LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“MARICARMEN Y SUS MUÑECOS”

Joven frente a edificio en ruinas con carteles de desalojo, sostiene carta mientras vecinos observan desde balcones. Imagen generada con IA de OpenAI (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 10 de octubre de 2026

Septiembre de 2018. Pedro Sánchez inaugura su primer mandato visitando la Asamblea General de la ONU. Al paso y de la mano de George Soros, el gran especulador global, se reúne con los Ceos de los fondos de inversión más poderosos del planeta, incluido el archivillano Blackstone. Los anima a invertir en España, particularmente en su mercado inmobiliario. Septiembre de 2026, el mismo personaje en el mismo escenario clama contra esos fondos buitre a cuenta del desahucio de una anciana en Madrid. ¿Qué lo hizo posible? Una Ley de Vivienda promulgada por un gobierno socialista, el de Felipe González.



No hace falta recurrir a Pitágoras para calcular la hipotenusa de este triángulo en cuyo epicentro se dibuja el caso Maricarmen. Lo resolvió ella al ser preguntada por una periodista: “¿A quién responsabilizas de lo que te está pasando?”. Respuesta: “A Pedro Sánchez”. El mismo que había recibido una carta de su puño y letra, no tuvo la cortesía ni de acusar su recibo. El mismo que ahora dice sentir su muerte como propia, mientras sigue atizando la discordia convirtiéndola en el eje de unas elecciones anticipadas. Por si fuera poco, con una huelga general convocada no contra su Gobierno -lo propio de cualquier democracia-, sino contra la Oposición -lo propio de las autocracias tropicales, o directamente bananeras-.

Tras ocho años de inacción, para el señor Sánchez, así como lo de Ceuta “es cosa de Vivas”, lo de Madrid “es cosa de Ayuso”. Y lo de España, en todo lo que afecta a la vivienda, de ese Parlamento, sede de la soberanía nacional, que, a su juicio, “no se parece a la calle”. ¿A qué calle? Naturalmente, a aquella por la que pasea su fina estampa: el búnker de la Moncloa.

La sobrexposición política y mediática pudo con Maricarmen. Otra tragedia humanitaria como la de Ceuta, cuya responsabilidad no le alcanza, salvo para instrumentalizarla.

Politizar la desesperación, crear un relato con una mártir visible y miles en la sombra, pervertir la política en pura demagogia, forzar lo emocional en despecho de toda evidencia. El guerracivilismo ambiente y su nueva versión de la guerra híbrida: todo vale si moviliza a un electorado de moral bipolar y memoria frágil.

Sigamos con la hemeroteca: 2015, Sánchez, entonces en la Oposición, promete solemnemente que acabará con los desahucios. Desde que llegó a Moncloa se han perpetrado 265.000, uno tras otro. Dos mil menos si los comparamos con las 267.000 viviendas prometidas en 2023. Desde entonces el parque público no alcanza las 30.000 construidas. Por más que la responsabilidad sea compartida -Gobierno central y comunidades autónomas-, los números cantan: Sánchez es el presidente que memos vivienda pública ha construido durante sus dos mandatos.

Sigamos con los desahucios. ¿Cuántos en Madrid en 2025? 2.119. ¿Cuántos en la Cataluña de Salvador Illa y Ada Colau? Tres veces más, 6.127. Ningún problema: los que alardean de sus políticas aritméticas no saben sumar. Es así, mediante un prodigio de ventriloquia inversa, como a Maricarmen le han crecido los muñecos en la Puerta del Sol. 

Entre los “indignados” en el nuevo retablo de Maese Pedro -hay que reírse- el otro Pedro, Almodóvar, cuyo patrimonio inmobiliario roza los diez millones de euros, y cuya spin off habitacional -El Deseo Inversiones- ha multiplicado sus ingresos por nueve en los últimos tres años. Naturalmente, viviendas, las suyas, destinadas al alquiler social. ¿Por qué no lo suben a sus pancartas las sans-culottes del Sindicato de Inquilinas, tan idóneas para protagonizar una relectura de sus Mujeres al borde un ataque de nervios?

Detrás, un drama transversal en forma de pinza bigeneracional: jóvenes que no pueden acceder a una vivienda y ancianos desahuciados porque no pueden pagarla. ¿A los fondos buitre? También, pero sobre todo a pequeños propietarios -el 90%- convertidos en el nuevo chivo expiatorio.

Hacer política no es sólo hablar, luego hay que construir. ¿Pero a quien le importa construir nada en este país? A los muñecos del guiñol les basta con tener un buen garrote. Aunque no hagan otra cosa que repartir palos de ciego.

 

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