CARTELERA

"Nino", de Pauline Loquès: ¿Cumpleaños feliz?

NIno
Francisco Nieto | Viernes 26 de junio de 2026

Imagínense entrando en la consulta de un médico para lo que se supone que es un chequeo rutinario y salir con tu vida irrevocablemente cambiada. Este es precisamente el impactante punto de partida de Nino, la ópera prima de Pauline Loquès. Conocemos a Nino Clavel, un joven de veintitantos años, mientras recorre los asépticos pasillos de un hospital. La noticia es desoladora: cáncer de garganta, relacionado con el VPH. La consulta tiene una frialdad escalofriante, casi un error administrativo en el tono, como si el peso de las palabras no se reflejara en la acústica de la sala. El tiempo empieza a correr de inmediato: un tratamiento agresivo, quimioterapia y radioterapia, que debe comenzar en tan solo tres días.



Para colmo de males, Nino descubre que el tratamiento podría dejarlo infértil, lo que lo obliga a tomar una decisión crucial sobre la preservación de esperma durante el fin de semana. En estos primeros instantes, Loquès transforma magistralmente el mundo de Nino, pasando de lo cotidiano a una crisis repentina y profunda, sumergiéndonos en su estado de desorientación. La reacción de Nino ante esta noticia tan impactante no es de histrionismo, sino de un profundo temblor interior. Asimila el diagnóstico con una tranquila timidez, y sus preguntas al médico son timoratas, casi de disculpa. Esta respuesta contenida revela su naturaleza introvertida, la de un hombre que parece procesar la catástrofe refugiándose aún más en sí mismo.

La película capta de manera harto efectiva la sensación de un espíritu que absorbe silenciosamente una onda expansiva. Añadiendo un toque de ironía conmovedora, este fin de semana que le cambia la vida coincide con su vigésimonoveno cumpleaños. Como si el universo quisiera agravar su calvario, Nino descubre que ha perdido las llaves de su apartamento; su conserje, según nos enteramos, ha sufrido un infarto, impidiéndole el acceso. Esta desgracia, aparentemente insignificante, funciona como un ingenioso recurso narrativo, una expulsión tangible de su santuario privado, obligándolo a enfrentarse al mundo justo cuando desearía retirarse. Queda a la deriva, buscando un punto de apoyo mientras el pulso de la ciudad continúa a su alrededor, ajeno en gran medida a su propio torbellino. Esta situación intensifica una tendencia preexistente hacia la soledad, resaltando a un personaje acostumbrado a sentirse solo incluso rodeado de gente.

Lo que sigue es el viaje a regañadientes de Nino por París, una ciudad que no se presenta como un ideal romántico, sino como un espacio de transición y anonimato. Este recorrido, que abarca los tres días previos a su tratamiento, está marcado por una serie de encuentros, cada uno de los cuales representa una posible vía de escape para la inmensa presión que se acumula en su interior; sin embargo, cada interacción subraya su profunda dificultad para expresar su verdad. Su intento de sincerarse con su madre (una sutil Jeanne Balibar) se desvía debido a las preocupaciones de ella y a su intuición de que él podría estar pasando por una etapa de transición, lejos de su verdadero problema; él recurre a alegar depresión, una verdad a medias que se siente como una pesada carga. Una fiesta sorpresa de cumpleaños organizada por su amigo Sofian (William Lebghil) se convierte en otro escenario para su silenciosa actuación de normalidad.

La interpretación de Nino por parte de Théodore Pellerin es el corazón silencioso de la película. Su actuación es una lección magistral de expresión sutil, que transmite un universo de confusión, miedo y esperanza naciente a través de cambios sutiles en su mirada, el ligero temblor en su voz o su porte. Pellerin encarna la timidez y la reflexión de Nino con tal autenticidad que sentimos cada ansiedad tácita. Está presente prácticamente en cada plano, y la película se sustenta firmemente sobre sus capaces hombros, sumergiéndonos profundamente en el mundo interior de Nino. El reparto secundario ofrece un rico tapiz de relaciones que iluminan la difícil situación del protagonista.

En definitiva, una película que tiene la capacidad de guiar suavemente a su protagonista, y al público, hacia una apreciación por la conexión y el valor silencioso que se necesita para afrontar un amanecer incierto.

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