Revista malagueña “Litoral”.
Señales de Juan Rejano.
https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000646476
Carlos Mellizo: “La tarde: últimos versos de Juan Rejano”.
https://www.cervantesvirtual.com/obra/la-tarde-ultimos-versos-de-juan-rejano-1161835/
Juan Rejano nació en Puente Genil -Córdoba-, en 1903, y murió en México, en 1976, cuando estaba preparando su regreso a España. Ejerció el periodismo en zona republicana y, al termino de la Guerra Civil se exilió en México, y allí desarrolló su carrera como escritor (en España solo había publicado algunos poemas en revistas literarias). Cuenta con más de una treintena de poemarios publicados -varios de ellos a título póstumo-, entre los que destacan los titulados Memoria en llamas (1939), Fidelidad del sueño (México, Editorial Diálogo, 1943), El Genil y los olivos (México, Litoral, 1944), El oscuro límite (México, Cuadernos americanos, 1948), Noche adentro (México, Compañía Editora y Librera ARS, 1949), Oda española (A Dolores Ibárruri) (México, Nuestro tiempo, 1949), Libro de los homenajes (México, UNAM, 1961), El jardín y la llama (México, Finisterre, 1966)… Con posterioridad a su muerte vieron la luz, entre otros, los poemarios La tarde (México, Arte y Libros, 1976; Málaga, Centro Cultural de la Generación del 27, 1989. Edición de Teresa Hernández), Elegías mexicanas, México, Era, 1977), La Mirada del Hombre Nueva suma poética (1943-1976) (Madrid, Casa de Campo, 1978; Anthropos, Barcelona, 1988. Introducción de Aurora de Albornoz) y Acordes. Las cuatro estaciones (1989). En muchas de sus obras se trasluce la nostalgia del desterrado por su tierra natal, como también su compromiso político y testimonial -fue militante del PCE-. Conviene recordar, no obstante, que su poesía evolucionó de la denuncia social (Fidelidad del suelo -1943-, Fulgor violento -1947-, Canciones de la paz, -1955-) al intimismo (El libro de los homenajes -1961- y La tarde -1976-).
Rejano llevó a cabo en México una intensa labor de difusión cultural y siguió escribiendo artículos periodísticos sobre los más variados temas (en Ciudad de México dirigió la sección cultural del diario El Nacional -desde 1969 hasta 1975).
Y el poema que aquí traemos recoge a la perfección la situación personal de Rejano: ese pez ”navegante entre dos aguas” (verso 4) alude al propio autor, que nació en España y estuvo exiliado en México hasta su muerte, escapando “de la red que lo aprisiona” (versos 6 y 7), “fugitivo y aventurero” (verso 9). Pero es, sin duda, la primera agrupación de versos la de mayor encanto poético, por las delicadas imágenes que contiene, ya que el pez es “gorrión de las orillas, / de los abismos lebrel”, y que conforman un irracional quiasmo (disposición en órdenes inversos de los miembros de dos secuencias consecutivas) gran acierto poético. La grata musicalidad de la consonancia de algunas rimas (“aventurero/marinero/ligero/barquero”) y el final abierto: (¡Ay, la niña del barquero / se ha enamorado del pez!)” ayudan a crear un clima poético de alta eficacia estética.
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Juan Rejano “se encontró” en 1959 con el escultor y pintor Alberto Sánchez Pérez (Toledo, 1895-Moscú, 1962), creador, junto a Benjamín Palencia, del movimiento de vanguardia plástica conocido como Escuela de Vallecas; y exiliado en la URSS). Y en recuerdo de aquel encuentro ha quedado este poema. El escultor se ha convertido en un “labriego / sideral”, porque con sus “nobles / herramientas” ha logrado que de sus manos nazcan “estrellas como niñas asombradas”...
En tu casa resuenan
todavía pisadas
juveniles.
Sigues lleno
de la gracia inefable
como cuando de niño
derribabas
el toro de la luz
con la mirada
y Castilla dejaba que a tus hombros
bajasen las palomas
de la tarde.
Te miro, te recorro
en lo profundo:
este barro de hoy tiene el mismo
candor, el mismo aire
esbelto
de tu primer sueño.
Has vencido,
has vencido, labriego
sideral. De las manos,
estrellas como niñas asombradas
te nacen. Lo increado
vuelve a ti. Pero calla. No es la hora
de hablar. Estás ardiendo
otra vez. Toma las nobles
herramientas
y sal por el portón
trasero de la casa,
por el que al campo da. Procura
que sea el alba,
lo mismo
que en Bargas la primera
vez. ¿O acaso fue
en Argamasilla?
Dichosa edad…
No mires
atrás. Camina. Ya
nunca estarás
solo.
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Recuperamos del libro de Francisco Giner de los Ríos Elegías y poemas españoles (Mëxico, Finistrerre, 1967) el poema que le dedica a Juan Rejano (pág. 75):
Hoy, "sin salir de mí", por tu poesía,
largo camino, Juan, he recorrido,
y mi angustia y mi fe han florecido,
hermana de la tuya mi agonía.
Por el dolor, mañana, la alegría
y ese amor que la tierra ha mantenido
con su lejano campo revivido
en el hondón del alma cada día.
En tu íntima muralla se liberta
y se desata sola la hermosura.
Hoy del silencio salgo, roto el nudo
que me ahogaba la voz. Y se despierta,
en honda comunión con tu amargura,
sobre tu verso el corazón desnudo.
Original de Giner de los Ríos:
https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1012317