García Nieto recurre al verso eneasílabo para la construcción de un romance de arte mayor, en este caso con 28 versos, de los que riman todos los pares en asonante /á-e/. A efectos de la distribución del contenido, los espacios en blanco separan aparentes agrupaciones estróficas, con un número de seis versos las dos primeras, y, de cuatro, las cuatro restantes.
Para poder apreciar mejor el poema, es necesario contextualizar debidamente algunas de las referencias culturales incluidas en él por García Nieto. En primer lugar, la mención de los ángeles, ya en los versos 1 y 2; son esos «ángeles custodios» –o guardianes– que ofrecen la protección divina a todo ser humano; y, por esta razón, el poeta se aprovecha de la paronomasia «me velan/ me valen» para aludir a esa finalidad protectora que a los ángeles les ha sido confiada; y, además, la catedral de Santa María cuenta con un verdadero ejército de «ángeles custodios alados». En segundo lugar, cuando el poeta, en el verso 7, habla de «Arlanzas» y «Arlanzones» –usando plural por singular–, alude a los ríos Arlanza –que es afluente del Pisuerga que discurre por las provincias de Burgos y de Palencia– y Arlanzón –afluente del Arlanza que pasa por Burgos y parte en dos la capital–; todos estos ríos se incorporan al Duero. Y, en tercer lugar, «el arco de Santa María / donde la piedra amor se hace» (versos 15-16) –una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad, declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1943– fue construido entre 1536 y 1553, y comunica el puente de Santa María –sobre el río Arlanzón– con la plaza del rey san Fernando, donde se yergue la catedral. En este arco se encuentra el ángel custodio de Burgos –que sostiene una reproducción de la ciudad– y, asimismo, la Virgen Santa María, patrona y defensora de Burgos.
Y precisamente la presencia los ángeles es uno de los ejes que vertebran el poema: así, en los versos 1-2 («Ángeles son los que velan; / ángeles son los que me valen»), 13 («Ángeles son los que te cantan» [a Santa María]), y 27-28 («Los enviados ya se acercan: / ángeles son, ángeles, ángeles»); versos todos ellos en los que la reiteración del paralelismo le confiere una innegable unidad estructural. No obstante, podemos considerar el poema dividido en dos partes: versos 1-12 y versos 13-28; y, a su vez, la primera parte se subdivide en dos: versos 1-6 y versos 7-12.
Tras ese «juego paronomásico» con la tercera persona del plural de los verbos «velar / valer», que le sirven a poeta para acercarse a los ángeles como «custodios y valedores» de su persona, el poeta se dirige directamente al Niño Dios («Tú, Niño Dios», en construcción pronombre+aposición, de enorme fuerza expresiva), un Niño Dios que parece renacer en las altas tierras burgalesas de frondosos pinares y fríos rigurosos, para que interceda por él («lleva mi nombre») ante la Virgen María. Los versos «[...] hasta tus vírgenes, / que de todas y de una naces» deben ser entendidos con el significado de que la Virgen María es una sola, pero expresada con diferentes advocaciones marianas (y de ahí el plural «vírgenes») según el lugar donde se venera. (San Juan –el discípulo predilecto–, en su evangelio, la llama exclusivamente «Madre de Jesús», y nunca María). En los versos 7-12 el poeta utiliza los ríos burgaleses Arlanza y Arlanzón, y a la frialdad de sus aguas, vueltas cristales –quizá en velada alusión al concepto de pureza– para, en una bellísima imagen, presentar la virginidad de María: «pero el cristal que Tú has pasado, / tan sin romperle y sin mancharle». [La originalidad de la imagen empleada por García Nieto –y su belleza– queda realzada en comparación con otra, en parte, similar, de Manuel Machado que, en su libro Apolo. Teatro pictórico, trató de llevar a cabo la comunión entre la poesía y la pintura. Con este terceto termina el soneto «La anunciación (Beato Angélico)»: «que ataviado de perlinas galas [las alas del ángel celestial] / fecunda el seno de la Virgen pura / como el rayo del sol por el cristal»]. Por otra parte, ya San Agustín decía, en el siglo IV: «María fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante el embarazo, Virgen en el parto, Virgen después del parto, Virgen siempre».
Los versos 11-12 culminan la metáfora –dotándola de una sorprendente calidez afectiva– al convertir los ríos burgaleses que fluyen «hacia un mar interminable» en «arroyo de tibieza».
La segunda parte se inicia con cuatro versos (13-16) en los que el arco de Santa María –de la antigua entrada a Burgos– se convierte en «el portal de los portales»: en él los Ángeles cantan a la Virgen y «la piedra amor se hace». Los dos leves hipérbatos realzan la armonía de los versos, que culminan en la acendrada espiritualidad del 16, al convertir en amor la piedra36. En los cuatro versos siguientes (17-20), el poeta se dirige directamente a los ángeles para que le doten de alas para poder acompañarles en sus vuelos –en alusión a la elevación espiritual de su alma–: «y adivine con cada vuelo / el aire vuestro, el aire, el aire» (versos 19-20, con una anadiplosis final de «altos vuelos» poéticos. El verso 21 repite literalmente el verso 3 («Tú, Niño Dios, Burgos arriba»), porque el poeta cambia de destinatario para su «discurso»: ya no se dirige a los ángeles, sino, de nuevo, al Niño Dios, gracias al cual la realidad toda se trastoca, porque la mejora: con él se superan las dificultades («haces lo más difícil fácil»), vuelve la esperanza a la Humanidad que esperaba su llegada («esperanza has dado a la espera») y renueva al ser humano, lo que metafóricamente se expresa con una imagen de tradicional calado: «y [das] orilla nueva al viejo cauce»; imagen a la que el quiasmo «nombre-adjetivo/adjetivo-nombre» dota de un extraordinario equilibrio, acorde con el contenido. Y en los versos finales, el poeta aparece en primer plano, en un eneasílabo con todas las sílabas pares portadoras de acentos rítmicos: «De Soria a Burgos yo era un niño». Es ese niño «que en el hombre de hoy renace» (las palabras «hombre» y «hoy» son portadoras de acento extrarrítmico y rítmico, respectivamente, y concentran en ellas toda la tensión rítmica y emocional del verso); y estos dos versos (25 y 26) representan el clímax poético del poema, que concluye con la invocación a los ángeles, cuya cercanía el poeta intuye: «ángeles son, ángeles, ángeles», reiteración léxica que entronca con los versos iniciales: «Ángeles son los que me velan; / ángeles son los que me valen». Este «nacimiento en Burgos» ante «el portal de los portales» –que es el arco de Santa María»– no es, pues, sino el renacimiento espiritual del propio poeta. Y Burgos era la ciudad apropiada.
Referencias contextuales.
"La ciencia que esconde la Catedral de Burgos" es una serie documental de 8 capítulos realizada con motivo del VIII Centenario de la Catedral de Burgos por la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Burgos, con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología-Ministerio de Ciencia e Innovación.
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