EL RINCÓN DE LA POESÍA

Una lectura de romances históricos de carácter fronterizo, II

Flor nueva de romances viejos

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Domingo 18 de enero de 2026

Los romances fronterizos narran escaramuzas guerreras entre musulmanes y cristianos en las últimas etapas de la reconquista. De entre este grupo de abundantes romances reproducimos tres: Romance del rey moro que perdió Alhama, “Romance de Abenábar y el rey don Juan” y ¿Cuál será aquel caballero…?



En el “Romance del rey moro que perdió Alama” encontramos los lamentos y la desorientación entre los mahometanos por la pérdida de Alama en 1482, la cual hacía presagiar una pronta caída de todo el enclave granadino. El tono de conmiseración hacia el viejo enemigo musulmán hace que el narrador adopte el punto de vista de los árabes. El ritmo cuaternario del romance permite distribuir su contenido en cuartetas asonantadas (rima en los versos pares /á-a/) -que eran cantadas-, de forma que el estribillo que se reitera al término de cada una de ellas -y que actúa como un verso de pie quebrado- alcanza un mayor relieve significativo.

Romance del rey moro que perdió Alama
Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarrambla.
¡Ay de mi Alhama! [5]
Cartas le fueron venidas
que Alhama era ganada;
las cartas echó en el fuego
y al mensajero matara.
¡Ay de mi Alhama! [10]
Descabalga de una mula
y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
¡Ay de mi Alhama! [15]
Como en el Alhambra estuvo
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
¡Ay de mi Alhama! [20]
Y que las cajas de guerra
apriesa toquen alarma,
porque lo oigan sus moros,
los de la Vega y Granada.
¡Ay de mi Alhama! [25]
Los moros, que el son oyeron,
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos
juntado se ha gran batalla.
¡Ay de mi Alhama! [30]
Allí habló un moro viejo,
de esta manera hablara:
-¿Para qué nos llamas, rey?
¿Para qué es esta llamada?
¡Ay de mi Alhama! [35]
-Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada,
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
¡Ay de mi Alhama! [40]
Allí fabló un alfaquí
de barba crecida y cana:
-Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara.
¡Ay de mi Alhama! [45]
Mataste los Bencerrajes,
que eran la flor de Granada;
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada.
¡Ay de mi Alhama! [50]
Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.
¡Ay de mi Alhama! [55]

Apoyo léxico y comentarios. Versos 1-2: “Paseábase el rey moro / por la ciudad de Granada”. Alusión al padre de Boabdil, Muley Hazán. Verso 3. “Puerta de Elvira”. Fue la puerta de mayor importancia de acceso a Granada.

Verso 4. “[Puerta] de Vivarrambla”. Otra de las principales puertas de DE ACCESO A Granada durante la Edad Media.

https://legadonazari.blogspot.com/2013/04/puerta-de-bibarrambla.html

Verso 9. “y al mensajero matara”. La muerte del mensajero, para que no pueda repetir a nadie más el mensaje, es frecuente en relatos de carácter tradicional. [En la actualidad, la locución verbal “matar al mensajero” significa “castigar a alguien que simplemente transmite una información o noticia de algo, sin tener ninguna responsabilidad en ello”]. Verso 12. “y en un caballo cabalga”. Ir a caballo es sinónimo de actitud beligerante; mientras que la mula es animal de transporte pacífico. Verso 13. Zacatín. Calle donde se venden ropas. Versos 18-19. “que se toquen sus trompetas, / sus añafiles de plata”. Los añafiles son trompetas derechas y sin vueltas, usadas por los árabes. Las del rey eran de plata. Verso 21. “y que las cajas de guerra”. Las cajas son los tambores. [La actual locución verbal coloquial “despedir a alguien con cajas destempladas” significa despedirlo de alguna parte con gran aspereza o enojo”]. Verso 27. “que al sangriento Marte llama”. Marte es el dios de la guerra entre los romanos. “Llamar a Marte” es, por tanto, una metonimia culta, artificio que no guarda coherencia estilística con el resto del poema. Sin duda es detalle añadido a la redacción primitiva por algún poeta erudito. Verso 29. “juntado se ha gran batalla”. Se ha reunido un gran ejército. Verso 41. “Allí fabló un alfaquí”. Tomó la palabra un hombre sabio, conocedor de las leyes musulmanas. Verso 46. “Mataste los Bencerrajes”. Los Abencerrajes, una de las familias principales del reino musulmán de Granada del siglo XV, rival de los zegríes. Verso 48. “cogiste los tornadizos”. Denominación aplicada a los judíos conversos, que han renegado de su religión por conveniencias políticas. en este caso, los judíos.

