ESCENARIOS

PACTOS Y PROMESAS

Pactos y promesas (Foto: cortesía de Roger Álvarez).

¡Quién iba a pensar!

Alberto Morate | Domingo 18 de octubre de 2026

Los Teatros Luchana acogen el estreno de Pactos y promesas, la última propuesta escrita y dirigida por Luis Flor.



En una sociedad cada vez más crispada y repleta de desmanes, atentados, accidentes y un vaivén constante de hechos luctuosos, el teatro se alza como el último bastión de resistencia humana. Luis Flor teje una dramaturgia que abraza los problemas sociales contemporáneos desde la cotidianidad más absoluta, demostrando que, frente a la tensión y la realidad de la impotencia, todavía nos queda el humor como salvavidas.

La dirección de Luis Flor destaca por una sensibilidad extraordinaria a la hora de coreografiar la intimidad y el desamparo. Con una puesta en escena que transita por un parque, un pueblo o esas calles vacías que parecen reflejar el vacío interior de nuestro tiempo, el director logra plasmar la falta de fuerzas para asir la vida de una ciudadanía cansada. Su mano firme, pero invisible consigue que el público comparta la necesidad del contacto y la urgencia de contarnos lo que nos pasa en este mundo apresurado, indispuesto y tan poco amable.

En el centro del escenario, el epicentro de la resistencia emocional es ese bendito sofá donde la presencia de más de una persona ahuyenta la soledad. A su alrededor se despliega el formidable trabajo actoral de un elenco en estado de gracia:

María Garralón dota a su personaje de una ternura conmovedora y descarnada. Su interpretación maneja con maestría la invocación de tiempos pretéritos, dejando claro que, aunque se miren con nostalgia, cualquier tiempo pasado no fue mejor. Su personaje encuentra el refugio y el conformismo imperante en la evasión de las telenovelas o de la televisión en general, quizá para no pensar.

Roger Álvarez ofrece una réplica portentosa como el pesimista recalcitrante del grupo. Sostiene sobre sus hombros el peso de la memoria y la crudeza de esa negritud ante la posibilidad de la muerte sin avisar, o avisando con la implacable certeza que se llega al alcanzar la senectud. Encarna a un cantautor que ve la muerte cercana, aunque en realidad lo que sus ojos ven es su propia soledad, por muy digna que esta sea. Roger Álvarez brilla al reflejar cómo el ser humano tiende a confundir la tranquilidad con el acomodo y el sosiego con la tristeza, encarnando de forma magistral esa peligrosa pérdida de la energía necesaria y la dura realidad de lo que hay que hacer para salir adelante.

Néstor Rubio completa el trío con una presencia escénica vibrante que actúa como el contrapunto perfecto. Da vida a un joven marroquí que busca su oportunidad en un territorio y una religión que no son las suyas. Su personaje es un admirador inquebrantable de Bruce Lee, un luchador incansable frente a la fatalidad y a las circunstancias inesperadas que no se rinde ante las hostilidades del entorno.

«Nunca estará bien hecho el mundo humano», escribió Jorge Guillén, y esta obra parece un eco de dicho verso. Sin embargo, el mayor triunfo de Pactos y promesas no es retratar la miseria, sino la exaltación de la amistad y la compañía. La química y generosidad de los tres actores en escena eleva la obra hacia una bellísima celebración de los instantes pequeños. A pesar de las malas circunstancias del entorno, el montaje acrecienta y fortalece la creencia en el ser humano a través de los detalles diarios y las relaciones personales.

Ese viaje emocional culmina de forma magistral en su desenlace. El broche de oro lo pone esa canción final cuyo estribillo resuena en el patio de butacas como una revelación y un abrazo: "quién iba a pensar que íbamos a querernos tanto tanto". Es la síntesis perfecta de la obra: descubrir que, por fortuna, al final del día, o de la vida, aún nos quedan ganas de reír de vez en cuando y, sobre todo, que el afecto compartido es la única tabla de salvación en esta maravillosa y caótica vida cotidiana. Un sentimiento necesario que sana el alma.

INFORMACIÓN

PACTOS Y PROMESAS

Texto y dirección: Luis Flor

Reparto: María Garralón, Roger Álvarez y Néstor Rubio

Espacio escénico: Teatros Luchana

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