Gonzalo de Berceo -el primer poeta castellano de nombre conocido- es el autor de unas humildes y sencillas páginas poéticas, encantadoramente ingenuas: los Milagros, conjunto de veinticinco intervenciones prodigiosas realizadas por la Virgen en favor de sus devotos, sean o no pecadores, y que recurren a ella cuando se encuentran en dificultades. La falta de originalidad temática de Berceo no rebaja, sin embargo. su personalidad como poeta, ya que la originalidad hay que buscarla en el hecho de haber sabido convertir en poesía popular, y para un público de oyentes -el mismo que seguía, en boca de los juglares, las hazañas de los héroes épicos- lo que en las fuentes latinas -a las que es totalmente fiel- no pasaba de ser árida prosa dirigida a personas cultas; y para ello las enriquece acercándolas a la realidad cotidiana con aspectos que resultan familiares a esos oyentes, con lo que consigue hacer más persuasivos los mensajes religiosos qu e transmite.
Y de entre esos veinticinco milagros -el último de los cuales, “La iglesia robada”, es original, y no se encuentra en el manuscrito Thott 128 de la Biblioteca de Copenhague que es el texto latino del que debió de servirse Berceo; un milagro sucedido durante el reinado de Fernando III el Santo-. hemos elegido para su lectura y comentario el IX, titulado “El clérigo simple”. En él, Berceo nos presenta un clérigo “pobre de clerecía” (220a), que es acusado ante el obispo de no saber otra misa que la de la Virgen. Este le retira las licencias eclesiásticas y el clérigo acude a Santa María para “que li diesse consejo ca era aterrado.” (226d). La Gloriosa se apartece al obispo y le da un plazo de treinta dias para que persone a su capellán, que es autorizado de inmediato a que “cantasse como solié cantar” (233a). Cuando muere el clérigo, “fue la alma a gloria a la dulz cofradría.” (234d). (Este tipo de santo ignorante fue llevado a la escena reiteradamente por nuestros dramaturgos del siglo XVII. Lope de Vega titula una de sus comedias El saber por no saber).
[220a. Pobre de clerecía. Ignorante, sin la instrucción propia de los clérigos. 220b. Cutiano. Cotidianamente].
[221a. Misascantano. Clérigo ordenado, sacerdote. 221b. Idiota. Sin la menor instrucción. 221c. “Salve Sancta Parens”. Palabras iniciales de la misa en latín de la Natividad de la Virgen (8 de diciembre). Usado. Acostumbrado. 221d. Embargado. De escaso juicio, mentecato].
[222a. Fo durament movido... a sanna. Se enfureció terriblemente. 222b. Preste. Sacerdote. Hazanna. En sentido irónico, fechoría. 222c, Putanna. Puta, ramera. 222d. No lo pare por manna. No lo dilate con alguna artimaña].
[223c. Catar. Mirar. 223d. Sudor. En sentido figurado, penalidad].
[225a. Cuando non as ciencia. Puesto que no tienes erudición 225b. Nin as sen, nin potencia. Ni tienes inteligencia ni facultad, 225c Viédote que non cantes. Te prohíbo que celebres misa. 225d. Agudencia. Agudeza, medio].
[226a. Fo... su via... desarrado. Se alejó desconsolado. 226b. Granado. Grande, notable. 226c. Quessado. Afligido. 226d. Aterrado. Abatido].
[227a. Falleció. Desasistió, falló. 227d. No lo metió por plazo, luego li acorrió. No lo aplazó y enseguida lo socorrió].
[228a. Dición. Pecado. 228c. Braviello sermón. Violentillo discurso de reprimenda].
[229a. Bravamientre. Severamente. Lozano. Arrogante. 229b. Villano. Insolente, atrevido. 229c. Nunqua te tollí. Nunca te quité].
[230c. Judguéstilo por cosa raída. Lo consideraste cosa perdida. 230d. Tollisteli la orden de la capellanía. Le quitaste la dignidad de ejercer de clérigo en una capilla].
[231c. E tu serás finado hasta el trenteno dia. Y morirás de hoy en treinta días].
[232b. Vedado. Suspendido en su oficio como sacerdote. 232d. Pleito. Asunto, caso].
[233b. Siervo. Servidor, devoto].
[234d Dulz cofradria. El Paraiso].
[235b. Aún porque. Aunque, 235c. Los diezmos miraclos. La décima parte de los milagros. 235d. Se denna. Se digna].
