EL RINCÓN DE LA POESÍA

Un soneto sonetil de Rosa Chacel: ¿Quién fue Violante, la musa del “Soneto de repente”, de Lope de Vega?

Rosa Chacel

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Martes 30 de junio de 2026
El poema "Violante" de Rosa Chacel reflexiona sobre la figura misteriosa de Violante, quien encarga a un poeta la creación de un soneto. A través de preguntas, Chacel explora la relación entre la inspiración poética y la realidad, cuestionando si Violante es una musa real o una invención literaria.


Violante
¿Por qué Violante le mandó al poeta
fabricar un soneto, al tan amante,
al tan ardiente vate, al incesante
de amoríos y enredos exegeta?
Y aún más, ¿cómo era ella, fue coqueta,
fue caprichosa o sólo fue Violante
como la pura ley del consonante,
fatal, inmarcesible rima neta?
¿Fue verdadera, como el germen real
que la impensada cópula del hombre
en el SER deposita, viva almendra?
¿Radiante cría fue del inmortal
soneto, circulando por su nombre
la sangre excelsa que la idea engendra?

Rosa Chacel: Homenajes. Poemario inédito,
incluido en Poesía (1931-1991). Barcelona,
Tusquets Editores, 1992.

A Rosa Chacel la conocemos como novelista: autora de obras como Estación. Ida y vuelta (1930), Teresa (1941), Memorias de Leticia Valle (1945), La Sinrazón (1960), y la trilogía Escuela de Platón, compuesta por Barrio de Maravillas (1976), Acrópolis (1984) y Ciencias Naturales (1988); también como ensayista y traductora. Y aunque con menor dedicación cultivó la poesía, ha dejado constancia de ella en dos poemarios: A la orilla de un pozo (1936) y Versos prohibidos (1978), si bien en 1992 se publica Poesía (1931-1991), y ahí figura el inédito Homenajes, que incluye el soneto sonetil “Violante”, en la sección “Sonetos artesanales”. En él, Chacel se pregunta por la misteriosa figura de Violante (del soneto de Lope de Vega “Un soneto me manda hacer Violante”), a la vez que reflexiona sobre aspectos técnicos necesarios para la construcción de un soneto.

El soneto de corte petrarquista es una forma poética que, desde que Juan Boscán y Garcilaso de la Vega la aclimataron a la poesía castellana, se ha venido empleando hasta la actualidad por poetas de muy distinta filiación y para afrontar todo tipo de temas (amorosos, satíricos, filosóficos, políticos…). Y no son pocos los poetas que lo han empleado para componer metapoesía, es decir, que han utilizado el soneto para envolver en sus 14 endecasílabos, rimas consonantes y cuatro estrofas (dos cuartetos y dos tercetos) una reflexión sobre su propia técnica compositiva y las dificultades que trae aparejada. Estamos ante lo que la preceptiva métrica denomina como “soneto sonetil”, que tiene en Lope de Vega su más perfecta plasmación: un soneto que pertenece a su comedia La niña de plata, y en cuyo primer verso “aparece” una tal Violante, que es quien le ha encargado al poeta que componga uno. Y el resultado que Lope de Vega nos entrega es una gran pieza poética que no es producto de la improvisación (aunque popularmente se le conozca como “Soneto de repente”), sino el resultado de un laborioso trabajo apoyado en una sólida técnica y un dominio portentoso de todos los planos y registro del idioma.

Repasemos, para empezar, cómo Chacel sigue el canon clásico del soneto. Son 14 los endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos con rimas consonantes ABBA/ABBA: [A: /-éta/ -versos 1, 4, 5 y 8: “poeta/exegeta/coqueta/neta”-; B: /ánte/ (versos 2, 3, 5 y 6: “amante/incesante/Violante/consonante”]) y en dos tercetos con rimas consonantes CDE/CDE: [C: /-ál/ (versos 9 y 12: “real/inmortal”; D: /-ómbre/: “hombre/nombre), E. /-éndra/ (versos 11 y 14: “almendra/engendra”).

Y en cuanto a la rítmica de los endecasílabos, son heroicos los versos 3, 8, 12 y 13; melódicos, los versos 2, 4 y 11; sáficos, los versos 1, 6, 9 y 14; y los versos 7 y 10 “solo” acentúan en las sílabas 4.ª, 6.ª y 8.ª. Pero hay un endecasílabo, el 5, que contiene 7 acentos, ya que además de en todas las sílabas pares, se acentúa en la primera y tercera, por lo que se produce una doble antirritmia de insospechados efectos expresivos:

Y aún más, ¿cómo éra élla, fué coquéta”.

Son pausados los versos 2, 3, 8, 9, 11 y 12, y polipausado precisamente el verso 5. Y los versos 12 y 13 están encabalgados (“inmortal / soneto”). Hay por lo tanto una estrecha relación entre la rítmica y el comportamiento tonal de los versos.

