EL RINCÓN DE LA POESÍA

Los "grises olivares" andaluces

Grises olivares andaluces

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Domingo 22 de febrero de 2026
Hoy se cumple el 87º aniversario de la muerte de Antonio Machado en Colliure.

CXXV
En tos campos de la tierra mía,
y extranjero en los campos de mi tierra,
-yo tuve patria donde corre el Duero
por entre grises peñas,
y fantasmas de viejos encinares,
allá en Castilla, mística y guerrera;
Castilla la gentil, humilde y brava;
Castilla del desdén y de la fuerza-,
en estos campos de mi Andalucía,
¡oh tierra en que nací!, cantar quisiera.
Tengo recuerdos de mi infancia, tengo
imágenes de luz y de palmeras,
y en una gloria de oro,
de lueñes campanarios con cigüeñas,
de ciudades con calles sin mujeres,
bajo un cielo de añil, plazas desiertas
donde crecen naranjos encendidos
con sus frutas redondas y bermejas;
y en un huerto sombrío, el limonero
de ramas polvorientas
y pálidos limones amarillos,
que el agua clara de la fuente espeja,
un aroma de nardos y claveles
y un fuerte olor de albahaca y hierbabuena;
imágenes de grises olivares
bajo un tórrido sol que aturde y ciega,
y azules y dispersas serranías
con arreboles de una tarde inmensa;
mas falta el hilo que el recuerdo anuda
al corazón, el ancla en su ribera,
o estas memorias no son alma. Tienen,
en sus abigarradas vestimentas,
señal de ser despojos del recuerdo,
la carga bruta que el recuerdo lleva.
Un día tornarán, con luz del fondo ungidos,
los cuerpos virginales a la orilla vieja.
Lora del Río, 4 de abril de 1913.
Antonio Machado: Poesía completas. Madrid.
Espasa Libros, 1988, 13.ª edición. Colección Austral, A-33. Manuel Alvar, editor literario.

El poema está fechado en Lora del Río, ciudad del municipio de Sevilla, del que la separan 57 kilómetros. Métricamente se trata de una silva arromanzada de 34 versos entre endecasílabosd -31- y heptasílabos -solo 3, los versos 4, 13 y 20-, a los que siguen dos versos alejandrinos (el 35 y el 36), con lo que el poema tiene 36 versos, distribuidos en tres agrupamientos: 1-10, 11-34, y 35-36; y todos los versos pares presentan la asonancia /é-a/, con independencia de su número de sílabas.

Y es una entusiasta evocaciòn de los recuerdos infantiles de Antonio Machado en tierras castellanas, algo diluidos en la memoria, pero con la esperanza de recobrarlos en toda su entidad espiritual. El léxico, como es habitual en Machado, se caracteriza por su sencillez, aunque hay cuatro palabras que pudieram requerir alguna matizaciòn significativa por el contexto en que figuran: lueñes (verso 14, calificando a "campanarios"): lejanos o distantes; arreboles (verso 28): color rojo que adoptan las nubes iluminadas por los rayos del sol, en especial a la caída de la tarde: abigarradas (verso 32, calificando a "vestimentas"): de varios colores, en especial sin están mal combinados; en este caso, "confusos" por lo difuminado de los recuerdos): "despojos" (verso 33: aquello que se ha perdido como resuiltado del paso del tiemnpo).

Ha pasado muy poco tiempo desde que Machado abandonó las tierras castellanas, tres el falleciomiento de su mujer -a los 18 años-, Leonor Izquierdo, un 1 de agisto de 1912, en Soria. Dos meses después de este luctuoso suceso, se trasladó a Baeza, en donde estuvo desde octubre de 1912 hasta noviembre de 1919, siete años dedicado a la enseñanza de la gramática francesa en el instituto albergado en la antigua universidad. Pero Machado, sevillano de cuna, se siente "extranjero en los campos de mi tierra" (verso 2); y aunque "en estos campos de mi Andalucía, / ¡oh tierra en que nací!, cantar quisiera" (versos 9-10), lo cierto es que sus recuerdos lo retienen anclado en los paisajes castellanos donde tuvo "su patria", "donde corre el Duero / por entre grises peñas / y fantnasmas de viejos encinares" (versos 3-5). y así lo expresó en múltiples versos; por ejemplo, en las VII parte del largo poema "Campos de Soria", incluido en Campos de Castilla, un poema que por la espiritualidad de su belleza no podemos dejar de reproducir aquí:

¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas

por donde traza el Duero su curva de ballesta

en torno a Soria, obscuros encinares,

ariscos pedregales, calvas sierras,

caminos blancos y álamos del río,

tardes de Soria, mística y guerrera,

hoy siento por vosotros, en el fondo

del corazón, tristeza,

tristeza que es amor! ¡Campos de Soria

donde parece que las rocas sueñan,

conmigo vais! ¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas!...

Es el Duero que "traza su curva de ballesta / en torno a Soria"; que corre por entre "grises alcores"/"grises peñas", "obscuros encinares"/"fantasmas de viejos encinares"; y es esa Soria "mística y guerrera" (verso 6), adjetivos coumnes en ambos poemas, que identifican austeridad con misticismo, que hablan del pasado heroico de las tierras castellanas, cuyas bellezas sabe captar Machado, a la vez que expresa el amor que siente por ellas. Y en el poema que nos ocupa añade tres adjetivos más -sustantivados- para calificar a Castilla: "la gentil, humilde y breva" (verso 7); y otros dos en calidad de complementos nominales: "Castilla del desdén [desdeñosa, es decir, altiva y arrogante] y de la fuerza [es decir, vigorosa y esforzada] (verso 8). Y aquí reside el eje temático del poema: el desarraigo sentimental de su tierra natal y la añoranza de Castilla, convertida en "la tierra mía" (verso 1), "mi tierra" (versos 2), combinaciòn de las formas tónica -pospuesta al nombre- y átona -antepuesta- del determinante posesivo de primera persona, respectivamente.

En la segunda parte del poema asistimos a una añorante evocación de recuerdos andaluces de la infancia de Antonio Machado, con una pormenorizada y sensual descrición de una naturaleza en la que los adjetivos aportan las más variadas sensaciones: "lueñes [lejanos] campanarios con cigüeñas" -algo muy típico en las tierras sorianas- (verso 14); "naranjos encendidos / con sus frutas redondas y bermejas" (versos 17-18; adviértase la reiteraciòn semántica de los adjetivos "encendidos" y "bermejas" para referirse al color rojo de las naranjas que cubren los naranjos); "huerto sombrío" (verso 19); "limonero / de ramas polvorientas" (versos 19-20, encabalgados); "pálidos limones amarillos" (verso 21, que contiene un nombre flanqueado por dos adjetivos cromáticos para indicar que los limones tiene un color amarillo menos intenso de lo norrmal), y que se reflejan en "el agua clara de la fuente" (verso 22, en el que el verbo "espejar" está empleado con toda propiedad: reflejar como en un espejo); el "aroma de nardos y claveles" (verso 23, en el que se entremezcla sensaciones olfativas y cromáticas a la vez: las flores de los nardos son blancas y muy olorosas, especialmente de noche; y los claveles, con sus pétalos de color rojo subido, despiden un olor muy agradable); y, asimismo, "el fuerte olor de la albahaca y hierbabuena" (verso 24, en el que de nuevo se emtremezclan olor y color: las flores blancas de la albahaca producen un consistente olor aromático, mientras que la hiernabuena posee flores rojizas que despìden un agradable olor). Y no pueden faltar en esta evocación del paisaje los "grises olivares" (verso 25), y las "azules y dispersas [desperdigadas, esparcidas] serranías" (verso 27). Y también recuerda Machado la luz ambiental (verso 16), esa "gloria de oro" (verso 17); y el color azul oscuro del cielo (verso 16: "un cielo de añil"); y el "tórrido [muy ardiente y caluroso] sol", aturdidor y cegador (verso 26); y los arreboles en la inmensidad de la tarde (verso 28). Y junto a todo ello, el poeta repara tambièn en las "ciudades con calles sin mujeres" (verso 15) en y las "plazas desiertas" (verso 16), que bien pudieran simbolizar la soledad del poeta y no tanto la de Andalucía.

Pero el gran problema del poeta es que "estas memorias no son alma" (verso 31), porque les falta "el hilo que el recuerdo / anuda al corazón" (versos 29-30), a modo de ancla que amarra la nave al muelle (verso 30); lo cual implica un fuerte sentimiento de frustración. Se trtata, pues, de recuerdos caremtes de vida, "despojos del recuerdo, / la carga bruta que el recuerdo lleva" (versos 33-34). Y en estos versos de alguna manera late el recuerdo de su esposa muerta.

Pero aquí no termina el poema. Le faltan dos alejandrinos: "Un día tornarán, con luz del fondo ungidos, / los cuerpos virginales a la orilla vieja”. Es decir, que el ánimo del poeta se abre a la esperanza: los recuerdos infantiles de Andalucía no calan en el fondo de su alma de momento, atenazados por los recuerdos de las tierras de Castilla; pero el poeta está esperanzado en recuperarlos algún día en toda su intensidad, “ungidos de luz”. Y el poeta lo expresa con metáforas muy afortunadas: los recuerdos de la infancia (esos “cuerpos virginales”) “un día tornarán” -surgirán del fondo de la conciencia-, hasta anegar su corazón (”la orilla vieja”).

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