FIRMA INVITADA

Irán: la historia gira, el petróleo observa

Actores chilenos exiliados en París debaten sobre su arte en un café, rodeados de carteles de protesta. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).
Gustavo Gac-Artigas | Domingo 01 de marzo de 2026

Éramos noveles actores, refugiados políticos en Francia, almas heridas por la dictadura de Pinochet. Nuestras voces eran subversivas: voces de regreso a la vida, voces de renacimiento, voces arrojadas al mundo para gritar el dolor.



Éramos noveles actores, refugiados políticos en Francia, almas heridas por la dictadura de Pinochet. Nuestras voces eran subversivas: voces de regreso a la vida, voces de renacimiento, voces arrojadas al mundo para gritar el dolor.

No era el “libertad-libertad” que había resonado por última vez allá arriba, en la cordillera, en Chuquicamata, con mi otro grupo, el Teatro Experimental del Cobre: jóvenes que levantaban su voz para intentar detener la dictadura que se avecinaba, voces contra fusiles en 1973.

En tres vehículos solidarios salimos de París rumbo a Nancy, los autos forrados de afiches: una boca reproduciendo el grito de José Balmes y la consigna “Chili-Liberté”. Comenzábamos a navegar por aguas desconocidas.

Al llegar fuimos recibidos con flores, las flores con que el Sha Mohammad Reza Pahlavi había tapizado el teatro donde debía presentarse ese día el grupo oficial que representaba a Irán.

En las sombras, en la periferia de París, el ayatolá Ruholá Musaví Jomeiní esperaba su turno, organizaba las protestas en la calle y preparaba el regreso.

La Revolución Islámica estaba en marcha.

Rostro severo, hablar seco, mirar sombrío se dirigía a su pueblo y al mundo.

El líder supremo se preparaba para gobernar.

El mundo abrazaba otro absolutismo.

Portada de revistas, esperanza de un pueblo, extendía su manto sobre Irán.

Los ayatolás llegaron en alas de la esperanza, llevados por manifestaciones que exigían respirar. Persia reaparecía en los sueños. La muerte y la represión aguardaban.

De una dinastía, de una monarquía de 2.500 años, al oscurantismo religioso.

Pobres mujeres.
Pobres actores a quienes les habían quitado las flores y la voz.
Pobre pueblo de Irán.

Hoy, sin flores ni carteles, en mi escritorio y no en la A4, leo sobre la muerte de: el líder supremo Ali Khamenei.

La autoridad eclesiástica hundida bajo el humo de las bombas.

Dos jinetes de la muerte, modernos ayatolás sin turbante toman las riendas del mundo para recrearlo a su imagen y semejanza.

Barren gobiernos, por indefendibles que sean.

Instalan otros en una nueva democracia:

CON NOSOTROS O CON LA MUERTE.

Un descendiente del último Sha, Mohammad Reza Pahlavi, figura entre los candidatos a retomar el poder.

Quien reemplace a los ayatolás llegará cabalgando sobre bombas en un nuevo apocalipsis.

¿Qué nos espera?

Y yo,

yo sigo soñando

“libertad-libertad”.

¿Dónde te encuentras?

Y miro con desconfianza al cielo

preguntándome qué nos depara el futuro,

mientras el mundo gira y gira

en una nueva

vieja

era.

Bajo tierra,

el petróleo

observa el cielo.

Gustavo Gac-Artigas. Poeta laureado, novelista, dramaturgo y hombre de teatro chileno. Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), del PEN Chile y del PEN América. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y académico de la Academia Tomitana y de la Academia Universalis Poetarum.

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