Ha habido poetas que han comparado la risa femenina con relámpagos que se abren en el cielo rojo de los labios; tal y como podemos comprobar en el último terceto del siguiente soneto de Quevedo:
Apoyo léxico.
Verso 1. En breve cárcel traigo aprisionado. Alusión a la sortija. Verso 2. con toda su familia de oro ardiente. Alusión tanto a los reflejos de oro de la sortija como a los cabellos rubios de Lisi. Verso 3. el cerco de la luz resplandeciente. Alusión tanto a la sortija como al rostro de Lisi. Verso 4. del amor cerrado. Cercado por el Amor. Versos 5-6. Traigo el campo que pacen estrellado / las fietas altas de la piel luciente. Alusión al firmamento [campo estrellado], en primavera, bajo el signo de Tauro [las fieras altas de la piel luciente]. Hay en estos versos un recuerdo a los versos iniciales de la Soledad primera de Góngora (versos 1-6): “Era del año la estación florida / en que el mentido robador de Europa / (media luna las armas de su frente, / y el Sol todos los rayos de su pelo), / luciente honor del cielo, / en campos de zafiro pace estrellas”. Verso 8. día de luz y parto mejorado. Alusión a la cara de Lisi [día de luz] y a la sortija [parto -de la tierra- mejorado -por el trabajo del hombre-]. Verso 9. Traigo todos las Indias en mi mano. Alusión a los metales preciosos procedentes de las Indias, verdaderos tesoros. Verso 10. perlas que en un diamante por rubíes. Dientes [perlas] que en la boca [un diamante], por los labios [rubíes]. Verso 11. pronuncian con desdén sonoro hielo. Alusión a rotundas palabras heladoras [sonoro hielo]. El terceto (versos 9-11) debe, pues, interpretarse de la siguiente manera: “Traigo todos los tesoros en mi mano, dientes que en la boca, por los labios, pronuncian con desdén palabras que hielan”.
En efecto, el fuego tirano del verso 11 -en claro contraste con el sonoro hielo del verso precedente- es una alusión a la pasión desenfrenada que desencadenan los dientes (las perlas, del verso 10) de Lisi cuando ríen: relámpagos de risa carmesíes; doble imagen para referirse a la risa rápida de los labios que viene motivada, por un lado, por el resplandor vivísimo e instantáneo del relámpago y, por otro, por el propio color rojo de los labios. Y esos dientes son de tal blancura [auroras], que se erigen en gracia y vanidad [gala y presunción] del rostro [cielos] de Lisi.
Por su parte, Bécquer, en una de sus Rimas -la XXVII- emplea, en la segunda estrofa, imágenes similares a las de Quevedo para referirse a la risa de la amada: los labios -de color rojo [grana]- se convierten metafóricamente en relámpagos, porque se mueven con rapidez al reír, zigzagueando [y serpean] sobre el blanco de la piel [un cielo de nieve]:
A propósito de la organización estructural de esta Rima, señala Francisco Torrecilla: “El poeta prefiere la contemplación estática de la amada, mientras ella duerme, y él velándola, la admira y puede llegar a ella y contemplar su belleza (“Despierta, tiemblo al mirarte; / dormida, me atrevo a verte.”), sin el riesgo de que sus labios “relampagueantes” lo rechacen. Es, en fin, el triunfo del sueño sobre la realidad, y todo el poema está estructurado partiendo de esta contraposición: despierta-realidad/dormida-ilusión, situación que el yo poético prefiere; por eso, el estribillo exhortativo: ¡Duerme!”. Cf. Gustavo Adolfo Bécquer: Rimas. Madrid, Ediciones Akal, 2002; pág. 82. Colección Akal literaturas, núm. 3. Francisco Torrecilla del Olmo, editor literario.
Uno de los versos de la Rima LXVI de Gustavo Adolfo Bécquer da título a un libro de Cernuda: Donde habite el olvido. Esta es la mencionada Rima:
¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura,
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.
Grabación con música de Isaac Albeniz (Canciones para concierto).
Y este es el poema de Cernuda.
Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo solo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.
https://palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz.php&wid=71&p=Luis+Cernuda
En la voz de Rafael Penagos.
https://palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz.php&wid=2837&p=Luis+Cernuda
Este es uno de los poemas que mejor refleja el estado de ánimo
del poeta: Cernuda, que concibe el amor como una entrega total
(versículos 13-15: “Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, / sometiendo a otra vida su vida, / sin más horizontes que otros ojos frente a frente”), descubre que el amor es un “ángel terrible” (versículo 4) que clava en su pecho “su ala” (versículo 6), por lo cual solo ansía la muerte y el olvido: “Allá, allá lejos; / donde habite el olvido” (versículos 19.20)
En 1999, Joaquín Sabina compuso y grabó el álbum “19 días y 500 noches”; y una de las canciones lleva por título el mismo del poema de Salinas: “Donde habite el olvido”; y se centra en el desamor y el olvido tras la ruptura de una relación sentimental. Esta es la letra:
Donde habita el olvido
Cuando se despertó,
no recordaba nada
de la noche anterior,
“demasiadas cervezas”,
dijo, al ver mi cabeza,
al lado de la suya, en la almohada…
y la besé otra vez,
pero ya no era ayer,
sino mañana.
Y un insolente sol,
como un ladrón, entró
por la ventana.
El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,
nos vio, roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.
Era la hora de huir
y se fue, sin decir:
“llámame un día”.
Desde el balcón, la vi
perderse, en el trajín
de la Gran Vía.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.
La pupila archivó
un semáforo rojo,
una mochila, un peugeot
y aquellos ojos
miopes
y la sangre al galope
por mis venas
y una nube de arena
dentro del corazón
y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí,
por no saber decir:
“te necesito”.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.
Actuación de Sabina en directo.
La canción en el disco 19 días y 500 noches.