EL RINCÓN DE LA POESÍA

Intertextualidad en la obra de Blas de Otero

Blas de Otero

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Viernes 22 de mayo de 2026

Una de las características que, de modo particular, definen la poesía de Blas de Otero es la intertextualidad, es decir, la inserción en sus propios textos de palabras procedentes de otros textos. Cuando Otero utiliza una cita ajena, a veces menciona la fuente de procedencia, que puede aparecer como epígrafe, con el nombre de su autor o solo con sus iniciales. Sin embargo, lo más frecuente es que entrelace la cita con sus propias palabras -omitiendo el origen de aquella- y que recurra a muy diversas modalidades de incorporación, a fin de que el texto propio converja con el de los autores de referencia.



De ninguna manera intenta Otero ocultar -y menos disfrazar- la repercusión del texto ajeno en el suyo; antes por el contrario, se sirve de él para provocar un diálogo intertextual que enriquezca el texto propio con los antiguos significados procedentes del texto que recoge. Los procedimientos de intertextualidad se manifiestan en la obra de Otero por dos vías fundamentales: ya sea mediante la modificación o ruptura de una frase hecha, refrán o dicho popular, ya sea mediante alusión, parodia, cita de textos literarios cultos o de fuentes populares. Tales incorporaciones textuales se pueden presentar de forma aislada, o bien entrelazadas a modo de un diálogo en la sombra entre distintos discursos asimilados y transformados; y, de esta manera, el nuevo texto obtenido se carga de conceptos complejos, de valores simbólicos, en una forma condensada que revela un lento proceso de gestación. Esta “sinfonía de voces” ajenas es, a menudo, homenaje y señal de admiración hacia determinados escritores con los que Otero comparte problemas de orden estético o filiación ideológica; en otras ocasiones, le sirve para polemizar o criticar el ideario de un determinado escritor; y, a veces, no pasa de ser un complejo juego de virtuosismo formal del que se sirve el poeta para exhibir su intensa capacidad creadora.

A continuación se recogen dos claros ejemplos de intertextualidad. El primero de ellos nos remite a Góngora: el título del libro de Otero Ángel fieramente humano está tomado de un verso gongorino, incluido en el siguiente soneto, compuesto en 1582:

Suspiros tristes, lágrimas cansadas,
que lanza el corazón, los ojos llueven,
los troncos bañan y las ramas mueven
de estas plantas, a Alcides consagradas;
mas del viento las fuerzas conjuradas
los suspiros desatan y remueven,
y los troncos las lágrimas se beben,
mal ellos y peor ellas derramadas.
Hasta en un tierno rostro aquel tributo
que dan mis ojos, invisible mano
de sombra o de aire me le deja enjuto,
porque aquel ángel fieramente humano
no crea mi dolor, y así es mi fruto
llorar sin premio y suspirar en vano.

Luis de Góngora: Sonetos completos. Madrid, Editorial Castalia, 1969. Colección Clásicos
Castalia, núm. 1. Edición de Biruté Ciplijauskaité. [Barcelona, Castalia, 2020].

[Alcides es el nombre de nacimiento del héroe mitológico griego conocido popularmente como Hércules. Era hijo de Zeus y de la mortal Alcmena. Su jardín era el Jardín de las Hespérides, el huerto sagrado de la diosa Hera. En él crecía un árbol que producía manzanas de oro que otorgaban la inmortalidad. Euristeo, rey de Tirinto y de Micenas, le encargó conseguir sus frutos, y para ello tuvo que vencer al dragón Ladón, que los custodiaba].

Y Otero reutiliza el verso de Góngora en el soneto “Cántico”, que pertenece a Redoble de conciencia:

Es a la inmensa mayoría, fronda

de turbias frentes y sufrientes pechos,

a los que luchan contra Dios, dehechos

de un solo golpe en su tiniebla honda.
A ti, y a ti, y a ti, tapia redonda

de un sol con sed, famélicos barbechos,

a todos, oh sí, a todos van, derechos,

estos poemas hechos carne y ronda.
Oídlos cual al mar. Muerden la mano

de quien la pasa por su sirviente lomo.

