un horizonte de tecnofósiles. Allá, en la cara oculta de la tierra, sólo quedará eso. Vastas extensiones formadas por polímeros -los de nuestra ropa sintética “desechable”, pero indestructible-, esqueletos de rascacielos, montañas de silicio. Vestigios de lo que fuimos, y de lo que dejamos atrás, como insectos atrapados en el ámbar. En el peor de los supuestos, el paisaje tras la próxima guerra nuclear.

Dentro de cinco mil años tal vez otra nave Orión procedente del espacio exterior venga a descubrir la cara oculta de la tierra. Es posible que se encuentre con un panorama comparable a la escena final de ‘El planeta de los simios’. En vez de la estatua de la Libertad, otra colosal, ahora de Donald el Bárbaro.

Los humanos fueron capaces de proezas tecnológicas, dirán de nosotros, pero ¿qué puedes esperar de un dios que se peina como un Beach Boy?

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