FIRMA INVITADA

El brillante soldado aventajado Miguel de Cervantes Saavedra, cabo mayor o sargento de Infantería, jamás fue soldado bisoño en Lepanto, y siempre quiso llegar a ser capitán de una compañía en Italia

Miguel de Cervantes Saavedra (Foto: Archivo).

«Oh, dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra

Krzysztof Sliwa | Miércoles 25 de febrero de 2026

Algunos cervantistas siguen omitiendo en sus biografías o trabajos de investigación el heroísmo del autor del Quijote, y en algunos casos continúan rechazando a Miguel su rango militar de cabo mayor o sargento durante su ejemplar servicio militar en Italia, en particular, durante la batalla naval en el golfo de Patras, brazo del mar Jónico, cerca de la ciudad griega de Naupacto, conocido como Lepanto, que separa el golfo de Patras del golfo de Corinto.



En este respecto, basándome en la documentación genuina y las obras cervantinas, me opongo rotundamente a estos expertos mundiales del cervantismo científico, quienes propagan al gran público sin un documento original, que Cervantes era bisoño en Lepanto. Esto no es verdad en absoluto. Todo lo contrario, pues, teniendo en cuenta la documentación preservada, aseguro que dicha declaración es falsa, y sostengo que Cervantes era cabo mayor o sargento durante la mayor batalla naval, acaecida el 7 de octubre de 1571. Ahora bien, antes de pasar adelante, explico brevemente los rangos militares.

Un cabo de escuadra era un soldado veterano y tenía a su mando a unos 25 hombres, se encargaba de alojar a los soldados en camaraderías, se ocupaba de los enfermos, y aseguraba de que se cumplieran las órdenes del capitán. El cabo de escuadra encabezaba una escuadra y podía ascender en la escala de mando.

Referente al sargento, «hombre asalariado, asoldado, soldado», este se encargaba de transmitir las órdenes de los capitanes a los soldados. Un joven recluta no podía ser sargento porque era preferible que tuviese algunos años de antigüedad como cabo, sin embargo, podía ascender un soldado raso, pero siempre con experiencia. El soldado elegido para sargento, por general, un cabo, debía mostrarse firme ante los cabos, y era el oficial con más especialidad en el cuidado de la disciplina.

El capitán fue designado por el rey para mandar una compañía, tenía la potestad para dar licencia a un soldado y permitirle ir de una compañía a otra, pero jamás para abandonar el Tercio.

El maestre de campo fue un capitán designado por el rey al cargo de su compañía y de todo el Tercio. Su función era el mando, impartir justicia, administración y asegurarse de que el aprovisionamiento de las tropas fuera el correcto. Para lograr este distinguido cargo, era necesario haber cumplido una larga carrera militar, habiendo logrado en ella fama y reconocimiento, llegando su nombre a oídos del rey.

El 7 de octubre de 1571 Miguel estuvo al mando del veneciano Francisco de Sancti Pietro, capitán de la galera «La Marquesa», quien le ordenó a Cervantes que condujera a 12 arcabuceros en el esquife en el que, luchando a hierro y fuego, recibió 3 proyectiles de plomo de arcabuzazos, 2 en el pecho y uno en la mano izquierda, lo que el sargento Antonio Godínez de Monsalve corrobora así: «ha oído decir a otras muchas personas que se hallaron en la dicha batalla naval, como Cervantes había peleado muy valientemente».

En vista de ello, corrijo los errores recurrentes de algunos cervantistas, quienes afirman sin base documental que Miguel sirvió bajo el mando del capitán Diego de Uribina. Esto no es verdad.

Cervantes, soldado de la compañía del capitán Diego de Urbina, iba a bordo de «La Marquesa», la única galera perteneciente al almirante genovés Juan Andrea Doria (1539-1606), encabezada por el capitán veneciano San Pedro, que formó parte de la Tercera Escuadra de las 54 naves del almirante veneciano Agustín Barbarigo (1518-1571), segundo en el alto mando de la Flota veneciana después del veneciano almirante jefe de la flota veneciana Sebastián Veniero (1496-1578), y el romano Marco Antonio Colonna (1535-1584), capitán general de la Flota de los Estados Pontificios del papa Pío V (1504-1572) y capitán general de la Flota Cristiana-, quien acabó de llegar de Chipre-, dirigida por Don Juan de Austria (1547-1578), «el hijo del Rayo de la Guerra».

Las «Ordenanzas de 1568» clarifican las normas de cómo debía vivir a bordo el soldado de infantería y qué tácticas y procedimientos debía seguir la infantería durante las batallas navales. También aclaro que «los soldados que han de residir en las galeras según tengo entendido de personas de mucha experiencia…, han de ser tomados y escogidos por el capitán de la misma galera adonde han de servir, y gobernados por él y por sus cabos de escuadra como hasta aquí se ha hecho, procurando que estos sean hombres de valor y bien ejercitados en las armas porque de esta manera todos tendrán un fin, y no podrán suceder los inconvenientes que hay cuando son dos cabezas en la galera y a la una obedecen los soldados» (AGS, Estado, Armadas y Galeras, legajo 445.)

De igual modo, enmiendo un error recurrente: quien mandó a Cervantes dirigir a 12 arcabuceros fue Sancti Pietro, y no Diego de Urbina, pues el mando superior de los soldados de guerra embarcados de los Tercios españoles y de la tripulación lo desempeñaba el capitán de la galera a pesar de que las compañías llevaban a sus capitanes.

Otro error de algunos expertos cervantinos sin un dato fiable es que Miguel no sirvió en Chipre. Es hora de leer la documentación, pues es «León de Austria», quien viendo la situación de las galeras de venecianos: «cuan mal en orden están de gente de pelea y marinero» decide el 30 de agosto de 1571 que «embarquen en sus naves 4 mil soldados de Infantería, 2.500 españoles y 2.500 italianos, tropas de los tercios de España, y además refuerza la escuadra para mayor eficacia, como así fue, con las dos galeras Marquesa y Fortuna».

Pese a ello, algunos cervantistas siguen errando y propalan que Cervantes sirvió a bordo de «La Marquesa» del capitán Juan de Maqueda. Esto no es verdad en absoluto. «Esta Marquesa» fue de Nápoles, n.° 6 de las 30 naves de la Escuadra de Socorro o de Reserva, comandada por el almirante y capitán general de las galeras de Nápoles Álvaro de Bazán y Guzmán (1526-1588), y gobernada por el capitán Juan de Simancas el 9 de septiembre de 1572, según la instrucción de Don Juan de Austria.

A aquellos que consideran que Cervantes era inexperto o bisoño durante la batalla de Lepanto, les formularía la siguiente pregunta: ¿por qué el capitán no encomendó el mando de 12 arcabuceros «al magnífico Juan Bautista Villanueva» o a los alféreces Gabriel de Castañeda y Mateo Santisteban, hombres de dilatada experiencia militar? Asevero, pues, que Miguel era al menos cabo mayor de escuadra.

De la misma manera, hay que señalar que en infantería la escuadra suele formarse por 5 o 6 soldados, y en la práctica nunca más de 12, aunque en teoría se asignaba 25 hombres. En suma, Cervantes tenía 12 hombres, o sea, 2 escuadras bajo su mando en Lepanto. Asimismo, se documenta que solo el capitán general de las galeras de España pudo nombrar a los capitanes y a los cabos, por lo que resulta indispensable encontrar el nombramiento de Miguel como cabo antes o durante el servicio en «La Marquesa», realizado por el capitán general de las galeras de Nápoles Sancho Martínez de Leyva (1509-1579), virrey de Navarra.

Con arreglo a las «Ordenanzas de 1531», afirmo que Cervantes fue cabo mayor de escuadra o sargento, jefe inmediato de los arcabuceros, nombrado por el capitán general de las galeras, quien «se hacía cargo de las armas y munición del rey, así como de establecer las guardias, entrenar a los arcabuceros».

Aparte de eso, encuentro oportuno agregar que el cabo de guzmanes, que mandaba la mejor escuadra de la compañía, recibía una ventaja de 2 escudos al mes y, tocante a los sueldos de «nuestro lobo de mar», está acreditado que el 15 de enero de 1572 se le administró una cédula de 20 ducados de ayuda de costa; el 23 de enero, según «el cuaderno de gastos secretos y extraordinarios del señor don Juan de Austria en la jornada de Levante», se le asignaron 20 ducados por las heridas; el 9 de marzo, conforme al Libro 4.º, titulado Diversorum, se suministró en Palermo cédula para el pagador de la armada Juan Morales de Torres de 20 ducados de a 11 reales a Miguel, ayuda de costa para acabar de curarse las heridas; y el 17 de marzo se transmitió recaudo formal al tesorero general de la Armada de varias libranzas sueltas a favor de personas beneméritas de la batalla de Lepanto, entre ellas, una de 22 escudos para Cervantes.

Solo me hace falta preguntar a los expertos y biógrafos cervantistas cómo es posible que un capitán de «La Marquesa» mande a un bisoño, Miguel de Cervantes, liderar a 12 arcabuceros en la batalla de Lepanto. Pese a las fantasías de algunos cervantistas, desde mi punto de vista, es absurdo, una batalla perdida, un suicidio; y estoy seguro de que esta decisión hubiese causado revuelo.

Además de eso, se sabe que el III duque de Sesa Gonzalo Fernández de Córdoba (1520/21-1578) le recompensó a Cervantes con 25 escudos de a 10 reales castellanos como «soldado aventajado», con un sueldo mensual de 3 ducados, acorde con la cuenta del pagador de la Armada Juan Morales de Torres, lo cual sólo se proporcionaba a «personas beneméritas en la batalla de Lepanto», conforme al dato legal del 17 de marzo de 1572, que ha pasado totalmente inadvertido por los expertos cervantinos. ¿Por qué?

Así pues, opino que Miguel recibía los escudos y ducados de ventaja por haber desempeñado el papel de cabo mayor de escuadra o sargento y por haber sido aventajado, entre otros, en los servicios militares distinguidos y de riesgo, la disciplina, la discreción, el espíritu militar, el heroísmo, la honestidad, la lealtad, el liderazgo, la organización, el respeto a su propia dignidad personal y el amor por «su natural patria».

Para mí, Cervantes fue, es y siempre será héroe de Lepanto, Levante, Argel, Mostagán, y Orán, y sin duda era suboficial: cabo mayor o sargento de los Tercios Viejos españoles, cuyo deseo fue obtener el rango de capitán de una compañía, «honroso cargo» con la patente llamada «de conducta» para crear su propia compañía según el alférez Gabriel de Castañeda, quien «leyó las cartas que llevaba Cervantes de Don Juan de Austria, en que lo recomendaba a S.M., para que le diese una compañía de las que se formasen para Italia, por ser hombre de méritos y servicios». Su sueño fue ser designado por Felipe II (1527-1598) para dirigir una compañía, regida según su elección de armas.

Al fin y al cabo, agradezco al excelente y ejemplar teniente de Infantería José Atilano Delgado Mateo, profesor de Táctica e Instrucción y Adiestramiento de Unidades en la Academia de Infantería, en Toledo, por su magnífico servicio militar a nuestra dulce y querida España y por su ejemplar defensa del brillante servicio militar de Miguel de Cervantes Saavedra, para quien Cervantes es uno de sus héroes y para quien Cervantes era sargento de la mejor Infantería del mundo-, la mejor máquina militar-, de los invencibles Tercios Viejos españoles durante casi 150 años.

Miguel de Cervantes Saavedra, heroico por Tierra y por Mar, es un diamante y su brillantez todavía no ha sido descubierta.

«Laus in Excelsis Deo»,
Krzysztof Sliwa

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