LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“HELIÓFILOS Y HELIÓFOBOS”

Tennesse Williams siempre fumando
Álvaro Bermejo | Martes 16 de agosto de 2022
Has aparecido, perfecto en el horizonte del cielo, oh, viviente Atón. Ahora entiendo por qué los egipcios descrismaron a Akenatón: componer un himno a Atón, lo que vale por decir al sol, con la que está cayendo. Toda Europa bajo la canícula asfixiante, aplastante, obsesiva en cada conversación, en cada pantalla. El sol como emisario apocalíptico, signo de los tiempos. Al galope de los cuatro jinetes del cambio climático, la factura de los aires acondicionados, los incendios que no cesan, los pantanos que se secan, el agua como un bien escaso, no hay suficiente hielo para el próximo gin-tonic.


El calor es un atributo del infierno. Ya lo decía Tennesse Williams, con su manía de culpar al calor del estallido de todas las pasiones. Por el calor como escuela de sudor hace lo que hace Marlon Brando en ‘Un tranvía llamado deseo’. No en vano el verano es la estación que convirtió en asesino al personaje de Camus. El calor como apóstol de ‘La peste’ en Argel. Un láser que se infiltra en la vida de la gente, a la manera de un virus.

Así de contradictorio es el ser humano. Nace heliófilo, pues en todas las culturas primigenias se rinde culto al sol. Pero a medida que envejece se va haciendo heliófobo. ¿Estará sucediendo con nuestra civilización? No somos conscientes de la relevancia histórica de nuestra adicción al sol. Entre los incas el altar del Intihuatana, como el Chac-Mool azteca, comportaba un rito sacrificial. Nosotros nos tendemos sobre la parrilla de arena más o menos como el Cristo en el monte Tabor -un seis de agosto- esperando la transfiguración.

Hasta mediados del pasado siglo nadie se desnudaba en una playa. Hoy lo hacemos a nuestra esquizofrénica manera. Tendidos, ciframos en el calor el sumo bien. Una vez en pie saltan todas las alarmas. Nuestra imagen comienza a parecerse a esas tablas de los primitivos flamencos en las que el Juicio Final se representaba como una muchedumbre desnuda. Tanto más saturada esa playa infernal, tanto más se codicia. Tanto más nos abrasa el calor, tanto más lo elegimos como destino vacacional.

La evolución de la mirada es hija de la del espíritu: así nos mostramos, así nos vemos. La marabunta impúdica de los cuerpos gloriosos, normativos o no, la gran batea de mejillones y turistas. Heliófilos desnudos, heliófobos vestidos. Siempre amigos de la inmolación colectiva. Según una vieja leyenda china, el sabio Li-Po se limitaba a sonreír cuando le preguntaban por qué se había retirado a las montañas azules.

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