LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“LA TRAMPA DE TUCÍDIDES”

Ciudadanos debatendo la guerra del Peloponeso en una plaza antigua de Atenas, bajo la luz del atardecer. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 02 de mayo de 2026

Hace una década, cuando el crecimiento económico de China comenzó a desafiar la hegemonía de EE.UU., hasta el punto de contemplar la posibilidad de una guerra “inevitable” entre las dos potencias, un politólogo estadounidense, Graham T. Allison, publicó un ensayo clave para iluminar el mundo contemporáneo a la luz de una lámpara encendida veinticinco siglos atrás: “¿Pueden América y China escapar de la trampa de Tucídides?”.



Se refería al griego Tucídides, y a su relato sobre las guerras del Peloponeso, las que enfrentaron a lo largo de veintisiete años a otras dos potencias. La ascendente, Atenas, frente a la establecida, Esparta. Para la Hélade, una catástrofe comparable a la que hoy se extiende desde Ucrania a Irán.

¿En qué consistía la trampa de Tucídides? En un determinismo mal entendido. Como subraya Allison, Tucídides nunca escribió que esa guerra fuera inevitable. ¿Qué la decidió? Un cúmulo de factores torpemente humanos y bien poco políticos, de plena vigencia en el mundo actual.

El miedo asociado a la ceguera, el orgullo a la prepotencia, el populismo a la demagogia. Una sucesión de gobernantes incompetentes a la medida del pueblo que los elegía, y su sanción: la soberbia de unos pocos -hibris- desencadenó el castigo -némesis- que pagaremos todos.

Tras dos meses de guerra en Irán resulta muy ilustrativo que la gran inquietud de la ciudadanía europea sea si se va a quedar sin vacaciones -por el incremento de los pasajes de avión-, o sin ensaladas -por el del precio de los tomates-. Echas un vistazo a Estrasburgo, ahí están nuestros representantes, implementando medidas paliativas. Ni por asomo una mediación consensuada, eficaz y determinada, para detener la guerra. Esto sí lo dijo Tucídides: “Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles soportan lo que deben”. Justo lo que nos merecemos, a todas las escalas.

Todas las guerras son evitables, siempre que quienes toman las decisiones sean capaces de generar formas de competencia que excluyan la destrucción del adversario. Allison estudia dieciséis casos comparables al que vivió Tucídides. Sólo cuatro no acabaron en una guerra abierta. Citemos dos: el Tratado de Tordesillas que evitó el choque entre España y Portugal por la supremacía en el Nuevo Mundo a finales del siglo XV. Y la Guerra Fría librada entre EE.UU. y la URSS, entre 1940 y 1980. Contuvieron la espiral de tensión, escaparon de la trampa de Tucídides.

No es nuestro caso. De Grecia sólo nos interesan los cruceros por sus islas y, a lo sumo, el yogur. Se vive bien fuera de la historia. Hasta que descubres que siempre has estado dentro. Con los ojos cerrados.

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