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/milagros-de-nuestra-senora--1/html/
Edición alternativa, con comentario de Claudio García Turza. Iglesia de San Román de Villaseca (La Rioja).
http://www.vallenajerilla.com/berceo/turza/introduccion-milagros.htm
Análisis filológico del texto. Algunas caracteristicas de la lengua de Berceo presentes en el texto.
La lengua del pueblo compatible con el empleo de frecuentes latinismos.
Berceo, en su intento de hacer llegar al pueblo historias piadosas que este desconoce, por estar escritas en latín, recurre a un lenguaje claro que facilita su tarea divulgadora. Abandonando el latín, emplea el romance vulgar para poder ser comprendido por todas las gentes, e introduce giros y modismos de la lengua familiar y un sinnúmero de expresiones pintorescas tomadas de la vida cotidiana. Así podemos comprobarlo en este milagro IX: “que era idïota, mal clérigo provado;” (221b); “Disso: Diçit al fijo de la mala putanna” (222c); “dixoli fuertes dichos, un brabiello sermón,” (228c); “judguéstilo por bestia e por cosa radía,” (230c) “¡Desend verás qué vale la sanna de María!» (231d), etc. Sin embargo, junto a esta lengua llana aparecen muchos cultismos tomados de la fuente latina que a Berceo le sirve de modelo. Sirvan como ejemplo los siguientes: nunqua (< numquam) (222b, 223d, 227a, 229c); viédote/vedado (< vedare, prohibir) (225c, 232b); falleció (< fallere, engañar, faltar) (227a); cadió (< cadere) (227b); udió (< audire) (227c); tollí/tollido/tollisteli (< tollere, quitar) (229c/d, 230d); diezmo (< decimus) (235c), miraclos (< miraculum) (235c); etc. Muestra del latinismo en Berceo es la conservación de la c en el grupo -ct-; por ejemplo: “Sancta María” (220b, 234b); y también la conservación de la f- inicial, como reacción culta contra la entonces vulgar pérdida; por ejemplo: fijo (222c), facié (230b). Por otra parte, Berceo incluso llega a emplear latinismos litúrgicos incrustados en su verso romance; por ejemplo: “Salve Sancta Parens sólo tenié usado,” (221c).
Métrica erudita: el isosilabismo estricto de la cuaderna vía.
Berceo emplea grupos de cuatro versos, con idéntica rima, de catorce sílabas. Su esmero en el recuento silábico es del todo minucioso; porque hay que tener presente que nunca emplea la sinalefa, y que sus versos alejandrinos han de leerse siempre y sin excepción con hiato en el encuentro de una vocal final con una inicial de palabra; por ejemplo: “Fo con estas menazas el bispo espantado, / mandó envïar luego por el preste vedado; / rogó'l que'l perdonasse lo que avié errado, / ca fo él en su pleito durament engannado.” (232a-d).
Realismo, humor y aliento popular, aspectos fundamentales en la poesía de Berceo.
Sin duda, el arte de Berceo es de gran realismo: en el lenguaje, rico en expresiones populares; en la observación meticulosa de los más insignificantes detalles; en el vigor expresivo... Además, Berceo tiene conciencia de que la comicidad es un recurso de gran eficacia para llegar al pueblo y, por ello, sus “historias” se ven frecuentemente animadas de un candoroso humorismo, capaz incluso de provocar la hilaridad. Así podemos verlo en el milagro IX. Un obispo castiga a un clérigo, “pobre de clerecía”, que solo sabía decir la misa de la Virgen María, y que “más la sabié por uso que por sabiduría.”:
El clérigo se refugia en la Virgen para “que li diesse consejo ca era aterrado.”. Y la Virgen lo socorre inmediatamente: se le aparece al obispo, le reprime severamente (“dixoli fuertes dichos, un brabiello sermón”) y le ordena que permita al clérigo volver a cantar su misa diariamente, porque:
La reacción del obispo no se hace esperar; y Berceo subraya un tanto maliciosamente -o, por decir mejor, con un humorismo socarrón- el cambio de actitud del obispo respecto al clérigo:
Y cuatro son los personajes que intervienen en la “historia”. Por un lado, el propio Berceo, en su papel de “juglar a lo divino”, que incluso emplea el plural sociativo en la última estrofa -con verbo en imperefecto de subjuntivo (podiéssemos) con valor de futuro de probabilidad (podríemos)-, para hacer más vivo y cercano su relato en la mente de los oyentes:
Los otros tres personajes son el clérigo, el obispo y la Virgen, bien perfilados psicológicamente a través de sus actuaciones, en algunos momentos llenas de fuerza dramática y, en otros, concebidas con ciertos rasgos de humor; pero siempre con ese tono afectuoso en la expresión, por lo demás inconfundible de Berceo (la reprimenda al obispo por parte de la Virgen -por ejemplo- se materializa en “fuertes dichos”, en “un brabiello sermón”, dicho -insiste el poeta- “bravamientre”; adjetivo y adverbio que añaden una pintoresca expresividad, una intimidad altamente afectiva).
Para referirse al clérigo (título y versos 221b, 227c), Berceo emplea diferentes palabras: missacantano (221a; es decir, clérigo ordenado, sacerdote), preste (222b, 223a, 224a. 226a, 232b) y capellano (229d; es decir, que ejerce su labor apostólica en una capilla); y en dos ocasiones se refiere a él como buen omne (224c) y omne bono (234a), pero alude machaconamente a su ignorancia: simple, pobre de clerecía (220a), idiota, mal clérigo provado (221b), el torpe embargado (221d, es decir, mentecato y de escaso juicio), nin as sen nin potencia (225b -en palabras del obispo-; es decir ni tienes inteligencia ni capacidad alguna). Por lo demás, la adjetivación empleada por Berceo da una idea de las distintas situaciones anímicas por las que se va pasando el clérigo según la marcha de los acontecimientos (antes, durante y después de retiradas las licencias eclesiásticas por el obispo para celebrar misa en el altar de la Gloriosa, y una vez recuperadas por la intervención de aquella): preste pecador (223a), el mesquino (223d; -adjetivo sustantivado-, es decir, el desgraciado, el infeliz), triste e desarrado (226a, es decir, desconsolado), ploroso e quesado (226c, es decir, lloroso y afligido), aterrado (226d, es decir, abatido); y aunque en presencia del obispo se muestra temeroso y pálido (223b), avergonzado (223c), sudoroso (223d), en ningún momento deja de ser sincero, y reconoce las acusaciones que pesan sobre él (224c-d). Al final de sus días, y tras haber servido de nuevo a la Gloriosa Madre Santa María (232b), “fue la alma a la gloria a la dulz cofradía” (234d).
El obispo que pinta Berceo es persona colérica (Fo durament movido el obispo a saña”, 222a); algo deslenguado o al menos con un lenguaje popular inadecuado a su dignidad eclesiástica, y autoritario (“Disso: Diçit al fijo de la mala putanna / que venga ante mí, no lo pare por manna.”, 222c-d); resolutivo e implacable en la toma de decisiones (“viédote que non cantes, métote en sentencia, / vivi como merezes por otra agudencia.”, 225c-d); pero en presencia de la Virgen, que le recrimina su comportamiento con el clérigo que diariamente celebraba una misa en su honor (“Díxoli brabamientre: Don obispo lozano, / ¿contra mí por qué fust tan fuert e tan villano?”, 229a-b), y ante sus amenazas si no le revierte la situación reponiéndolo en sus funciones habituales (“Si tú no li mandares decir la missa mía / como solié decirla, grand querella avría, / e tú serás finado hasta el trenteno día, / ¡Desend verás qué vale la saña de María!”, 231a-d), el obispo se siente espantado (232a), improvisa unas excusas que intentan desplazar responsabilidades (“rogó'l que'l perdonasse lo que avié errado, / ca fo él en su pleito durament engannado.”, 232c-d), e incluso adopta un actitud no ya condescendiente, sino hasta sumisa y servil con el “preste vedado” (“si algo li menguasse en vestir o calzar, / él gelo mandarié del suyo mismo dar.”, 233c-d), tras ordenarle “que cantasse como solié cantar, / fuesse de la Gloriosa siervo del su altar;”, 233a-b).
Y es en “la Gloriosa Madre Sancta María” (235b) y en su milagrosa intervención en favor de uno de sus fieles -el “simple clérigo pobre de clerecía” (220a)-, premiándole su devoción, en la que Berceo fija toda su atención. A Ella la nombra mediante diferentes formas léxicas: “Sancta María” (220b), “Sancta Parens” (221c), “la Gloriosa” (226c, 233b, 235d), “La madre pïadosa” (227a), “La Virgo Glorïosa, madre sin dicïón” (228a), “María” (231d). Es decir, que Berceo, aprovechando formas juglarescas, está revistiendo a la Virgen de esa aureola que caracterizaba a los héroes épicos, realzando su grandeza mediante el epíteto en función apositiva -y el verso 228a es una inequívoca muestra de este “uso juglaresco” (“La Virgo Glorïosa, madre sin dicïón”)-. Y lo que Berceo quiere resaltar es que quien busca amparo en la Virgen para que le auxilie en sus tribulaciones (226c-d: “tornó en la Gloriosa ploroso e quesado, / que li diesse consejo ca era aterrado”) lo obtiene de manera inmediata, porque la Virgen siempre atiende las peticiones de sus devotos (227a-d: “La madre pïadosa que nunca falleció / a qui de corazón a piedes li cadió, / el ruego de su clérigo luego gelo udió: / no lo metió por plazo, luego li acorrió.”; adviértase el paralelismo de la constricción sintáctica del segundo hemistiquio de los versos 227c-d, que reiteran, además, semánticamente la urgencia en la ayuda). Y la Virgen, que se le aparece en sueños al obispo que le ha retirado las licencias eclesiásticas al “mal clérigo provado” (221b), lo trata con especial dureza, hasta el punto de dejarlo “espantado” (231d); “díxole fuertes dichos, un brabiello sermón, / discubrióli en ello todo su corazón.” (228c-d); y lo amenaza de muerte si antes de treinta días “tú no li mandaras decir la missa mía / como solié decirla” (231a-b), porque “tú ásme tollido a mí un capellano.” (229d). Y Berceo recalca el enfado de la Virgen con el obispo: “grand querella avría” (231b), “¡Desend verás qué vale la saña de María!” (231d). y Berceo concluye su texto con una estrofa en la que subraya que los incontables milagros realizados por la Virgen resultan imposibles de contar por mucho que él viviera para difundirlos: “Non podriemos nos tanto escrivir nin rezar, / aun porque podiéssemos muchos annos durar, / que los diezmos miraclos podiéssemos contar, / los que por la Gloriosa deña Dios demostrar.” (235a-d). La intencionalidad didáctica de Berceo es, pues, clara, pero a ella no es ajena, además, una innegable originalidad si no temática, sí estética. Y, sin duda, el milagro “El clérigo simple” es buen ejemplo de ello.
[Como dice Dámaso Alonso, “En el poeta medieval se producen con frecuencia rompimientos en la tela de la creación estética, y por el roto aparece la faz humilde del escritor con su ingenuidad, con su oficio, con sus dolamas [achaques] o su vejez, en fin, con sus necesidades. […] Gonzalo de Berceo es uno de los escritores en que esos rompimientos, esas penetraciones de la realidad en la obra de arte, ocurren con más frecuencia. […] Nadie más aferrado a los modelos que Berceo; pero siempre, a través de las apretadas ringleras de la cuaderna vía, traspasando la historia misma que interpreta, sentimos el borboteo humilde de su oración. El cándido y estremecido anhelo de su alma. Tan peculiar, tan creativo de un estilo personal, que, dentro de la literatura española, resella, como firma auténtica, cuanto escribió, y le da un encanto inolvidable.” (cf. “Berceo y los topoi”, en De los siglos oscuros al de Oro. Notas u artículos a través de 700 años de literatura española. Madrid, Editorial Gredos, 1982, 2.ª edición, págs. 78, 79 y 82. Biblioteca Románica Hispánica. VI. Colección Campo abierto, núm. 14].
Bibliografía.
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http://www.cervantesvirtual.com/portales/gonzalo_de_berceo/
Rozas, Juan Manuel: “Composición literaria y visión del mundo: «El clérigo ignorante» de Berceo”.
Artiles Santana, Joaquín: Los recursos literarios de Berceo. Madrid, Editorial Gredos, 1968. Biblioteca Románica Hispánica. II. Estudios y ensayos, núm. 81.
Gariano, Carmelo: Análisis estilístico de los Milagros de Nuestra Señora de Berceo. Madrid, Editorial Gredos, 1971, 2,ª edición. Biblioteca Románica Hispánica. II. Estudios y ensayos, núm. 84.
Guillén, Jorge: “Lenguaje prosaico. Berceo”. En Lenguaje y poesía. Algunos casos españoles. Madrid, Alianza Editorial, 1992, 4.ª edición. Colección El libro de bolsillo, núm. 211.
Menéndez Pidal, Ramón: Poesía juglaresca y juglares. Aspectos de la historia literaria cultural de España. Madrid, Espasa Libros, 1983, 8.ª edición. Colección Austral, núm. 300. (Orígenes de las literaturas románicas. Madrid, Espasa Libros, 1990, 9.ª edición. Colección Nueva Austral núm. 159).