Este poema fue musicalizado por el mallorquín Antoni Parera, y cantado por María Dolores Pradera en su disco de 1988 “A mis amigos”, un poema con el que se abría el LP.
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Seguro azar es el segundo de los poemarios escritos por Pedro Salinas, y publicado en 1929 (Presagios, de 1923, es el primero, y Fábula y signo, de 1931, el tercero), una etapa poética primeriza que sigue la línea de la poesía pura y recibe las influencias -especialmente en Fábula y signo- de las vanguardias. Pero antes de entrar en el comentario del poema “Fe mía”, consideramos necesario recordar la concepción que Salinas tiene de la poesía. Y para ello reproducimos algunas de sus palabras que figuran en la célebre antología de Gerardo Diego Poesía española contemporánea (Madrid, Signo, 1934). y que fueron recogidas por Gerardo Diego:
”La poesía -afirma Salinas- es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos menos cerca, se recorre más o menos camino; eso es todo.” […] La poesía es para él una forma de conocimiento de realidades profundas; una manera de acceder al verdadero significado de las cosas, más allá de sus simples apariencias. Y añade: “Mi poesía está explicada por mis poesías. Nunca he sabido explicármela de otra manera, ni lo he intentado. Si me agrada el pensar que aún escribiré más poesías, es justamente por ese gusto de seguir explicándome mi Poesía. Pero siempre seguro de no escribir jamás la poesía que lo explicará todo, la poesía total y final de todo. Es decir, con la esperanza ciertísima de inoperando siempre sobre lo inexplicable. Esa es mi modestia.”
12 versos de arte menor, heterométricos, conforman este breve poema. Son versos agudos el 2 (tetrasílabo), el 7 (octosílabo) y el 12 (pentasílabo), y el resto llanos: un pentasílabo (el 4), un hexasílabo (el 6), tres heptasílabos (el 3, el 5 y el 9) y tres octosílabos (el 1, el 8, el 10 y el 11). Y aun cuando el poeta no ha estado constreñido por la rima, sí que se observan determinadas asonancias que relacionan entre sí las tres partes en las que se puede dividir el poema, por su ritmo cuaternario: /ó-a/ (versos 1 y 5: “rosa/otra”), /í-e/ (versos 3 y 9, repetición de la palabra “hice”) y /é-o/ (versos 8 y 10: “viento/hicieron”). Lo que sí que se perciben con faciliidad son los tres encabalgamientos que hay en el poema: “rosa / de papel” (versos 1-2), “la otra / rosa” (versos 5-6) y “redondo / seguro azar” (versos 11-12). La sencillez métrica es, pues, una constante del poema.
¿Puede considerarse el poema como una alegoría de la creación poética, más allá de lo artificial -”la rosa de papel” y de lo natural -”la rosa verdadera”-, de tal manera que la inspiración quedaría en manos del azar y, por tanto, no sometida a normas prefijadas? Entra dentro de lo posible, pues el poeta solo se fía del “redondo seguro azar”. Pero cabe una lectura menos literaria y más literal del poema: el poeta solo deposita su confianza en lo imprevisible, en la espontaneidad del azar, sin verse condicionado ni por lo artificial -que puede interpretarse como algo no verdadero: la falsa rosa elaborada con papel-, ni por lo natural -que tiene entidad real, como la auténtica rosa-, engalanada con dos bellas aposiciones: “hija del sol y sazón, / la prometida del viento”.
Entremos ahora en el entramado lingüístico del texto, empezando por el título: “Fe mía”, con el determinante posesivo de primera persona, en forma tónica, pospuesto. Esta posposición añade una fuerte carga emocional (compárese: “mi fe/fe mía”).
Y nada más empezar el poema, el poeta recurre a la construcción “No me fío...” (verso 1), que repite en el verso 5: “ni me fío...”; construcciones que contrastan con la empleada en el verso 11: “de ti me fío” (la construcción pronominal “fiarse” exige complemento preposicional regido, que en este caso, merced a un leve hipérbaton, va antepuesto al verbo (“de ti me fío”, en lugar de “me fío de ti”).
Y en ese primer conjunto significativo (versos 1-4), los versos 3 y 4 presentan algunas novedades estilístico-lingüísticas que conviene resaltar. En primer lugar, dichos versos están montados sobre un hipérbaton: “tantas veces que la hice / yo con mis manos” (en vez de “yo la hice con mis manos tantas veces”); y, en segundo lugar, la construcción anafórica ha anticipado el nombre (“la rosa / de papel”) y retrasado el pronombre al que se refiere (“la”). Y todavía observamos un tercer elemento, igualmente pronominal, que aporta énfasis, al tratarse de una construcción pleonástica: la presencia, al principio del verso 4, del pronombre personal de primera persona “yo”; un verso este de gran sonoridad, resultado de la ubicación de las cuatro consonante nasales y del fonema vocálico /o/: “yo con mis manos”.
Los cuatro primeros versos se enlazan con los cuatro siguientes (5 a 8) gracias a la estructura copulativa negativa “no… ni”, ya que la conjunción ni requiere la presencia de otro elemento negativo previo (en este caso, otro "ni"). El verso 7 contiene un ligero hipérbaton (“hija del sol y sazón”; en lugar de “hija y sazón [plenitud, madurez] del sol”). Y tanto el verso 7 como el 8 desarrollan sendas aposiciones referidas, respectivamente, a “la otra / rosa verdadera”: “hija del sol y sazón, / la prometida del viento”.
Los versos 9, 10 y 11 reiteran la construcción anafórica “De ti”; sin embargo, el paralelismo solo se da en los versos 9 y 10:
“De (A1) ti (B1) que (C1) nunca (D1) te (E1) hice (F1)
“De (A2) ti (B2) que (C2) nunca (D2) te (E2) hicieron (F2)”
Adviértase el cambio de persona gramatical: de una primera persona elíptica (“[yo] te hice”) se pasa a una tercera persona del plural con carácter impersonal (“te hicieron”). Por otra parte, el pronombre personal tónico de segunda persona precedido de preposición (“de ti”), en construcción ahora catafórica, adelanta algo antes de decir qué es, o sea, una información que se expresará más adelante en el poema (“redondo / seguro azar”). Todo ello pone de manifiesto el carácter reflexivo del poema. En conclusión: el “azar” -palabra que cierra el poema- escapa a cualquier control humano (“nunca te hice/nunca te hicieron”) y es en lo único en lo que el poeta confía; y los adjetivos que emplea lo recalcan: “redondo / seguro azar”).
Y puede venir a cuento reproducir ahora otras palabras de Salinas que habíamos eliminado de las citadas con anterioridad, cuando nos daba las claves de su poesía: “Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio”. Porque esos tres elementos básicos de su creación poética están presentes en el poema analizado.