LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“EXTRACCIONES SIN ANESTESIA”

Mapa del mundo dividido en EE.UU., Rusia y China, con símbolos icónicos (Foto: Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 17 de enero de 2026

Lo vaticinamos la semana pasada, en nuestro primer “Imprescindible” del año: El rabelesiano “Reír o perecer”, sería la pauta para 2026. Verdaderamente, sólo desde ese registro tragicómico se pueden entender las primeras palabras de Maduro tras ser “extraído” por Donald Trump, nada más pisar el suelo de su prisión norteamericana: “Good Night, and Happy New Year”. Hilarante. Casi tanto como el argumentario de Trump. Dos días antes se trataba de apresar a un peligroso narcotraficante, un dictador conculcador de libertades. Al día siguiente, la libertad podía seguir esperando. La verdadera razón de la “extracción” era extraer el crudo venezolano, a disposición de las petroleras norteamericanas. Y punto.



Bien, aparquemos la farsa. ¿Qué hay detrás? Una película que comenzó a filmarse en agosto y en Alaska -tan cerca de Groenlandia- con el acuerdo Trump-Putin. ¿Qué sancionaba? Algo que también avanzamos en estas páginas desde su inicio: Europa iba a perder y ha perdido la guerra de Ucrania, como la guerra no ha sido más que una herramienta de negociación -un cementerio armado financiado por la UE- entre Washington y Moscú. ¿Qué suscribe la inminente capitulación de Occidente en Ucrania? Algo tan evidente como las ambiciones del césar sobre Groenlandia: el regreso de la verdadera política, la cruda y desnuda. La despiadada realpolitik.

No tiene nada de nuevo. La ejercieron cancilleres de hierro como Bismark o Metternich. También maquiavélicos leones británicos, antes de que América se inventara la doctrina Monroe. “Mi país no tiene aliados permanentes, sino intereses permanentes”. Bien podrían suscribir esta frase Nixon o Kissinger, pero es de lord Palmerston, el bulldog de la reina Victoria.

Así como entonces, vuelven los viejos imperialismos globales. Donde antes el mundo se lo repartían Francia, Inglaterra y Alemania, de hoy en adelante se lo repartirán tres enormes bloques geoeconómicos y geoestratégicos: EE.UU., Rusia y China. Se acabó el orden internacional liberal. No sólo la Unión Europa y su teatro de marionetas, hasta la ONU y sus resoluciones es ya una institución tan irrelevante como las cumbres climáticas o los pronunciamientos del FMI.

Con su golpe de mano sobre Venezuela, Trump torpedea la expansión rusa y china en América. ¿Cómo? Depreciando sus empresas petroleras públicas y privadas al abaratar el precio del crudo a la fuerza. Un duro golpe para sus finanzas, tanto como para las inversiones de ambas potencias en el Caribe. Quedamos nosotros y nuestra isla de hielo. Teóricamente pertenece a Dinamarca, pero olvidamos que fue la propia Groenlandia quien eligió salir de la UE, mediante referéndum, en 1983. Treinta años después de que suscribiera tratados con EE.UU. a favor de la instalación de bases militares en su suelo. Muy probablemente, será la política a seguir por parte de Washington: palo y zanahoria. Más ocupación, a cambio de más millones de dólares -para los groenlandeses-, y menos aranceles -para los europeos-. Y veremos a nuestros calderonianos mandatarios, los que hoy se rasgan las vestiduras ante la amenaza americana, celebrarlo con un brindis, si acaso de vodka ruso con hielo, genuinamente ártico. Tan patéticamente irrisorio como todo lo previo. ¿Llegará el día en que Europa cambiará su divisa por la de Rabelais –“Rire ou périr, il faut choisir” -reír o perecer, hay que elegir-?

La elección la hicimos hace mucho tiempo. Estas son las consecuencias. Si en Venezuela la palabra clave ha sido extracción -la de Maduro y la del crudo venezolano-, el regreso de la nueva, y tan vieja “diplomacia de las cañoneras”, nos recuerda que, a partir de ahora las extracciones serán sin anestesia.

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