Una cuestión previa al acercamiento al poema, y relativa al verso 16 (“sino al que anduvo en el mar”). El llamado mar de Galilea, también conocido como lago de Tiberiades o lago de Genesaret, en Israel, es el lugar en que, según los Evangelios, Jesús caminó sobre sus aguas.
Tomando como referencia una saeta popular, Antonio Machado compone el poema “La saeta”: 16 versos octosílabos -salvo el décimo, que es tetrasílabo-, agrupados en cuatro conjuntos estróficos, dos cuartetas y dos redondillas, con la siguiente disposición de rimas consonantes:
Esta combinación de rimas agudas (versos 1 y 4, 5 y 8, 13 y 16 -que repite la rima de los versos 1 y 4-) y llanas (versos 2 y 3, 6 y 7, 9 y 11, y 14 y 15) confieren al poema una grata eufonía, marcada además, por un sostenido ritmo cuaternario y una entonación exclamativa De hecho, desde que el cantautor catalán Joan Manuel Serrat puso música a este poema, se ha convertido en pieza insustituible de la Semana Santa de muchas ciudades y pueblos de España, acompañando a la riquísima imaginería que sale a las calles en procesión; partitura interpretada por centenares de bandas al servicio de las distintas cofradías.
Vídeo musical de 1974.
Vídeo musical de 2007.
Como es habitual en Antonio Machado, el poema se caracteriza por su enorme sencillez, tanto desde el punto de vista lingüístico como estilístico. En todo caso, cabe citar la reiteración anafórica del adverbio “siempre” en los versos 3 y 4 (“siempre con sangre en las manos, / siempre por desenclavar”), para recalcar la idea de “en cualquier tiempo; y así mismo, la similitud de las construcciones “Cantar del pueblo andaluz” (verso 5) y “Cantar de la tierra mía” (verso 9) -en ambos casos, al comienzo de estrofa-, que le sirven a Machado para identificarse emocionalmente con su entorno geográfico y con su pueblo; ese que “anda pidiendo escaleras / para subir a la cruz” (versos 7 y 8) en Semana Santa; ese “que echa flores / al Jesús de la agonía” (versos 10 y 11) cuando sale de la iglesia en su trono procesional, que se detiene cuando una saeta irrumpe en la madrugada. Y es la palabra “cantar”, identificada con “saeta”, la más repetida del poema (versos 1, 5, 9 y 13); sin embargo pasa de sustantivo a verbo en el verso 14: “No puedo cantar ni quiero”. Y aquí es, precisamente, en donde reside la clave del texto. Porque los cuatro versos finales del poema permiten interpretar de modo inequívoco el sentir de Antonio Machado, alejado del sentimiento popular (“y es la fe de mis mayores” -verso 12-): canta al hombre, “al que anduvo en el mar” (verso 16); pero no quiere cantar, porque no puede, a Jesús crucificado (“al Jesús de la agonía” -verso 11-; “a ese Jesús del madero” -verso 15-, venerado por el pueblo andaluz. Machado se está refiriendo, indudablemente, a las virtudes de Jesús como hombre, cuya doctrina se apoya en la filantropía, tan propia del ideario vital del poeta. De esta misma opinión en Antonio Sánchez Barbudo: «Ese Jesús al cual él [Machado] quisiera cantar es simplemente el Hombre.» (Cf. Los poemas de Antonio Machado. Los poemas, el sentimiento y la expresión. Barcelona, Editorial Lumen, 1989, 5.ª edición. Colección Palabra en el tiempo, núm. 20). Sea como fuere, estos versos alcanzan un profundo valor lírico, y la entonación exclamativa añade una enorme emotividad. En este sentido, nos parece muy sugestivo el artículo del profesor Guillermo Sánchez Vicente titulado “La antisaeta de Machado”, y publicado en LaExcepcion.com el 24 de marzo de 2004.
http://javzan.freehostia.com/asuntos/antisaeta.htm
Versión musical: Dúo Camarón de la Isla-Joan Manuel Serrat:
Versión musical de Rocío Jurado en 1995.
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Federico García Lorca incluyó en el Poema del cante jondo el “Poema de la saeta”, que en su momento comentamos completo para el diario El Debate, y al que se tiene acceso en este enlace:
https://eldebatedehoy.eldebate.com/tag/poema-de-la-saeta/
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