Y antes de entrar en el estudio de cada estrofa, nos parece conveniente reparar en el léxico excesivamente culto del texto; adjetivos con sufijo /-nte/ (“amante”, “ardiente”, “incesante”, “radiante”); o vocablos como “vate” (poeta), “exgeta” (comentarista), ”inmarcesible” (imperecedera), “neta” (clara), “germen” (semilla), “cópula” (coito), “excelsa” (“eminente, sublime), engendra” (procrea, concibe). Y no parece casual, pues ayuda a imprimirle al poema un cierto tono arcaizante, como si nos trasladáramos al Siglo de Oro y entabláramos un diálogo con el propio Lope de Vega en torno a su soneto encargado por Violante.

El poema está estructurado en torno a cuatro preguntas, una por estrofa. Pero no se trata de interrogaciones apelativas a un interlocutor ausente en confirmación de las propias opiniones. Son más bien preguntas que la poetisa se hace a sí misma y para las que no tiene respuestas, pues la tal Violante sigue siendo una mujer misteriosa, de la que ni siquiera se puede afirmar su existencia real.

Versos 1-4. En el primer cuarteto, Chacel se pregunta por qué Violante “le mandó al poeta / fabricar un soneto” (versos 1-2; “fabricar” en el sentido de inventar algo no material). Pero aprovecha para recordar la apasionada vida sentimental de Lope de Vega y su capacidad para interpretar intrigas amorosas: “amante” (verso 2), “vate ardiente” (verso 3), “exegeta incesante de amoríos y enredos” (versos 3-4, una vez desmontado el hipérbaton). A lo largo del cuarteto se observa la aliteración del fonema /t/, por lo que los versos adquieren un marcado carácter musical, realzado por la rìtmica de los endecasílabos: “¿Por qué Violante le mandó al poeta / fabricar un soneto, al tan amante, / al tan ardiente vate, al incesante / de amoríos y enredos exegeta?”.

Versos 5-8. Ambos cuartetos están unidos por la expresión enfática “Y [conjunción copulativa] aún [adverbio de tiempo con función intensiva] más [marca de cantidad]”, que añade información a lo que se acaba de decir en el primer cuarteto. La poetisa se pregunta si Violante fue mujer “coqueta” y “caprichosa” (versos 5-6). Este tipo de mujer es frecuente en el teatro del Siglo de Oro, capaz de emplear la seducción, el disimulo y el enredo para dar satisfacción a sus deseos, transgrediendo las rígidas normas sociales. Pero le sobreviene la duda de si el nombre Violante lo elige Lope de Vega por imposición de la rima, que requiere la consonancia “-ánte”; porque, de ser así, estaríamos ante una pura artimaña poética (verso 7: “la pura ley del consonante”). Porque, a la hora de componer un soneto, la rima es algo inevitable (verso 8; “fatal”), que garantiza su estabilidad (verso 8: “inmarcesible”), y ”neta” (verso 8, que garantiza su pureza y claridad).

Versos 9-11. Chacel se pregunta si la musa inspiradora del poeta tuvo una existencia real o no pasó de ser una invención poética. Y para formularse esta pregunta, establece una comparación entre la inspiración -que es capaz de crear un personaje como Violante- y la concepción de la vida, a partir de la semilla (“germen”) que el hombre deposita en el SER femenino (la “viva almendra” aludida en el verso 11). Pero este terceto puede tener una honda interpretación filosófica: ¿fue la inspiración la que engendró el proceso creativo que da origen al soneto, o bien sucede al revés: es el propio soneto el que origina el proceso creativo? Planteada la cuestión en términos más genéricos: ¿es la realidad la que inspira al arte, o es el arte el que dota de realidad a cuanto el artífice imagina? Sea como fuere, lo cierto es que Violante quedó inmortalizada por Lope de Vega en su “soneto de repente”.

Versos 12-14. Chacel desarrolla la anterior idea en forma metafórica, y se plantea si la ideación poética es la que pone en marcha el proceso creativo que culmina en el soneto; o bien si es el propio soneto el que aguza la inspiración (verso 14: “la sangre excelsa que la idea engendra”). La poetisa deja abiertas sus preguntas, como si nos invitara a buscar respuestas según nuestros propios criterios.

EPÍLOGO.

De los 30 sonetos que conforman A la orilla de un pozo (1936), hemos elegido para su reproducción el que lleva el mismo título que el libro, editado originalmente por por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez (Colecciòn Héroe), con prólogo de Juan Ramón Jiménez. El soneto está dedicado a su amiga María Zambrano, y en él se reflexiona sobre la complejidad del proceso creativo que recoge la escritura.

A la orilla de un pozo
Una música oscura, temblorosa,
cruzada de relámpagos y trinos,
de maléficos hálitos, divinos,
del negro lirio y de la ebúrnea rosa.
Una página helada, que no osa
copiar la faz de inconciliables sinos.
Un nudo de silencios vespertinos
y una duda en su órbita espinosa.
Sé que se llamó amor. No he olvidado,
tampoco, que seránficas legiones
hacen pasar las hojas de la historia.
Teje tu tela en el laurel dorado,
mientras oyes zumbar los corazones,
y bebe el néctar fiel de tu memoria.

Rosa Chacel: A la orilla de un pozo (1936),
incluido en oesía soy yo. Poetas en español
del siglo XX (1886-1960) (Visor libros, Madrid, 2016.

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