Poema de 15 versos heterométricos, con predominio del pentasílabo (todos los versos, a excepción del tercero y del duodécimo, que son trisílabos, y de noveno y del décimo, que son hexasílabos). Si dividimos el poema en cuatro partes (versos 1-2, 3-8, 9-12 y 13-15), podemos observar algunas peculiaridades en las rimas asonantes. Entre los versos 1 y 12, se mantiene la asonancia /é-a/ en los pares, asonancia que pasa a los versos impares entre el 13 y el 15. Por otra parte, la asonancia /á-a/ es común a los versos 9, 11 y 14, y la asonancia /í-o/ a los versos 7, 5 y 5, mientras que el primero queda suelto (/ó-a/). Esto quiere decir que los versos 3-8 formarían una variedad de sextilla -la alterna- con rimas cruzadas, los versos 9-12, una carteta, también, por tanto con rimas cruzadas, y los versos 13-15 una soleá. Y, de esta manera, la distribución de estrofas justifica no solo las rimas, sino también la división en breves partes del poema, con un dístico inicial heterométrico en el que el primer verso es el único que no rima con ninguno, y centra la atención en el nombre de la protagonista del poema: “La Lola”.
¿Y de qué Lola se trata? Probablemente, la Lola a la que alude García Lorca sea la misma de la obra de los hermanos Machado La Lola se va a los puertos (Madrid, editorial Biblioteca Nueva, 1998]). Tal vez esta Lola sea una célebre cantaora de la isla de San Fernando, del siglo XIX. Los toreritos (verso 3), la albahaca y la hierbabuena (versos 9-10; amas son plantas muy olorosas) siguen enmarcando el tono andaluz que envuelven las saetas que “la Lola” (versos 1-2 y 10-11) interpreta desde los balcones de casas sevillanas al paso de la imaginería religiosa; una Lola que se miraba en la alberca que reflejaba su rostro como en un espejo (versos 13-15).
Interpretación musical.
Lole y Manuel.
“Madrugada” cierra el “Poema de la saeta”. Composición de 14 versos heterométricos dividida en cuatro partes, en el que las rimas asonantes no guardan un patrón definido. Los versos 1-3 se repiten al final del poema (12-14) con una sola variante: la conjunción adversativa “Pero” del verso 1 -que es heptasílabo- añade antes de ella la interjección “¡Ay!” en el verso 12, que se convierte así en octosílabo. En el primer caso, la conjunción adversativa a principio de verso da énfasis o fuerza expresiva a lo que se dice, al no referirse a ningún verso anterior; y, en el segundo, es la interjección “¡ay!” que que aumenta la afectividad anímica para expresar aflicción, de manera que la oración que encabeza adquiere una tonalidad exclamativa. Por lo tanto tienen la misma rima los versos 1 y 12, que son agudos (/ó/), y los versos 2-3 y 13-14 (/é-o/). Por lo demás, la asonancia /é-e/ se repite en los versos 4 y 7, la asonancia /á-a/ en los versos 9 y 10, y la asonancia /í-o/ en los versos 6 y 11; quedan sueltos los versos 5 (/é-a/) y 8 (/ú-a/). Y, una vez más, garcía Lorca ha sabido combinar adecuadamente el número de sílabas de los versos en razón de los que presentan la misma rima, lo cual añade al poema un cierto dinamismo, completado por el único encabalgamiento (versos 6-7: “lirio / caliente”).
El poema contiene sorprendentes efectos visuales y sinestésicos (verso 4: “noche verde”; versos 6-7: “rastros de lirio / caliente”), así como afortunadas metáforas. la luna en su cuarto menguante/creciente, es vista como una “quilla” (verso 8) entre “nubes moradas” (verso 9); y las gotas del “rocío” de la noche (verso 11) cubren “las aljabas” que usan los “arqueros/saeteros” para depositar las flechas (verso 10), en clara referencia al cese de las saetas (“y las aljabas / se llenan de rocío”). Y de ahí que los saeteros “están ciegos”; imagen bisémica que se extiende al campo del amor.