Sinestesias, desplazamientos calificativos e hipálages [1] -tan propios del estilo simbolista de Juan Ramón Jiménez- encontramos en las primeras obras de Vicente Aleixandre. [2] Citaremos un par de ejemplos de poemas tomados de La destrucción o el amor (Madrid, Signo, 1935).
Reproducción digital del poema.
https://www.poesi.as/va350207.htm
Repárense en los siete versículos que constituyen el primer agrupamiento estrófico del poema. Todo él está dominado por un sentimiento de tristeza que aflora por doquier y, por eso, la “quietud” de la “noche” se ha hecho “oscura” (oscura quietud). (Este poema se publicó por primera vez en la Revista de Occidente (CXVIII, abril de 1933).
Veamos ahora otro agrupamiento estrófico (versículos 40-44) con el que concluye el poema titulado “Las águilas”, publicado inicialmente en Los cuatro vientos, 3 (Madrid, junio de 1933).
Reproducción digital del poema.
https://www.poesi.as/va350603.htm
Es obvio que el adjetivo “furiosas”, que debería acompañar al nombre “águilas”, ha pasado a calificar al nombre “arpas” (arpas furiosas), en tanto que la combinación sintagmática “de metal sonorísimo” se está aplicando al nombre “águilas”, en lugar de al nombre “arpas” (águilas de metal sonorísimo). De esta manera -potenciando la sinestesia con un doble desplazamiento calificativo- Aleixandre obtiene unos versículos de gran expresividad, que contribuyen a crear el ascensional clímax emocional con que se cierra el poema.
Aleixandre siguió empleando estos procedimiento retóricos en obras posteriores a Sombra del paraíso (Madrid, Adán, de 1944); y, como ejemplo, nos centramos en el tercer agrupamiento estrófico (versículos 10-22) del poema “No existe el hombre”, incluido en Mundo a solas (Madrid, Clan, 1950).
El influjo de la luna sobre el mar se expresa con este excelente versículo (el 14): “Mueve fantástica los verdes rumores aplacados”; es decir, que las olas marinas, de tono verdoso, producen un leve sonido -“rumores”-, que puede ser, por tanto, calificado con el epíteto “verdes” que las caracteriza; y así se origina la inusitada combinación sintagmática “verdes rumores”.
NOTAS.
[1] José Antonio Mayoral considerar la hipálage como una imagen que “consiste en un peculiar artificio de intercambio entre los epítetos asignados a unos determinados sustantivos en el interior de un enunciado.” (cf. Figuras retóricas. Madrid, Síntesis, 1994, pág. 251); aunque matiza que el mismo procedimiento observado en el intercambio de epítetos “se hace extensivo también al ámbito de las categorías verbales o, si se prefiere, de los predicados respecto de sus sujetos o complementos, en el espacio de un mismo enunciado.” (ibídem, pág. 252).
Por su parte, Saad Mohamed Saad, discrepando de la opinión tradicional que condiciona la hipálage a la existencia de un adjetivo calificativo, amplía su radio de acción a otras categorías gramaticales y, en base a criterios puramente formales, la define como “una figura que consiste en la atribución de un rasgo semántico (o conjunto de rasgos) a un lexema que —en propiedad— no puede ser combinado con dicho rasgo, al ser éste rasgo propio de otro lexema”. (cf.: “La hipálage: estudio lingüístico con especial atención a las obras de Juan Ramón Jiménez y Rafael Alberti”. Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica. Servicio de publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid, 2005, núm 23, págs. 165-179.
https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/DICE0505110165A/12038
[2] López Martínez, María Isabel: “Sinestesias en la poesía de Vicente Aleixandre”. Anuario de estudios filológicos, volumen 14. Servicio de publicaciones de la Universidad de Extremadura, 1991, págs. 283-300. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=58725
[3] Vicente Aleixandre: La destrucción o el amor. Madrid, editorial Castalia, 1993. Colección Clásicos Castalia, núm. 43; pág. 148. José Luis Cano, editor literario.
[4] Vicente: Aleixandre: La destrucción o el amor. Op, cit., págs. 216-217.
[5] Vicente Aleixandre: Mundo a solas. Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 1998.