Restalla al margen su bramar cercano
y se derrumban como un mar de plomo.

¡Ay, ese ángel fieramente humano

corre a salvarnos, y no sabe cómo!

Y en el soneto que comienza con el verso “Cuerpo de la mujer, río de oro...”, Otero incluye una cita de un verso de Francisco de Quevedo -“Tántalo en fugitiva fuente de oro”-, que pertenece a este otro soneto:

Afectos varios de su corazón, fluctuando en las ondas
de los cabellos de Lisi
En crespa tempestad del oro undoso
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.
Leandro en mar de fuego proceloso,

 su amor ostenta, su vivir apura;
Icaro en senda de oro mal segura

 arde sus alas por morir glorioso.
Con pretensión de fénix, encencidas

sus esperanzas, que difuntas lloro,

 intenta que su muerte engendre vidas.
Avaro y rico, y pobre en el tesoro,

el castigo y la hambre imita a Midas,

 Tántalo en fugitiva fuente de oro.

[Leandro cruzaba cada noche el Helesponto a nado para ver a su amada Hero, sacerdotisa de Afrodita, guiado por una luz que esta encendía en lo alto de una torre. Una noche invernal de fuertes tormentas el viento apagó la luz que lo guiaba, perdió el camino y murió ahogado. Cuando Hero descubrió el cadáver, se suicidó arrojándose al mar.

Tántalo fue condenado por los dioses a sufrir un castigo eterno en el Hades: pasar hambre y sed. Cuando quiere comer frutos de los árboles, el viento aleja sus ramas; y cuando pretende saciar su sed, las agua se retiran].

Y este es el soneto de Otero, que comentamos en un artículo publicado en esta misma revista digital el 8 de diciembre de 2025, y al que se tiene acceso en este enlace:

https://www.todoliteratura.es/noticia/61923/el-rincon-de-la-poesia/la-perfeccion-formal-de-los-sonetos-de-blas-de-otero.html

… Tántalo en fugitiva fuente de oro.
  • QUEVEDO
  • Cuerpo de la mujer, río de oro
    donde, hundidos los brazos, recibimos
    un relámpago azul, unos racimos
    de luz rasgada en un frondor de oro.
    Cuerpo de la mujer o mar de oro
    donde, amando las manos, no sabemos,
    si los senos son olas, si son remos
    los brazos, si son alas solas de oro…
    Cuerpo de la mujer, fuente de llanto
    donde, después de tanta luz, de tanto
    tacto sutil, de Tántalo es la pena.
    Suena la soledad de Dios. Sentimos
    la soledad de dos. Y una cadena
    que no suena, ancla en Dios almas y limos.

    Bibliografía.

    Carlos Bousoño: “Un ensayo de estilística explicativa (ruptura de una sistema formado por una frase hecha)”. En el volumen Homenaje universitario a Dámaso Alonso. Madrid, editorial Gredos, 1970, págs. 69-84. (Bousoño estudia este procedimiento en Blas de Otero). Ángel González: “La intertextualidad en la obra de Blas de Otero”. Cuadernos Universitarios, núm. 1. San sebastián, Universidad de Deusto, 1987, págs. 63-75. Pilar García Carcedo: “La literatura comparada: Una aproximación didáctica a la poesía de Blas de Otero, Rubén Darío y José Martí”. DIDÁCTICA (Lengua y Literatura), núm. 10, págs. 33-47. Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid, 1998.

    https://revistas.ucm.es/index.php/DIDA/article/view/DIDA9898110033A/19776

    Carmen Balbosa Torralbo: "Poesía como diálogo: La citación en la obra de Blas de Otero". Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. Barcelona 21-26 de agosto de 1989. Coordinado por Antonio Vilanova Andreu. Volumen 2, 1992, págs. 1645-1654.

    https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=594496

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