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Con la realidad virtual, los simuladores de vuelo entran en el futuro

Simulador de vuelo con realidad virtual
Francisco Jiménez de Cisneros | Domingo 26 de julio de 2020

Cuando un pasajero de avión se sienta cómodamente en su butaca no es capaz de imaginar el trabajo que hay detrás para que todo funcione a la perfección en un avión. La mecánica en un avión es importante, pero tanto o más son los responsables de que todo esté correctamente dentro de la cabina de un avión. El papel de los pilotos es importantísimo, de ahí que su preparación sea cada día más exigente.



Al comienzo de los inicios de la aviación, el piloto aprendía volando. Cuantas más horas de vuelo había realizado, más y mejor era valorado. La experiencia en un trabajo tan crucial era determinante para que fuese o no contratado por una aerolínea. De hecho, los primeros astronautas fueron seleccionados por su experiencia de vuelo en aviones, sobre todo si habían servido en las Fuerzas Aéreas de la Segunda Guerra Mundial. Con la complejidad de los sistemas de navegación, se tuvo que idear un aparato para que los pilotos pudiesen conocer el manejo de los aviones antes de que tuviesen que sentarse a los mandos de un avión.

Fue el ingeniero Curtiss-Wright en 1948 el primero que ideó y puso en práctica un simulador de vuelo para la Pan American. Desde ese momento, los pilotos no tendrían que comenzar su carrera a los mandos de un avión sino a los mandos de un simulador lo que aceleraría su formación y experiencia. Además, permite una correcta evaluación para todo tipo de piloto, tanto militar como comercial. La nueva tecnología de la Realidad Virtual está consiguiendo que la preparación de los futuros pilotos mejore ostensiblemente. Muchos creen que la profundidad de campo y el realismo que aporta esta nueva tecnología están haciendo que mejore la preparación de los profesionales, en estos malos momentos que la pandemia del Covid-19 ha hecho que hayan bajado el número de vuelos, sobre todo intercontinentales.

Desgraciadamente, hay poca literatura interesante que trate los temas de la aviación, lo mismo ocurre con la cinematografía. Si bien hay muchas películas sobre los desastres aéreos que se han producido. La saga “Aeropuerto”, de Arthur Hailey, tuvo un apoteósico éxito de ventas y tal fue así que Hollywood decidió hacer una superproducción que continuaría hasta agotar el tema. Ese cine de catástrofes no hace ningún bien a la aeronáutica, evidentemente. Como ejemplo podemos decir que el libro “Cómo hundir su empresa”, de Bruce Nash, ponía el ejemplo de una aerolínea que quebró porque ponía películas de catástrofes aéreas a su pasaje. Desde luego, una pésima decisión.

Uno de los escritores más famosos del siglo pasado, Antoine de Saint-Exupéry, autor de “El principito”, fue piloto. Estuvo años llevando sacas de correo por todo el norte de África y en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial se alistó a las fuerzas aéreas francesas. Su experiencia la relata en los libros “Vuelo nocturno”, publicado en 1931 y “Piloto de guerra”, de 1942, en esta última novela cuenta su experiencia en los primeros años de la guerra. Lamentablemente, sobrevolando el Mediterráneo en 1944 en una misión de reconocimiento fotográfico, el escritor francés se perdió en los confines del mar y no se llegó nunca a encontrar su cuerpo.

En España, hay pocos autores que hayan tratado el tema de la aviación, el más conocido es el prestigioso autor gallego Francisco Narla, con una dilatada carrera como piloto comercial. Su libro “Caja Negra” es un portentoso thriller que se publicó hace una década y relata una tragedia sucedida en los Alpes franceses por un avión comercial. Otro escritor, Edwin Winkels, holandés de origen, pero residente en España desde hace más de tres décadas, publicó el libro “El último vuelo” sobre un poca conocida tragedia aérea sucedida el 4 de diciembre de 1958 en la sierra del Guadarrama, cuando el avión comenzaba las maniobras para el acercamiento al aeropuerto de Barajas.

A veces nos asombramos de la imaginación humana, de lo que es la ficción, de lo que creemos que solo pasa en los libros. Esas historias las leemos sin preocupación alguna, tras la protección de las páginas de un libro. Lo malo es cuando la propia realidad supera a la ficción. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con los nuevos simuladores de vuelo. La ficción nunca llegó a imaginar lo que está sucediendo en la actualidad.

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