El romance narra, en efecto, la pérdida de Alhama, que los cristianos han arrebatado a los musulmanes. Cuando el rey de Granada recibe la noticia (la distancia entre Alhama y Granada no llega a los 60 km), llama a su pueblo para ponerlo en pie de guerra. Y cuando intenta averiguar qué es lo que ha sucedido, un alfaquí le hace al rey responsable, por haber masacrado a los Abencerrajes; más aún, le advierte de que merecería perder también el reino de Granada.

Análisis del poema a cargo de Isaac González.

http://lylenpdb.blogspot.com.es/2009/11/comentario-de-texto-el-rey-moro-que.html

Algunas versiones musicales.

Luys de Narváez.

Eduardo Paniagua & Música Antigua.

Bolero flamenco de Fernando Barros Lirola. Composición del romance de la perdida de Alhama. Adaptación a ritmo de tangos y seducción melódica impuesta por los versos romanceados.

Joaquín Díaz.

Paco Ibáñez.

Begoña Olavide.

Del disco “HADIT. Por las dos caras”, (1987).

**********

El “Romance de Abenábar y el rey don Juan” se sitúa en la época del reinado de Juan II, y en el año 1431. Un príncipe árabe llamado Abenalmao ofreció sus servicios al rey Juan II para obtener, una vez conquistada por los cristianos, el gobierno de Granada. La La ciudad se rinde y Abenalmao es reconocido rey en ella. “El romance tiene evidente inspiración morisca. Los poetas árabes llaman frecuentemente «esposo» de una región al señor de ella, y de aquí el romance tomó su imagen de la ciudad vista como una novia a cuya mano aspira el sitiador. Esta imagen no se halla en ninguna literatura medieval sino en la castellana”.

Romance de Abenámar y el rey don Juan
-“Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había:
estaba la mar en calma, [5]
la luna estaba crecida.
Moro que en tal signo nace,
no debe decir mentira.”
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía: [10]
-“No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho [15]
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía.
Por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría”. [20]
-“Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquellos?;
altos son y relucían”.
-“El Alhambra era, señor, [25]
y la otra la mezquita;
los otros los Alijares,
labrados a maravilla:
el moro que los labraba
cien doblas ganaba al día, [30]
y el día que no los labra
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, [35]
castillo de gran valía”.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
-“Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría; [40]
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla”.
-“Casada soy, rey don Juan,
casada, que no viuda;
el moro que a mí me tiene [45]
muy grande bien me quería”.
Hablara allí el rey don Juan,
estas palabras decía:
—Échenme acá mis lombardas
doña Sancha y doña Elvira; [50]
tiraremos a lo alto,
lo bajo ello se daría.
El combate era tan fuerte
que grande temor ponía.

Apoyo léxico. Doblas. Monedas de oro. Querer bien. Amar, estar enamorado.

El romance de Abenámar es característico de la última etapa de la Reconquista: el árabe ya no se ve como un enemigo peligroso, sino como el habitante de una parte del suelo español que ama hondamente la tierra en la que vive.

El apóstrofe acentúa la fuerza del inicio in medias res. En el verso 24 se utilizan las formas verbales de un modo aparentemente anárquico (“altos son y relucían”), ya que lo que debe estar en presente aparece en imperfecto; pero con este traslado temporal se logra un sugestivo efecto poético, que culmina con la personificación de la ciudad al final del poema, y tras haber seleccionado algunos de los detalles que mejor la caracterizan (versos 25-36). El romance suele terminar en el verso 36. La versión aquí reproducida (con el añadido de los versos 47-54) es la recogida por Ramón Menéndez Pidal en su célebre obra “Flor nueva de romances viejos”.

Análisis del poema a cargo de Lluís Busqutes i Grabulosa.

https://is.muni.cz/el/1421/podzim2013/SJIB516/um/43568328/abenamar.pdf

Algunas versiones musicales.

Música compuesta e interpretada por Daniel Pattier.

Paco Ibáñez.

L'ensemble Henri Agnel à Monte Carlo Doualiya. Music Hour avec Mayssa Issa.

Virgilio Maia (traducción al judeoespañol). Voz de Cñésar Barreto.

Sephardica & Emilio Villalba.

Eliseo Parra.

**********

Romance de don Manuel Ponce de León
-¿Cuál será aquel caballero
de los míos más preciado,
que me traiga la cabeza
de aquel moro señalado,
que delante de mis ojos [5]
a cuatro ha lanceado,
pues que las cabezas trae
en el pretal del caballo?
Oído lo ha don Manuel,
que andaba allí paseando, [10]
que de unas viejas heridas
no estaba del todo sano.
Apriesa pide las armas,
y en un punto fue armado,
y por delante el corredor [15]
va arremetiendo el caballo,
Con la gran fuerza que puso
la sangre le ha reventado:
gran lástima le han las damas
de velle que va tan flaco. [20]
Ruéganle todos que vuelva,
mas él no quiere aceptarlo.
Derecho va para el moro,
que está en la plaza parado.
El moro, desque lo vido, [25]
de esta manera ha hablado:
-Bien sé yo, don Manuel,
que vienes determinado,
y es la causa conocerme
por las nuevas que te han dado; [30]
mas, porque logres tus días,
vuélvete y deja el caballo,
que yo soy el moro Muza,
ese moro tan nombrado:
soy de los almoradíes, [35]
de quien el Cid ha temblado.
-Yo te lo agradezco, moro,
que de mí tengas cuidado,
que pues las damas me envían,
no volveré sin recaudo. [40]
Y sin hablar más razones
entrambos se han apartado,
y a los primeros encuentros
el moro deja el caballo
y puso mano a un alfanje [45]
como valiente soldado.
Fuese para don Manuel,
que ya le estaba aguardando;
mas don Manuel, como diestro,
la lanza le había terciado. [50]
Vara y media queda fuera,
que le queda blandeando,
y, desque muerto lo vido,
apeose del caballo.
Cortado le ha la cabeza, [55]
y en la lanza la ha hincado,
y por delante las damas
al buen rey la ha presentado.

Apoyo léxico y comentarios. Verso 8. Pretal. Petral. Correa o faja que, asida por ambos lados a la parte delantera de la silla de montar, ciñe y rodea el pecho de la cabalgadura. Verso 14. En un punto. Locución adverbial que significa “al instante”. Versos 19-20. La presencia de las damas para contemplar el combate está atestiguada desde la épica más antigua. Entre los godos era costumbre que los caballeros exhibieran ante las damas sus destrezas guerreros. Verso 31. Porque logres tus días. Para que puedas seguir con vida. Versos 33, 35 y 36. “yo soy el moro Muza […] / soy de los almoradíes, / de quien el Cid ha temblado”. El romance incurre en un significativo anacronismo: el moro Muza y el Cid Campeador no interactuaron directamente. Musa ibn Nusayr desempeñó un papel muy relevante en la conquista musulmana de la Península Ibérica a principios del siglo VIII (su desembarco se produjo en el 712, un año después de que lo hiciera Tarik ibn Ziyad. En cambio, el Cid Campeador vivió en el siglo XI (nació alrededor de 1043 y murió en el año 1099) y, como mercenario que fue, lucho indistintamente a favor de cristianos o musulmanes según sus propios intereses. En cuanto a los almorávides, llegaron a dominar toda la España árabe desde 1093 hasta 1148. Verso 40. Recaudo. Cumplimiento del encargo. Verso 45. Alfanje. Especie de sable, corto y corvo, con filo solamente por un lado, y por los dos en punta. Verso 50. Terciar. Atravesar diagonalmente. Verso 52. Blandear. Mover con la mano un arma, con movimiento vibratorio.

En este texto se narra el enfrentamiento entre dos enemigos: el Moro Muza -por el bando musulmán- y don Manuel Ponce de León -por el bando cristiano-, que estaba recuperándose de unas viejas heridas y que va luchar contra quien “a cuatro ha lanceado, / pues que las cabezas trae / en el pretal del caballo” (versos 6-8), estimulado por las damas, que alientan el enfrentamiento (“versos 39-40: “que pues las damas me envían, / no volveré sin recaudo”), aun cuando se lamentan de su situación (versos 19-20: “gran lástima le han las damas / de velle que va tan flaco”). Y tras las bravuconadas del Moro Muza, que trata de intimidarlo revelándole su identidad(versos 31-36), se desata el combate y es don Manuel quien acaba con Muza, proporcionándole una formidable lanzada; y tras cortarle la cabeza se la presenta al rey. El modo interrogativo con que se inicia el texto es algo que resulta frecuente en los romances: en este caso es la voz angustiada del rey, que solicita la intervención de algún caballero de los suyos “más preciado” para decapitar a un moro que parece invencible. También se observa en el romance la habilidad con que la voz del narrador cesa para dejar que los protagonistas tomen la palabra: de un lado el Moro Muza (versos 27-36) y del otro don Manuel (versos 37-40), un breve diálogo previo al combate entre ambos.

Manuel Ponce de León en el “Romancero Viejo”.

https://dinora-lu.blogspot.com/2021/11/romance-de-ese-conde-don-manuel.html

Don Manuel y el Moro Muza.

https://cuestadelzarzal.blogia.com/2007/062501-don-manuel-y-el-moro-muza.php

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