FIRMA INVITADA

MANERAS DE MORIR

Una bomba atómica cae sobre una ciudad moderna, mientras la gente corre aterrorizada bajo un cielo oscuro. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).

PLAZA DE GUIPÚZCOA

Begoña Ameztoy | Martes 19 de mayo de 2026

Vamos a morir todos. Vale, pero que no nos maten antes de tiempo. Y menos contaminados por heces de ratas. No puedo imaginar una muerte más abyecta y vil.



Prefiero la caída de ese maldito meteorito que nunca llega. Y si me apuras, hasta un buen zambombazo nuclear. Llámame loca, pero también te digo que me jodería mucho que fueran los iranies. Por muy infame que sea esta civilización, los que estamos en el lado bueno de la historia merecemos una leyenda y una épica final mínimamente digna. Como Pompeya, más o menos. Fíjate que aún están encontrando restos. El otro día apareció entre las cenizas una especie de bidé para limpieza de bajos. Los pompeyanos eran desinhibidos, calentorros y promiscuos y practicaban mucho el “sexting” y el “ghosting” que diría Ábalos.

Lo que han descartado del catálogo de maneras de morir, es el apocalipsis climático producido por el agujero de la capa de ozono. ¡Qué cuajo tienen, tío! Después del chorreo que nos metieron con el CO, el carbón, el metano y los pedos de las vacas. Menos mal que no me creo nada de lo que nos cuentan. Ahora dicen los “expertos” (hay más expertos que instagramers) que para el 2050 no quedará ni rastro del agujero. Aunque aún se abre en la Antártida, reconocen que cada vez se cierra más rápido y es más pequeño. Para el 2050 los expertos de ahora estarán jubilados y los que vengan detrás que arreen. Ya se buscarán otro desastre nuclear que llevarse a la boca. Mantenella y no enmendalla. El caso es tenernos acojonados.

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