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EL VENENO DEL TEATRO

El veneno del teatro

El teatro ¿qué es?

Alberto Morate | Viernes 10 de abril de 2026

Cabría preguntarse, el teatro ¿qué es? La respuesta es amplia y puede contener mil matices, interpretaciones, puntos de vista. En lo que todos estarán, más o menos, de acuerdo es en que es ficción disfrazada de realidad o, quizá, lo contrario, la esencia de la existencia humana transformada en mentira para que resulte menos dolorosa.



El teatro es la vida misma, se oye muchas veces comentar como respuesta. Hay una simbiosis palpable y visible que conecta los dos mundos, el ficticio y el verdadero, aun dudando de cuál es el verdadero, por eso también, supuestamente, necesitamos el teatro como vehículo de expresión, como escaparate de nuestras emociones y sentimientos, como denuncia de la sociedad, antigua y presente, en la que estamos inmersos.

El veneno del teatro, de Rodolf Sirera, texto de 1978, utiliza el duelo psicológico entre dos personajes para reflexionar sobre el hecho teatral en sí mismo.

Un aristócrata y un comediante plantean esa realidad frente a la ficción, o viceversa. En el montaje que actualmente se representa, con Robert Torres en la dirección de escena y transformando los personajes al sexo femenino se mantiene ese planteamiento de si en el escenario las vivencias de los intérpretes son reales, aportan su propia experiencia, lo sienten como auténtico o no deja de ser un mero fingimiento donde sobresaldrá el que mejor engañe, por así decirlo.

En este caso, la marquesa y la actriz, Marta Sangú y Silvia Maya, con el texto impecable de Rodolf Sirera, juegan, al menos uno de los personajes, la marquesa, a extraer la verdad de la intérprete, con engaños, también con mentiras a modo teatral, para que su oponente, actúe sin máscaras, siendo totalmente sincera, según su criterio. Porque no dejará de estar engañada y, por lo tanto, también forma parte de la farsa teatral.

También se deja entrever una lucha de clases, una diferencia social de quien ostenta el poder económico y de quien se ve obligada a ser actriz para ganarse la vida, aunque ya se haya convertido en su modo de vida, imprescindible y necesario.

Ahí está el dilema de esta pieza teatral que nunca pasará de moda, los intérpretes ¿deben creerse su papel? o hacerlo con la mayor técnica posible a base de ensayos y experiencia.

Bien está el cambio de roles a femeninos, es una perspectiva nueva que, realmente, no varía con respecto al libreto original. Ahora bien, los personajes resultan un poco fríos o distantes, aunque se ha intentado cerrar una atmósfera agobiante con oscuros, imposibilidad de escape, y donde asistimos como testigos de una macabra decisión; es como si hubiéramos sido invitados tipo voyeurs en la frialdad científica de un experimento.

El veneno del teatro es de esas obras que se quedan grabadas para siempre en un rincón del corazón, que uno sigue admirando a pesar de los años transcurridos, porque aún no se han resuelto las preguntas que plantea, porque seguimos dudando si lo que vivimos es verdad o mentira, si es un sueño o lo experimentamos contundentemente, si lo fingido también puede ser verdadero y lo real un argumento que se escribe cada día.

INFORMACIÓN

EL VENENO DEL TEATRO

Autor: Rodolf Sirera
Versión en castellano: José María Rodríguez Méndez
Dirección y adaptación: Robert Torres
Intérpretes: Silvia Maya, Marta Sangú
Música: Marcelo Zarvos
Compañía: Cía Robert Torres
Teatro Fernán Gómez – Sala Jardiel Poncela

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