“He tenido un sueño” dijo Luther King en su icónico discurso defendiendo la convivencia entre blancos y negros. Fue un momentazo global. Se hicieron camisetas con la frase en inglés “I have a dream”.
Ya sabes que todo lo que digas en english mola más y las camisetas se vendieron como churros. Casi tanto como las de Che Guevara. Pero ahí quedó todo. A otra cosa, mariposa. No hay que tomase la vida tan a pecho. Como si tú no tuvieras historias de las que ocuparte. En el fondo las grandes causas son convenciones sociales y trámites tediosos que tienes que cumplir. Vivimos de eslóganes, topicazos y consignas. La libertad, la convivencia o la igualdad son conceptos abstractos que tejen los mimbres de nuestra frágil democracia. No sé a quién le he escuchado la gilipollez de tejer mimbres, pero me ha quedado niquelao, tío.
Confieso que no tengo anhelos altruistas ni filantrópicos. Conservo en el ser humano la fe imprescindible para sobrevivir. Mis sueños son bastante vulgares y mi compromiso con la justicia es muy normalito. No presumo de lo que no hago y de lo que no soy. Tampoco me rasgo las vestiduras por las guerras, el hambre en el mundo y las maldades sin fin que provoca el hombre. Ya somos mayorcitos para saber quiénes son los malos de la pelí y en qué jodido mundo vivimos. Soltar discursitos buenistas y soflamas estériles de lo que está pasando en Ceuta es fácil. Lo difícil es vivir allí. No digas que te pones en su lugar. Sería una mentira o una falacia. Nadie puede ponerse en su lugar. Ahora mismo los ceutíes no pueden soñar, porque ni siquiera pueden dormir.