FIRMA INVITADA

RECUERDOS DE OTERO PEDRAYO (EN SUS CIEN AÑOS)

Otero Pedrayo
Antonio Costa Gómez | Jueves 04 de junio de 2026

Recuerdo que Ramón Otero Pedrayo visitó la casa de mi abuelo en Chantada. Yo no lo vi, pero lo leí en “Los gallegos en Argentina” de Alberto Vilanova. Mi abuelo reunió durante toda su vida cuadros impresionistas, gemelos de teatro, ceniceros como muñecas, biombos pintados, damas elusivas, caballeros con armadura, arcones, grabados de grandes pintores, manuscritos de hace siglos. El edificio era como un palacio encantado y Otero Pedrayo lo visitó. Vilanova dice que estuvieron hablando de Buenos Aires, los dos habían vivido con pasión Buenos Aires.



Mi hermano vendió el edificio en septiembre, sabe Dios qué será de él.

Me acuerdo de la novela “Arredor de sí”. Un personaje que viaja por todo el mundo, conocía países y culturas. Buscaba algo por todas partes y se buscaba a sí mismo. Y al final regresa a su pueblo en Galicia y allí se encuentra de verdad. Era como una espiral celta vertiginosa en que el héroe acaba desembocando en sí mismo. Era como la gran literatura de Joyce o de Virginia Woolf.

Me acuerdo de que vi en la casa de mi abuelo el libro de poemas “Bocarribeira, poemas para ler e queimar”. Y ese título me fascinaba y leí aquellos poemas fascinado.. Eran fogonazos sobre paisajes, visiones intensas de instantes, nombres de lugares que cobraban vida. Iluminaciones como los poemas breves de Ungaretti.

Decía “Trasalba, verde lus / nas pupilas de pedra”. Decía : “Fala dos vellos: vento no Souto / Fala dos mortos: vento na ialma”. Condensaciones, milagros de captación del paisaje. Un animismo lleno de aura. Incluso cobraba vida el pan de Cea, se encendía todo lo físico: “Panadeirinha de Cea/ agasallada no vento/ como una palla de avea. Hablaba de regalos del viento y él mismo regalaba chispas. Los poemas no eran para quemar, ellos mismos quemaban.

Recuerdo su “Guía de Galicia”, que consulté tantas veces. Porque no era solo información enciclopédica, era darle vida a cada rincón de Galicia. Era Geografía apasionada. Y estimulaba a conocer Galicia en todos sus rincones. La llenaba de alma. Tantas veces consulté ese libro, encontré una frase llena de vida.

Recuerdo que unos jóvenes queríamos fundar una revista importante en Chantada e íbamos a hablar con figuras de la cultura. Alguien nos ofreció hablar con Otero Pedrayo. Pero un tipo de nosotros que solo quería política y esquematismo dijo que eso no interesaba, solo interesaba hablar con Xosé Manuel Beiras, con economistas y políticos. La literatura era cosa de segunda fila. Y sin embargo la literatura nos da la vida de un pueblo. Balzac nos dio la de Francia, Pedrayo nos daría la de Galicia.

Recuerdo el dinamismo y casi expresionismo que tenía en sus libros. Lo suyo parecía oratoria, pero tenía expresión de verdad. Incluso en los ensayos tan interesantes que tenía: “Ensayo histórico sobre la cultura gallega”, “Síntesis histórica del siglo XVIII en Galicia”. No era oratoria, era palabra chorreante.

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