Este soneto figura en la antología poética Primera parte de las flores de poetas ilustres de España (1635), firmado por Diego Hurtado, y de ahí que se le atribuya a Diego Hurtado de Mendoza (1503 o 1504-1575).
Hurtado de Mendoza, poeta cortesano en el reinado de Carlos I, inició el cultivo de un tipo de literatura burlesca, ridiculizando la visión idealizada del mundo y, sobre todo del amor, aunque él mismo no dejó de participar de ella. Este soneto, de carácter metapoético, es una simple parodia acerca de la dificultad técnica que implica componer un soneto: así lo expresa con toda claridad el poeta en los versos que cierran el segundo cuarteto (“gran derecho / tengo a salir con vida deste trago”) y en el que concluye el poema (“Ya deste [soneto], gloria a Dios, he visto el cabo].
Una dama el pide al poeta que le haga un soneto, y aquel lo va improvisando al tiempo que relata el propio acto de escribirlo y las dificultades que debe superar para cerrar cada estrofa. Incluso según avanza el proceso compositivo -estrofa por estrofa y verso a verso-, el poeta muestra su satisfacción. Y en efecto, el soneto, en verso endecasílabos, tiene dos cuartetos en los que se repiten las mismas rimas consonantes (ABBA/ABBA: /-ágo/ (versos 1, 4, 5 y 8) y /-écho/ (versos 2, 3, 6 y 7); y dos tercetos con rimas CDC/DCD (versos 9, 11, 13: /-étos/; y versos 10, 12 y 14: /-ávo/). Todos los endecasílabos tienen pausa versal y algunos de ellos son pausados (versos 7, 10) e incluso polipausados (versos 1, 5, 6 y 14), pausas, además, marcadas por signos de puntuación.
Adviértase que el poeta se dirige a quien le encarga el soneto llamándola “reina” (verso 1) y “señora” (verso 10): y ambos vocablos requieren una breve explicación dentro del mundo metafórico petrarquista. Al emplear el vocablo ”reina”, el poeta está convirtiendo a la mujer en soberana de su alma y corazón, y se está sometiendo voluntariamente a su obediencia. Y, de esta manera, ingresamos en el tópico petrarquista de la “donna angelicata”: con su belleza física y espiritual, la mujer se convierte en el puente entre el ser humano y lo divino, por lo que el alma del poeta, a través de ella, puede conducirse por un camino de perfección de naturaleza espiritual. Y en cuanto al vocablo “señora” (”madonna”, en italiano), es una metáfora de sumisión espiritual: como dueña absoluta de los sentimientos del poeta, puede redimirlo a través del amor, o condenarlo al sufrimiento a través del desamor. Sea, pues, “reina” o “señora”, lo cierto es que detrás de estas denominaciones se percibe un cierto neoplatonismo.
Analicemos el soneto estrofa por estrofa, para ir viendo los avances del poeta, de los que siente ufano. Y ya en el primer cuarteto, en cuanto el poeta ha completado con éxito los dos primeros versos, le confiesa a “su reina” que si logra la inspiración en el tercero, llegado al cuarto, habrá pagado la deuda que con ella había contraído, pues le había prometido un cuarteto completo (verso 4: “con otro verso en un cuarteto os pago”).
Entramos en el segundo cuarteto, en el que el poeta insufla ardor guerrero a la ardua tarea de ir avanzando en la construcción del soneto. Y así, en el verso 5 (“¡España”! ¡Santiago!”) emplea una variante de la construcción “Santiago y cierra, España”, que tiene su origen en el bando cristiano, durante la Reconquista: primero, la invocación al apóstol Santiago (el Mayor), al que se atribuyen apariciones milagrosas para ayudar a los ejércitos cristianos (como, por ejemplo, en la batalla de Clavijo, en el año 844), pidiendo su protección; y después, la orden de cerrar filas y acometer al enemigo cuerpo a cuerpo. Y así llega el autor al verso 6, y se da ánimos a sí mismo (la interjección “sus” [¡arriba!] se emplea para infundir coraje repentinamente, excitando a ejecutar algo con vigor, que es, precisamente, lo que significa, en el verso 6, “buen pecho”); porque, alcanzado el verso 7 (“si del sétimo salgo”), ya se está en condiciones de salir airoso del esfuerzo que implica componer un poema, desafiando las leyes de la métrica (versos 7-8: “gran derecho / tengo a salir con vida de este trago”; [trago: infortunio que con dificultad y sufrimiento se padece”]).
En el verso 9, el poeta se siente orgulloso de haber completado los cuartetos: “tener a un cabo” -expresión similar a “llevar a cabo”- significa ”llevar algo a buen término”, finalizarlo. Y el poeta emplea ahora el plural sociativo “tenemos”, pues está compartiendo con la “señora” su aventura poética, y se jacta de lo logrado hasta ese momento, expresándolo por medio de dos efectistas interrogaciones retóricas que conforman el verso 10: “¿Qué me decís, señora? ¿No ando bravo?”. Y dado que la palabra “bravo”, en el Siglo de Oro, podía emplearse como sinónima de “valiente, hábil y audaz”, lo que en esta segunda interrogación retórica hace el poeta es alardear de su propia destreza; si bien, a continuación declara cierta inseguridad al afrontar los tercetos, que considera algo más difíciles que los cuartetos (verso 11: “mas sabe Dios si temo los tercetos”), y que podrían echar a perder el soneto si no se pulen adecuadamente. De hecho, la expresión “sabe Dios” añade una nota de incertidumbre ante su mayor complejidad.
En el último terceto, el poeta manifiesta su su satisfacción (verso 12: “con bien acabo”) por haber finalizado la tarea que se había impuesto: componerle a una mujer el soneto que le ha pedido, tras vencer las dificultades métricas -en cuartetos y terceto precedente- que ello implica; lo cual reconoce en el verso 13, al renunciar expresamente a volver a componer otro soneto, por la complejidad que supone tener que ajustarse a la normativa de esta modalidad poliestrófica: “nunca en toda mi vida más sonetos”. De hecho, la locución adverbial “en toda mi vida”, usada en sentido enfático, refuerza la negación referida al tiempo, expresando con absoluta rotundidad algo que no volverá a suceder. Y, alcanzado el último verso con el que se cierra el poema, el poeta le da gracias a Dios -en actitud de alabanza- por haber podido concluirlo: “ya deste [soneto], gloria a Dios, he visto el cabo [el final]”. Con lo cual, el sufrimiento crerativo puede darse por concluido.
El tono jocoso del soneto se advierte al instante: basta con comprobar la cantidad y calidad de los sonetos escritos por Hurtado de Mendoza. En el siguiente enlace, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nos proporciona 61 de sus sonetos, incluidos los de tono satírico-burlesco: