Entre los textos que Antonio Machado escribió sobre poesía, recogemos el poema titulado "De mi cartera" que publicó al final de Nuevas canciones (1924). Está dividido en siete partes (soleás, una copla y un breve romance); y recogen algunos de los principios de su poética.
La poesía es "palabra en el tiempo" (I) y "canto y cuento" (II), que busca la sencillez expresiva (IV) con la rima asonante (V) y el verso libre de ataduras (VI), con la imágenes que apunten a lo esencial, expresado con adjetivos y nombres (VII). El empleo de los adverbios temporales -que conforman su “gramática lírica”- se identifican expresivamente entre sí en los versos últimos del poema (VII): “del Hoy que será Mañana, / del Ayer que es Todavía”. (Ya en el Proverbio VIII había escrito Machado: “Hoy es siempre todavía”; y en el XXXVIII: “Mas el doctor no sabía / que hoy es siempre todavía”).
De mi cartera (págs. 322-323)
Bibliografía.
Pedro Cerezo Galán: Palabra en el tiempo: Poesía y filosofía en Antonio Machado. Edición digital de la obra publicada por Gredos en 1975.
https://www.cervantesvirtual.com/obra/palabra-en-el-tiempo-poesia-y-filosofia-1158702/
Los breves poemas que forman el conjunto “De mi cartera” están fechados en 1924. Y para entender mejor la evolución poética de Antonio Machado, nos parece adecuado traer aquí los serventesios 4 y 5 del poema “Retrato”, que data de 1907 y que, en su momento, encabezará las ediciones de Campos de Castilla; un poema escrito, por tanto, 17 años antes. Nos referimos a los alejandrinos 13-20):
Hasta 1907, las publicaciones de Antonio Machado se habían inscrito en la línea del Simbolismo francés (representado por Paul Verlaine), y del Modernismo (que preconizaba Rubén Darío). En su primer viaje a París -junio de 1899- se dejó influenciar por esa “moderna estética” (verso 13) que representaba el escritor renacentista Pierre de Ronsard” -con su esteticismo, primacía de la forma, sentido aaristocrático... (“corté las viejas rosas del huerto de Ronsard” -verso 14-); y, de vuelta a España, en octubre de ese mismo año, incrementa sus contactos con lo más granado del Modernismo. El poeta aún realiza un segundo viaje a París -entre abril y agosto de 1902-. Y resultado del ambiente poético en que se ha desenvuelto es la publicación de sus primeras obras: Soledades: poesías -1903-; Soledades. Galerías. Otros poemas -1907-. Pero, a partir de ahora, desdeña -por su exquisitez, por su carácter excesivamente sensorial, por sus sonoridades estridentes- “los afeites de la actual cosmética” (verso 15), y se aparta del “nuevo gay-trinar”, propio de los jóvenes seguidores del Modernismo (verso 16).
Ese rechazo al Modernismo, que se resume en dicho verso 16 (el “ave” de la que habla el poeta es el ”pájaro azul”, brillante emblema de la retórica preciosista del Modernismo), y que está presente en la estrofa 4, continúa en la estrofa 5: el poeta se distancia de “las romanzas de los tenores huecos” (verso 17), de ese “coro de grillos que cantan a la luna” (verso 18) -porque, a su juicio, elaboran una poesía hueca y sin contenido, enormemente afectada-, e intenta expresar nuevos contenidos poéticos más acordes con su personalidad. Lo que metafóricamente indica el poeta en el verso 19 -“A distinguir me paro las voces de los ecos”- es que no hay que conceder importancia a algo que no la tiene; y es cuando empieza a eliminar de su producción poética lo huero y accesorio (“los ecos”), para centrarse en la palabra que expresa su propio sentir (“las voces”); de manera que esos nuevos contenidos se van a convertir en la exteriorización de su más honda intimidad, una vez iniciado de manera irreversible el proceso de depuración de la impronta modernista (verso 20). Y, en efecto, Antonio Machado inicia entonces un tipo de poesía de menor esteticismo y mayor profundidad conceptual. Y el poeta no puede ser más claro cuando en el serventesio siguiente (el 6, versos 21-24) añade:
Antonio Machado se pregunta, mediante una interrogación retórica, por su filiación estética, e ignora a qué escuela adscribirse que mejor exprese sus sentimientos: “¿Soy clásico o moderno? No sé” (verso 21). Pero, más allá de “etiquetas”, lo que sí que tiene clara es su postura ante el arte poético: lo importante para él no es ser un “trabajador del verso”, atento a la elaboración formal (“el docto oficio del forjador”- verso 24-), sino convertir su verso en la expresión de su propia voz, de lo más profundo de su espíritu, transformarlo en algo así como en una espada capaz de herir la sensibilidad de quienes compartan sus creaciones poéticas, porque el poeta siente la necesidad de comunicar a los demás sus personales estados anímicos (versos 21-23. Y esta va a ser la poética a la que va a pertenecer fiel el resto de su vida.
