FIRMA INVITADA

Profesor Dr. Emilio Maganto Pavón, un espíritu cervantino con una brillante misión científica, homenaje póstumo a mi queridísimo amigo, magnífico cervantista y ejemplar investigador

Emilio Maganto Pavón

«Solo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida». — Albert Einstein (1879-1955)

«La verdadera investigación de la vida de Cervantes debe realizarse en el archivo y nunca asimilando o interpretando los textos del escritor como una fuente inagotable de sucesos biográficos». — Emilio Maganto Pavón (1943-2026)

Krzysztof Sliwa | Domingo 06 de septiembre de 2026

Es un gran honor y privilegio presentar el legado científico, humanístico e intelectual de mi queridísimo amigo y excelente profesor Emilio Maganto Pavón, de reconocido prestigio como jefe de Sección de Urología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, exprofesor de la insigne Universidad de Alcalá de Henares, prologuista de mi segunda Vida de Miguel de Cervantes Saavedra (Barcelona, Penguin Random House, 2025) y autor de los espléndidos libros sobre el ejemplar soldado aventajado de los invencibles Tercios Viejos españoles Miguel de Cervantes Saavedra, autor del Quijote (1605 y 1615), y sus familiares y amigos, entre ellos: El poeta Pedro Laínez (1538-1584) (Alcalá de Henares, Editorial Universidad de Alcalá, 2021); La partida de bautismo de Miguel de Cervantes y sus detractores (Alcalá de Henares, Editorial Universidad de Alcalá, 2015); La familia Villafranca y Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, Editorial Universidad de Alcalá, 2014); Isabel de Saavedra. Los enigmas en la vida de la hija de Cervantes (Madrid, Editorial Complutense, 2013); y Ana de Villafranca. Amante de Miguel de Cervantes (Madrid, Editorial Complutense, 2011).



Sin atisbo de duda, Emilio, quien descubrió más de 300 documentos cervantinos, es el primer biógrafo cervantino que, tras casi cuatro siglos de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, escribe la primera biografía documentada sobre Ana de Villafranca (a veces llamada Ana Franca, Ana Franca de Rojas o Ana de Villafranca y Rojas), amante del genial autor de las Novelas ejemplares (Madrid, Juan de la Cuesta, 1613), titulada Ana de Villafranca. Amante de Miguel de Cervantes (Madrid, Editorial Complutense, 2011), basada en los diecinueve documentos inéditos de Ana y sus familiares más directos, recopilados de diferentes archivos, que completan su biografía.

Con esto en mente, advierto que, Emilio documenta que, a fines de julio o principios de agosto de 1583, Cervantes tuvo enredos con Ana, de entre dieciocho y diecinueve años, esposa del comerciante Alonso Rodríguez, de Oviedo (de entre cincuenta y cinco y sesenta años), casada entre el 20 de junio de 1579 y el 11 de agosto de 1580, tal vez en la iglesia de San Andrés de Madrid, según la carta de dote de Ana del 11 de agosto. Se desconoce cómo y dónde Alonso conoció a su esposa, de quien tenemos un total de 46 nuevos documentos, y en qué circunstancias Miguel se enamoró de su linda amante madrileña.

De igual modo, Emilio es el primer biógrafo de Isabel de Saavedra, única hija biológica del héroe de Lepanto y Argel, cuyo libro vio la luz bajo el título Isabel de Saavedra. Los enigmas en la vida de la hija de Cervantes (Madrid, Editorial Complutense, 2013), cincuenta y cinco años después de la monumental Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, del extraordinario cervantista Luis Astrana Marín (1889-1959). En esta obra de excelencia, Emilio se ocupa en profundidad de resolver las incógnitas sobre Isabel y sus familiares más íntimos a través de 31 nuevos documentos inéditos y otros 30 más de personajes vinculados a Isabel. Así mismo, Emilio lleva a cabo un estudio pormenorizado de todo el corpus documental existente hasta la fecha sobre la hija de Cervantes, analizándolo detenidamente y eliminando las ideas fantásticas sin base documental de algunos cervantistas.

