Dámaso Alonso y la poesía navideñaLa «preocupación religiosa» ha sido una constante en la obra poética de Dámaso Alonso -el tema de Dios más como problema que como solución, su búsqueda incesante, su interpelación continua...-. Basta con leer muchos de los poeas escritos entre 1944 y 1985: Oscura noticia (1944), Hijos de la ira (1944), Hombre y Dios (1955), Dudas y amor sobre el Ser Supremo (última obra poética, publicada a finales de 1985). Y solo solo de manera ocasional se ocupa Dámaso Alonso de la Navidad.
En 1959, junto a su esposa Eulalia Galvarriato, publicó un Cancionero de Navidad, un disco sonoro editado por la PAX, Discoteca Popular Católica. Alonso y Galvarriato recopilaron 24 poemas navideños de distintos poetas: Juan Ramón Jiménez, Adriano del Valle, Fray Ambrosio Montesino, Luis de Góngora, Juan Álvarez Gato, Lope de Vega, Luis Rosales, Gil Vicente, José M.ª Llanos, Ramón Cue, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Pedro M.ª Casaldaliga, Gerardo Diego, Gómez Manrique, Manuel Pacheco, Miguel de Unamuno y Carlos Bousoño. En una carpeta se recoge información adicional con comentarios y análisis sobre la tradición lírica navideña en España: se trata de una “guía para oyentes hispanohablantes y auxilio lingüístico de oyentes extranjeros". [Cara A. Anunciación a María. Visitación. Nacimiento de Jesús. Cara B. Adoración y Gozo. Los Reyes Magos. Huida a Egipto. Cristo adolescente]. En esta grabaciuón intervienen las Religiosas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús de Madrid (con las canciones "No la debemos dormir" -del Cancionero de Upsala- y "No lloréis, mis ojos"); Eulalia Soldevila, Eulalia Galvarriato y Dámaso Alonso,rcomo ecitadores; Francisco Cantalejo y María Molina narradores. La música corre a cargo de María del Milagro G. Cotelo (arpa) , Roberto Cuesta Jamar (flauta) y Jesús González Mohino (guitarra). El disco gozó de gran popularidad y todavía hoy puede encontrarse en internet.
Dámaso Alonso y sus altas dosis de espiritualidad. Pero volvamos a Dámaso Alonso. Basta un solo poema, el titulado “A los que van a nacer”, para comprobar sus altas dosis de espiritualidad, hasta el extremo de que hay versos que nos recuerdan a San Juan de la Cruz (versos 21-23: “Oh fuentes silenciosas. / Oh soterradas fuentes / de los enormes ríos de la vida”.
A los que van a nacer ¡Cuán cerca todavía
las manos de Dios! ¿Sentís su aliento rugir entre los cedros del Levante? ¿Hay en vuestras pupilas rabos de oro, vedijitas, aún, incandescentes, de la gran lumbrarada creadora? ¿O fraguasteis, tal vez, en su sonrisa -sonrisillas de Dios, niños dormidos- y juerga en vuestras salas, niño eternal, gran inventor de juegos? Oh, vosotros le veis, seres profundos, y saltáis en el vientre de la madre. ¿Qué peces de colores
os surcan aguas del dorado sueño? ¿Qué divinos esquifes -juguetes sin engaño- cruzan el día albar de vuestro cauce? ¿De qué extraña ladera son esas pedrezuelas diminutas que bullen al manar de vuestras aguas? ¡Oh fuentes silenciosas! ¡Oh soterradas fuentes de los enormes ríos de la vida! Seréis torrente en furia
que va a rodar al páramo. Seréis indagación y grito sin respuesta. Ay, guardad esta luz estremecida. Ay, refrenad el agua, volved al centro exacto. Ay de vosotros. … Ay de estos cieguecitos
de leche no cuajada, de tierna pulpa vegetal, dormida. Ay, copos de manteca, que hacia el mercado vais –de sus ordeños modelados por Dios, aún en su música, con las gotas aún de su rocío- entre las verdes hojas de los úteros.
Dámaso Alonso: Hombre y Dios.Málaga, El Arroyo de los Ángeles, 1955.
Conforman el poema 38 versos blancos (combinación de heptasílabos y endecasílabos, a excepciòn del verso 30, que es pentasílabo: "Ay de vosotros"), distribuidos en cuatro agrupamientos estróficos (versos 1-12, 13-23, 24-30 y 31-38). El poema se concibe como un largo apóstrofe lírico, en el que Alonso se dirige a cualquier nasciturus o nonato -dicho técnicamente-, empleando unas interrogaciones apelativas enormemente expresivas en los agrupamientos estróficos 1, 2 y 3, y creando un climax poético ascensional que se prolonga hasta el verso 30, a base de metáforas saturadas de espiritualidad. Sirvan como ejemplos los versos 4-6 ("¿Hay en vuestras pupilas rabos de oro, / vedijitas, aún, incandescentes, / de la gran lumbrarada creadora?"), una manera poética de recordar que el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios; y también los versos 7-10, otra interrogaciòn apelativa con la que se alude a que los niños, todavía en el claustro matertno, reflejan en sus rostros las "sonrisillas de Dios" y juegan con el "niño eternal" ("¿O fraguasteis, tal vez, en su sonrisa / -sonrisillas de Dios, niños dormidos- / y juerga en vuestras salas, / niño eternal, gran inventor de juegos?"); una manera poética esta de aproximar el mundo del niño al de su creador eterno. Adviértase, por otra parte, la reiteración de la palabra "Dios" en este primer agrupamiento estrófico (versos 2 y 8, en los que dicha palabra figura, rítmicamente considerados, en la posición más relevante de ambos endecasílabos). Las interrogaciones retóricas (versos 13-20) del segundo agrupamiento estrófico (versos 13-23) siguen insistiendo en la protección divina del niño (el "dorado sueño" -verso 14-) mientras "flota" en el líquido amniótico; un lugar en que "las manos de Dios" (verso 2) se han hecho presentes y no hay embuste (versos 15-17: "¿Qué divinos esquifes ['pequeñas embarcaciones'] / -juguetes sin engaño- / cruzan el día albar de vuestro cauce?"). Y repárese ahora en la adjetivación: "divinos esquifes" (verso 15 ["divino" = relativo a Dios]), "juguetes sin engaño" (verso 16 [sin engaño = verdaderos, auténticos]), "día albar" (verso 17 [albar = blanco y puro]). Este segundo agrupamiento estrófico concluye con dos heptasílabos y un endecasílabo (versos 21-23: "¡Oh fuentes silenciosas! / ¡Oh soterradas fuentes / de los enormes ríos de la vida"!) que nos acercan a la canción 12 del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz: "¡Oh cristalina fuente, / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados, / que tengo en mis entrañas dibujadas!". La irrupción del tercer agrupamiento estrófico (versos 24-30) implica un cambio de perspectiva. Alonso expresa conmiseración (verso 30 que cierra este conjunto: "Ay de vosotros", y que es el único pentasílabo del poema que, al funcionar como pie quebrado, intensifica el valor semántico de su contenido) ante la llegada a este mundo de esos niños niños, porque "Seréis torrente en furia / que va a rodar al páramo. Seréis / indagación y grito sin respuesta" (versos 24-26). Es fácil entrever en estos versos el dramatismo del ser humano condenado por Dios al sufrimiento, una idea que siempre ha atormentado al poeta; y por eso recurre al imperativo -más como mandato que como simple exhortación- para confesar a los nonatos su ardiente deseo de que permanezcan en el seno de la divinidad: "Ay, guardad esta luz estremecida. / Ay, refrenad el agua, / volved al centro exacto" (versos 27-29).
El último agrupamiento estrófico (verdsos 31-38) desarrolla las ideas apuntadas, con un nuevo torrente de metáforas de enorme sugestión estética: los niños aún son "cieguecitos / de leche no cuajada, / de tierna pulpa vegetal, dormida" (versos 31-33); pero se dirigen hacia un mundo materialista: "Ay, copos de manteca, / que hacia el mercado vaís" (versos 34-35). La reiteraciòn del adverbio de tiempo "aún" (versos 37 y 38) reafirman la sdeguridad de Alonso de que esos niños nonatos siguen bajo la protecciòn divina: "modelados por Dios, aún en su música, / con las gotas aún de su rocío / entre las verdes hojas de los úteros". Y lo que queda claro, tras la lectura reposada del poema, es, por un lado, la eficacia expresiva de las interrogaciones retóricas -afirmaciones veladas que contienen implicitamente las respuestas-; y, por otro, la habilidad de Alonso para crear un mundo metafórico que hermosea latemática del poema. Y de todas estas metáforas nos quedamos con las que se explicitan en los versos 4-6; en las pupilas del nonato todavía hay "rabos de oro" y "vedejitas, aún, incandescentes", donde puede rastrearse "la gran lumbrararada creadora" de origen divino. Y ahora tomamos el poema "A la Virgen María, de Hijos de la ira, escrito entre 1944 vy 1945, y que se añade a la segunda edición de la obra; "un poema simbólico -en palabras de Miguel J. Flys (en su edición para Castalia, 1986)- que marca el triunfo del amor sobre la nausea existencial y las fuerzas de la injusticia y el odio". Y reparamos en los amplios versículos 20-25, en los que comienza un alegato en favor del amor, que hace crecer al ser humano, de igual manera que el vientre materno lo hace con el feto. La relación semántica con el poema "A los que van a nacer" es evidente, aunque este poema se escribiera diez años después y vaya por otros derroteros. Y los niños, ligados, sordos, ciegos, en el vientre materno antes que por primera vez se hinche a la oscura llamarada del oxígeno la roja flor gemela de sus pulmones, así ignoran la madre, protegidos por tiernas envolturas, ciudades indefensas, pequeñas y dormidas tras el alerta amor /de sus murallas. Bibliografía. Armando López Castro: “La poesía de Dámaso Alonso. https://cvc.cervantes.es/literatura/cuadernos_del_norte/pdf/40/40_52.pdf
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