EL RINCÓN DE LA POESÍA

Literatura intemporal: Quevedo, Bécquer, Cernuda… ¡y Sabina!

Joaquín Sabina

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Martes 05 de mayo de 2026
  • De Quevedo a Bécquer.
  • Ha habido poetas que han comparado la risa femenina con relámpagos que se abren en el cielo rojo de los labios; tal y como podemos comprobar en el último terceto del siguiente soneto de Quevedo:



    Retrato de Lisi que traía en una sortija

    En breve cárcel traigo aprisionado,
    con toda su familia de oro ardiente,
    el cerco de la luz resplandeciente,
    y grande imperio del Amor cerrado.
    Traigo el campo que pacen estrellado
    las fieras altas de la piel luciente,
    y a escondidas del cielo y del Oriente,
    día de luz y parto mejorado.
    Traigo todas las Indias en mi mano,
    perlas que en un diamante por rubíes
    pronuncian con desdén sonoro hielo;
    y razonan tal vez fuego tirano,
    relámpagos de risa carmesíes,
    auroras, gala y presunción del cielo.

    Francisco de Quevedo: Poesías completas. Barcelona, Castalia Ediciones, 2021.
    Colección Castalia Maior. Alfonso Rey y María José Alonso, editores.

    Apoyo léxico.

    Verso 1. En breve cárcel traigo aprisionado. Alusión a la sortija. Verso 2. con toda su familia de oro ardiente. Alusión tanto a los reflejos de oro de la sortija como a los cabellos rubios de Lisi. Verso 3. el cerco de la luz resplandeciente. Alusión tanto a la sortija como al rostro de Lisi. Verso 4. del amor cerrado. Cercado por el Amor. Versos 5-6. Traigo el campo que pacen estrellado / las fietas altas de la piel luciente. Alusión al firmamento [campo estrellado], en primavera, bajo el signo de Tauro [las fieras altas de la piel luciente]. Hay en estos versos un recuerdo a los versos iniciales de la Soledad primera de Góngora (versos 1-6): “Era del año la estación florida / en que el mentido robador de Europa / (media luna las armas de su frente, / y el Sol todos los rayos de su pelo), / luciente honor del cielo, / en campos de zafiro pace estrellas”. Verso 8. día de luz y parto mejorado. Alusión a la cara de Lisi [día de luz] y a la sortija [parto -de la tierra- mejorado -por el trabajo del hombre-]. Verso 9. Traigo todos las Indias en mi mano. Alusión a los metales preciosos procedentes de las Indias, verdaderos tesoros. Verso 10. perlas que en un diamante por rubíes. Dientes [perlas] que en la boca [un diamante], por los labios [rubíes]. Verso 11. pronuncian con desdén sonoro hielo. Alusión a rotundas palabras heladoras [sonoro hielo]. El terceto (versos 9-11) debe, pues, interpretarse de la siguiente manera: “Traigo todos los tesoros en mi mano, dientes que en la boca, por los labios, pronuncian con desdén palabras que hielan”.

    En efecto, el fuego tirano del verso 11 -en claro contraste con el sonoro hielo del verso precedente- es una alusión a la pasión desenfrenada que desencadenan los dientes (las perlas, del verso 10) de Lisi cuando ríen: relámpagos de risa carmesíes; doble imagen para referirse a la risa rápida de los labios que viene motivada, por un lado, por el resplandor vivísimo e instantáneo del relámpago y, por otro, por el propio color rojo de los labios. Y esos dientes son de tal blancura [auroras], que se erigen en gracia y vanidad [gala y presunción] del rostro [cielos] de Lisi.

    Por su parte, Bécquer, en una de sus Rimas -la XXVII- emplea, en la segunda estrofa, imágenes similares a las de Quevedo para referirse a la risa de la amada: los labios -de color rojo [grana]- se convierten metafóricamente en relámpagos, porque se mueven con rapidez al reír, zigzagueando [y serpean] sobre el blanco de la piel [un cielo de nieve]:

    Despierta, tiemblo al mirarte;
    dormida, me atrevo a verte.
    Por eso, alma de mi alma,
    yo velo mientras tú duermes.
    Despierta ríes, y al reír tus labios
    inquietos me parecen
    relámpagos de grana que serpean
    sobre un cielo de nieve.
    Dormida, los extremos de tu boca
    pliega sonrisa leve,
    suave como el rastro luminoso
    que deja un sol que muere.
    —¡Duerme!
    Despierta miras, y al mirar tus ojos
    húmedos resplandecen,
    como la onda azul en cuya cresta
    chispeando el sol hiere.
    Al través de tus párpados, dormida,
    tranquilo fulgor vierten,
    cual derrama de luz templado rayo
    lámpara transparente.
    —¡Duerme!
    Despierta hablas, y al hablar, vibrantes
    tus palabras parecen
    lluvia de perlas que en dorada copa
    se derrama a torrentes.
    Dormida, en el murmullo de tu aliento
    acompasado y tenue,
    escucho yo un poema que mi alma
    enamorada entiende.
    —¡Duerme!
    Sobre el corazón la mano
    me he puesto porque no suene
    su latido y de la noche
    turbe la calma solemne.
    De tu balcón las persianas
    cerré ya porque no entre
    el resplandor enojoso
    de la aurora y te despierte.
    —¡Duerme!