Huelga destacar que gracias a Emilio disponemos de la partida de bautismo de Isabel, del 9 de abril de 1584, de la parroquia de San Justo y Pastor (asociada a Nuestra Señora de las Maravillas), de Madrid, donde figura como hija de Alonso Rodríguez y de Ana de Villafranca, esta última hija del suplicacionero Juan de Villafranca y de Luisa de Rojas, quienes tuvieron tres hijos más: Luisa, Juan e Isabel. Este testimonio legítimo deja sentado que el padre biológico de Isabel fue Miguel de Cervantes Saavedra, y que esta vino al mundo en la casa de la calle de Toledo, de Cebrián de la Cruz, adquirida el 5 de julio de 1572 por su abuelo materno Juan de Villafranca, fabricante o vendedor de suplicaciones o barquillos, hijo de Juana de Rojas y de Francisco de Villafranca (padrino de un bautismo el 10 de agosto de 1562 en San Lorenzo, bisabuelos maternos de Isabel) y hermano de Francisca de Villafranca (testigo de un bautismo el 25 de mayo de 1502 y esposa del zapatero Juan López de Arrieta).

En efecto, este hallazgo de Emilio desacredita otra fantasía de los cervantófilos sobre el nombre de Isabel, que Maganto Pavón esclareció así:

«A Isabel no se le puso ese nombre por haber nacido el día de Santa Isabel, como afirmaba Astrana, sino que Ana de Villafranca, tal vez, la llamó así en recuerdo de una hermanita suya con el mismo nombre, fallecida en la infancia, y que debió morir poco antes del nacimiento de su hija. La coincidencia de que ambas nacieran en el mismo mes, ya que su hermana Isabel había sido cristianada por Juan López de Hoyos el 8 de abril de 1582 (dos años antes) en la parroquia de San Andrés, hace sospechar que el bautizo se hiciera como memento (en recuerdo) de la niña fallecida imponiéndole idéntico nombre. El inesperado óbito de la pequeña debió ocasionar una grave conmoción familiar en los Villafranca que Ana trató de amortiguar bautizando a la hija de Cervantes con el mismo nombre».

Del mismo modo, este brillante descubrimiento evidencia, inter alia, que Juan de Villafranca fue suplicacionero (barquillero) y no mercader de lanas, error que los cervantistas habían propagado hasta entonces.

Igualmente, Emilio es el primer investigador en la historia del cervantismo que divulga, tras la investigación sistemática de doce archivos, el ejemplar libro La familia Villafranca y Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, Editorial Universidad de Alcalá, 2014), cimentado en 19 documentos cervantinos inéditos, encontrados en el Archivo General de Indias. Dicha obra reúne el corpus histórico-documental de la familia Villafranca, expone meticulosamente los aspectos biográficos de todos sus miembros en relación con los Cervantes, y documenta que Luisa de Rojas y Juan de Villafranca tuvieron dos hijas. Este matrimonio, aparte de Ana de Villafranca (amante de Cervantes y madre de Isabel), concibió a Luisa de Villafranca o de Rojas, esposa del doctor cirujano Francisco Sánchez de Prado, natural de Miguelturra (jurisdicción de Almagro), quien emigró a Guatemala entre 1595 y 1598, y falleció a finales de mayo de 1613 en el Hospital Real de Santiago de Guatemala, fundado el 16 de septiembre de 1541 por el licenciado Francisco Marroquín (1499-1563), primer obispo de Santiago de Guatemala y amigo del fraile dominico Bartolomé de las Casas (1474/84-1566), obispo de Chiapas y protector universal de los indios en las Indias hispánicas.

A continuación, cabe hacer hincapié en que Emilio es el primer investigador cervantino que dedica su pluma de excelencia a la partida de bautismo del autor de La Galatea (Alcalá de Henares, Juan Gracián, 1585) en su obra La partida de bautismo de Miguel de Cervantes y sus detractores (Alcalá de Henares, Editorial Universidad de Alcalá, 2015). En ella lleva a cabo una revisión histórica de todos los autores y obras publicadas hasta ahora que han intentado deslegitimar el acta alcalaína, efectuando un examen exhaustivo de los alegatos de los detractores, en particular, los de tipo paleográfico.

El magnífico estudio histórico de Emilio discute y rebate plenamente sus tesis, reforzado por la exposición de nuevos argumentos de tipo iconográfico y paleográfico comparativos. Concluye con firmeza que los alegatos para desacreditar el acta alcalaína apenas han variado durante los dos últimos siglos. Análogamente, pone de manifiesto la pobreza argumental de sus oponentes y sostiene que nadie, hasta hoy, ha sido capaz de probar lo contrario con nuevos testimonios, aseverando que la legitimidad de la partida de bautismo de Miguel de Cervantes en «Alcalá del Burgo», continuará sin poder ser discutida.

Más aún, Emilio es el primer biógrafo cervantino que, setenta años después de la publicación de Obras de Pedro Layenz (Madrid, Jura, 1951), del historiador Joaquín de Entrambasaguas y Peña (1904-1995), escribe una nueva biografía íntegra y actualiza la obra poética de Pedro, la cual no había vuelto a despertar la atención de los biógrafos cervantinos ni el interés de la crítica pese a ser el «más antiguo y verdadero amigo de Miguel de Cervantes y uno de sus maestros en Poesía».

En vista de ello, Emilio compone su magnífico libro sobre el poeta Pedro Laínez (1538-1584), camarero del príncipe don Carlos de Austria (1545-1568) y de don Juan de Austria (1545-1578), titulado: El poeta Pedro Laínez (1538-1584): Actualización de su vida y obra en el contexto histórico y literario de Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, Editorial Universidad de Alcalá, 2021), fundamentado en 63 nuevos documentos sobre Pedro y sus familiares, 9 poemas redescubiertos y 4 firmas autógrafas del «extremo de discreción y sabiduría» Pedro, esposo de la mozárabe Juana Gaitán, de Esquivias, todos localizados en tres archivos.

Todo este material va reunido en un apéndice al final del libro junto a toda su obra difundida. En la obra, fruto de un concienzudo trabajo de investigación durante cinco años, se dan a conocer nuevas consideraciones y perspectivas sobre la amistad entre Laínez y Cervantes desde que se conocieron en Complutum, luego en la corte madrileña y durante su viaje a Italia. Se fija la atención en su relación y en las desavenencias que pudo haber entre ambos en la época en la que se gestó y redactó La Galatea, un desacuerdo que todavía estaría por dilucidar.

Emilio comprueba, apoyándose en los testimonios y las obras de Cervantes y Laínez, que no existe ni un dato jurídico que justifique la teoría errónea de los eruditos de que Pedro fue quien introdujo a Miguel en palacio; discute, basándose en la falta de documentación fehaciente, directa e indirecta, la especulación de los investigadores sobre la asistencia de Cervantes (un incipiente poeta sin linaje) a las academias literarias en la alcobilla de don Carlos; afianza que Pedro conoció perfectamente la poesía del toledano Garcilaso de la Vega (1491-1536), y afirma que Pedro, tras la vuelta de Italia, fue conocido en los ambientes literarios como «Tirsi». Añádase a esto, que Emilo pone en claro que los biógrafos del «prudente» Pedro describen una imagen suya que no corresponde con la realidad, ofrece nuevas ideas sobre la dedicatoria del Cancionero y la censura de La Galatea (1585), y pone de relieve que Laínez y Cervantes acabaron mal su amistad por discordancias con sus nombres arcádicos en La Galatea.

De igual forma, subrayo que el magnífico médico urólogo Emilio es el primer investigador que, 406 años después del óbito de Cervantes, descubrió el acta de la ceremonia de velaciones de Miguel y Catalina, celebrada en la iglesia de San Martín, difundida en su espléndido artículo: «El acta parroquial de la ceremonia de velaciones de Miguel de Cervantes y Catalina de Salazar. Contrayentes y participantes dentro de su contexto histórico. Nuevo estudio retrospectivo y reevaluación de este importante documento cervantino», e_Humanista, 34 (2016), pp. 325-358.

Gracias al análisis profundo de la partida de velaciones —ante todo, de los compañeros militares y amigos de Cervantes, enlazados con las expediciones militares y con el Nuevo Continente—, por primera vez tomó un nuevo cariz la investigación sobre la bibliografía y la biografía del genio universal.