Si volvemos ahora a leer los poemas “De mi cartera”, comprobaremos que su concepción de la poesía sigue fundamentándose en la idea de mayor profundidad anímica y menor esteticismo decorativo. Sea como fuere, vamos a tomar un poema de Soledades. Galerías. Otros poemas (1899-1907). y más en concreto, de la sección con que amplia la primera edición (de 1903). El poema -que no es sino la evocación melancólica de recuerdos infantiles- se inscribe en la etapa modernista del autor, pero está alejado de la estridencia rubeniana.
XCII
En el poema de Antonio Machado, “pegaso” es sinónimo de “caballito de madera”. En la mitología griega, Pegaso es el caballo alado nacido de la sangre de Medusa, muerta por Perseo. Capturado por Belerofonte, le ayudó a vencer a la Quimera y a las amazonas; no obstante, Belerofonte no pudo ascender hasta el Olimpo, porque un tábano picó a Pegaso y el jinete salió violentamente despedido de la silla y murió de la caída. El que sí consiguió llegar al Olimpo fue Pegaso, que pasó al servicio de Zeus.
El poema original de Antonio Machado va precedido de parte del verso inicial del poema de Paul Verlaine (1844-1896) «Chevaux de bois». Esta es su primera estrofa:
Antonio Machado evoca su infancia, concentrada en la alegría de un tiovivo, en ese círculo gitatorio de figuritas que simbolizan el paso del tiempo en forma constante y cíclica, y que obligan al lector a echar la vista atrás con cierta nostalgia de aquel mundo infantil tan feliz que el carrusel tan bien representa.
Tras dos versos que, a modo de estribillo, abren y cierran la composición, el poema es un romance, constituido por versos octosílabos, con rima asonante /é-a/ en los pares. Su ritmo cuaternario permite representarlo gráficamente como si de cuartetas asonantadas se tratara. Y precisamente la exigencia de esa rima asonante en los versos pares es la responsable del hipérbaton “En el aire polvoriento / chispeaban las candelas” (versos 7-8; en lugar de “Las candelas chispeaban en el aire polvoriento”). Y aunque es de noche -una noche festiva (verso 6: “de fiesta”), una suave luz se desparrama en el ambiente, ya sea porque el cielo está de color azul -adjetivo que, por desplazamiento calificativo, se refiere a la noche y no al cielo- y las estrellas resplandecían en ella con el fulgor del fuego (versos 9-10, que contienen todo un cúmulo de sugestivas imágenes: “y la noche azul ardía / toda sembrada de estrellas”); ya sea por la luminosidad que aportan las candelas, a las que el viento hace centellear (versos 7-8: ““En el aire polvoriento / chispeaban las candelas”). Adviértase, por otro lado, la expresividad de la adjetivación elegida: “lindos pegasos” (versos 1 y 13), “corcel colorado” (verso 5; el corcel no es un simple caballo; tiene mucha alzada y se usaba en torneos y combates), “aire polvoriento” (verso 7), “noche azul” (verso 9, con ribetes sinestésicos), “Alegrías infantiles” (verso 11), una adjetivación que coincide en versos impares, sin rima. La entonación exclamativa de los últimos cuatro versos añade una nota de intensa emotividad al recuerdo de una noche que parece mágica.
De las muchas versiones recitadas y musicadas, con apoyo de imágenes, que circulan por Internet, hemos seleccionado –por sus indiscutibles efectos estéticos– la preparada por Elena García, en 2013: