LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“EL QUESO Y LOS GUSANOS”

Menocchio muele harina en un molino del siglo XVI al amanecer, rodeado de campos de trigo y campesinos. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 30 de mayo de 2026

Un estudio acerca de un molinero del siglo XVI llevado a la hoguera por hereje, construido como una novela policiaca. Un revolucionario cambio de perspectiva anteponiendo el mundo mental de ese humilde molinero a las grandes figuras de su tiempo. Medio siglo después de su publicación, El queso y los gusanos sigue siendo una lectura obligada para entender el mundo contemporáneo con mente abierta. “No se crea tanto la posverdad de los expertos”, parece aconsejarnos su autor, “a veces hay más verdad en los puntos ciegos”.



Carlo Ginzburg creció rodeado de libros. Su madre, Natalia, fue una de las grandes novelistas del siglo XX. Su padre, un judío de Odesa especializado en literatura rusa. Cuando se estrena como historiador, está más cerca de Italo Calvino que de la historiografía al uso. Con El queso y los gusanos funda una nueva corriente: la Microhistoria; es decir, estudiarla no desde los tronos del poder y la gloria, los de los personajes prominente, sino desde abajo, desde la gente del común y sus circunstancias. El caso de ese molinero del XVI, Doménico Scandella, alias Menocchio.

¿Cuál fue su herejía? Proclamar una insólita visión del caos cósmico en la que veía a Dios y a los ángeles como gusanos emergiendo de un gran queso. La primera vez, le condenaron a cadena perpetua y le liberaron a los dos años. Menocchio perseveró: esta vez la codena fue inapelable: la hoguera. ¿Quemado vivo por empecinarse en esa cosmografía alucinante, la del queso y los gusanos? Parece un disparate, pero se trata de una visión muy semejante a la que pintan los libros sagrados de la India, los Vedas. También la física cuántica.

¿Cómo llegó a concebirla aquel molinero del XVI? Menocchio sabía leer escribir, pero lo justo para hacer sus cuentas. Entonces, ¿de dónde le venía ese raro conocimiento? A partir de esta pregunta, Ginzburg se desdobla en Sherlock Holmes y en Sigmund Freud. Siguiendo pistas perdidas descubre viejas tradiciones paganas latentes en las clases bajas, una suerte de inconsciente colectivo universal. Y algo más: la cercanía entre Menocchio y Don Quijote. El molinero real y el personaje de ficción en rebeldía con el orden social y sus molinos, en los que ve gigantes rampantes.

¿Dónde están hoy esos molinos, y dónde los gigantes? ¿Qué forma tiene el queso, y quiénes son los gusanos? Dicho en otras palabras: ¿Qué sabemos de la gente más allá de las encuestas? ¿Con qué sueñan, más allá de los sueños inducidos por la publicidad? ¿En qué creen realmente, una vez consumada la implosión de las ideologías? En suma, ¿dónde están los nuevos herejes y por qué lo son?

La rueda que hace girar la mente del molinero no está a la vista: no engrana con su clase social, ni con el discurso dominante. Y, sin embargo, como la visión ilusoria de Don Quijote, mueve montañas. Del sueño a la realidad, preguntémonos por la función de los nuevos gusanos. Tal vez estén ahí para que nadie sepa quién se ha comido el queso.

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