La nueva prueba documental fiable revela que los padrinos de velación fueron Pedro de Lodeña y Magdalena, hermana de Miguel, cuyas obligaciones no eran solo velar a los nuevos esposos, sino también apoyarlos espiritualmente. Los testigos que asistieron a la celebración eran todos amigos muy poderosos de Cervantes: Juan Delgado, amigo de Argel; el militar Cristóbal de Peña (y Chaves), encomendero en el Perú e hijo de Jerónima de Chaves y del capitán Cristóbal de Peña (quien sirvió en las guerras de Alemania, en la batalla de Pavía, el 24 de febrero de 1525, y en la pacificación de las provincias de Venezuela, ayudando al marqués Francisco Pizarro en la conquista de estas); el capitán y poeta sevillano Pedro de Montes de Oca (?-1609), natural de Moguer (Huelva), corregidor de Huánuco, El Indiano, elogiado en La Galatea como «un nuevo Homero» y en el Viaje del Parnaso así:

«Desde el indio apartado del remoto mundo,

llegó mi amigo Montesdeoca,

y el que anudó de Arauco el nudo roto»,

quien dejó la familia en Chile y con su hermano, el capitán Francisco de Montes de Oca, sirvió en el tercio del maestre de campo Bartolomé Pérez de Zumelo, de Zamora, durante la rebelión de las Alpujarras; Pedro de Lodeña, que sirvió en la guerra de las Alpujarras, fue gobernador y capitán general de Cartagena de Indias (1586-1593) y luego corregidor de la villa de Potosí (1602-1607); el alférez Rodrigo, hermano de Miguel; y el madrileño Francisco de Laguna, portero de cámara real. Igualmente, se demuestra que Cervantes perteneció a la feligresía de la iglesia de San Martín. Este extraordinario descubrimiento de Maganto Pavón destierra todas las fantasías de los cervantófilos.

Aparte de esto, agrego que hasta el momento se ha dejado en el tintero la amistad de Miguel con el otro gobernador de Cartagena de Indias (1593-1601), cuyo nombramiento tuvo lugar el 26 de octubre de 1592 y quien construyó un cinturón de murallas y defensas bajo los planes del ingeniero militar italiano Bautista Antonelli (1547-1616): el maestre de campo Pedro Bravo de Acuña (?-1606), caballero de la Orden de San Juan, muy buen amigo del exgobernador Lodeña y de Cervantes, con quien tomó parte en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, donde fue herido e internado en el hospital de Mesina.

A buen seguro, desde el fondo de mi corazón agradezco al distinguido profesor Mariano Pérez Albacete y al distinguido profesor Ignacio Otero Tejero, de la Asociación Española de Urología, por haber rendido este homenaje de admiración, gratitud y reconocimiento al excelente cervantista y ejemplar investigador Emilio Maganto Pavón, gran médico y uno de nuestros ilustres cervantistas universales, quien sabía ir hasta la raíz de las cosas y llevar a cabo una investigación fundamental de calidad inconmensurable, de la cual surgen resultados aplicables y valiosos.

Igualmente, doy las infinitas gracias al benemérito historiador Emilio Maganto Pavón, genuino cervantista al cien por cien, por su amistad intachable y su colaboración íntegra. Con toda seguridad lo ensalzo como un célebre cervantista, cuya investigación impecable merece el agradecimiento y reconocimiento de los cervantistas, ya que su indiscutible influencia como investigador, profesor y médico es incalculable dentro y fuera de las fronteras del cervantismo.

Con toda certeza, la rigurosa, ejemplar y excelente investigación científica de nuestro querido Emilio, amante de la investigación honesta, sagaz y seria, documenta que todavía quedan muchos documentos cervantinos por descubrir.

Por cierto, toda su labor investigativa suponía horas y horas de trabajo; y no hay duda de que Emilio, un espíritu cervantino de carne y hueso, por excelencia, con una genial misión científica y un brillante cervantista de los mejores de los siglos XX y XXI, deja un magnífico legado cervantófilo que perdurará inseparablemente en la historia del cervantismo científico, ya que sus nuevos hallazgos de primerísima calidad tienen una aplicación imprescindible en la biografía documentada del «Príncipe de las Letras». Espero que su querida hija Ana continúe la noble tarea cervantina de su amado padre Emilio.

Descanse en paz.

«Laus in Excelsis Deo»,
Krzysztof Sliwa

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