    Gustavo Adolfo Bécquer: Rimas, XXVII. Madrid, Editorial Espasa-Calpe, 1989.
    Colección Clásicos Castellanos. Nueva
    serie, núm. 22. Russell P. Sebold, editor literario.
    [Véanse sus comentarios de esta Rima, a pie de página (241-244).

    A propósito de la organización estructural de esta Rima, señala Francisco Torrecilla: “El poeta prefiere la contemplación estática de la amada, mientras ella duerme, y él velándola, la admira y puede llegar a ella y contemplar su belleza (“Despierta, tiemblo al mirarte; / dormida, me atrevo a verte.”), sin el riesgo de que sus labios “relampagueantes” lo rechacen. Es, en fin, el triunfo del sueño sobre la realidad, y todo el poema está estructurado partiendo de esta contraposición: despierta-realidad/dormida-ilusión, situación que el yo poético prefiere; por eso, el estribillo exhortativo: ¡Duerme!”. Cf. Gustavo Adolfo Bécquer: Rimas. Madrid, Ediciones Akal, 2002; pág. 82. Colección Akal literaturas, núm. 3. Francisco Torrecilla del Olmo, editor literario.

  • De Bécquer a Cernuda.
  • Uno de los versos de la Rima LXVI de Gustavo Adolfo Bécquer da título a un libro de Cernuda: Donde habite el olvido. Esta es la mencionada Rima:

    ¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero

    de los senderos busca;

    las huellas de unos pies ensangrentados

    sobre la roca dura,

    los despojos de un alma hecha jirones

    en las zarzas agudas,

    te dirán el camino

    que conduce a mi cuna.

    ¿Adónde voy? El más sombrío y triste

    de los páramos cruza,

    valle de eternas nieves y de eternas

    melancólicas brumas.

    En donde esté una piedra solitaria

    sin inscripción alguna,

    donde habite el olvido,

    allí estará mi tumba.

    Grabación con música de Isaac Albeniz (Canciones para concierto).


    Y este es el poema de Cernuda.


    Donde habite el olvido,

    en los vastos jardines sin aurora;

    donde yo solo sea

    memoria de una piedra sepultada entre ortigas

    sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

    Donde mi nombre deje

    al cuerpo que designa en brazos de los siglos,

    donde el deseo no exista.

    En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

    no esconda como acero

    en mi pecho su ala,

    sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

    Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,

    sometiendo a otra vida su vida,

    sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

    Donde penas y dichas no sean más que nombres,

    cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;

    donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

    disuelto en niebla, ausencia,

    ausencia leve como carne de niño.

    Allá, allá lejos;

    donde habite el olvido.

    Luis Cernuda: La realidad y el deseo.
    Sevilla, Editorial Renacimiento, 2008.

    Audio en la voz del autor:

    https://palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz.php&wid=71&p=Luis+Cernuda

    En la voz de Rafael Penagos.

    https://palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz.php&wid=2837&p=Luis+Cernuda


    Este es uno de los poemas que mejor refleja el estado de ánimo

    del poeta: Cernuda, que concibe el amor como una entrega total

    (versículos 13-15: “Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, / sometiendo a otra vida su vida, / sin más horizontes que otros ojos frente a frente”), descubre que el amor es un “ángel terrible” (versículo 4) que clava en su pecho “su ala” (versículo 6), por lo cual solo ansía la muerte y el olvido: “Allá, allá lejos; / donde habite el olvido” (versículos 19.20)

  • De Cernuda a Salinas.
  • En 1999, Joaquín Sabina compuso y grabó el álbum “19 días y 500 noches”; y una de las canciones lleva por título el mismo del poema de Salinas: “Donde habite el olvido”; y se centra en el desamor y el olvido tras la ruptura de una relación sentimental. Esta es la letra:

    Donde habita el olvido

    Cuando se despertó,

    no recordaba nada

    de la noche anterior,

    “demasiadas cervezas”,

    dijo, al ver mi cabeza,

    al lado de la suya, en la almohada…

    y la besé otra vez,

    pero ya no era ayer,

    sino mañana.

    Y un insolente sol,

    como un ladrón, entró

    por la ventana.

    El día que llegó

    tenía ojeras malvas

    y barro en el tacón,

    desnudos, pero extraños,

    nos vio, roto el engaño

    de la noche, la cruda luz del alba.

    Era la hora de huir

    y se fue, sin decir:

    “llámame un día”.

    Desde el balcón, la vi

    perderse, en el trajín

    de la Gran Vía.

    Y la vida siguió,

    como siguen las cosas que no

    tienen mucho sentido,

    una vez me contó,

    un amigo común, que la vio

    donde habita el olvido.

    La pupila archivó

    un semáforo rojo,

    una mochila, un peugeot

    y aquellos ojos

    miopes

    y la sangre al galope

    por mis venas

    y una nube de arena

    dentro del corazón

    y esta racha de amor

    sin apetito.

    Los besos que perdí,

    por no saber decir:

    “te necesito”.

    Y la vida siguió,

    como siguen las cosas que no

    tienen mucho sentido,

    una vez me contó,

    un amigo común, que la vio

    donde habita el olvido.

    Actuación de Sabina en directo.

    La canción en el disco 19 días y 500 noches.

    Puedes comprar la obra en:

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