Se ha ido el Papa, pero empieza el Mundial. Esto es un no parar. Si el Papa te ama y procura la salvación de tu alma, papá Estado, que también te ama y vela por ti, no pierde de vista tus necesidades.
Conoce las bajas pasiones humanas y es capaz de pergeñar, minuto resultado, operaciones secretas, movidas, pifostios, cortinas de humo y la de dios es Cristo. Todo para que no te comas la cabeza con bulos y “marrullerías” (que dirían los viejunos Tip y Coll). Lo hacen por tu bien. No te rayes, deja que doña Democracia piense por ti. No te rebeles, no reflexiones, no dudes. Relájate, y disfruta. Asume tu destino vasallo y plebeyo y entra a saco en el Mundial. Mundial solo hay uno, el de fútbol, donde polarizar no es pecado. Polariza a saco, a calzón quitado. Puedes ser de un bando o del otro sin complejos ni remordimientos y dar rienda suelta a tus más bajos instintos. Así da gusto, tío. Carpe Diem.
Estamos hartos de tanto sermón: De ser buenos, compasivos, acogedores y poner la otra mejilla. O como predica Zapatero, el ínclito Faro de Occidente “tener poco y dar mucho”. También te digo, desde mi cristianismo ecuménico y sin acritud, que discrepo totalmente de León XIV. Polarizar no es pecado y en su primera acepción, define como "atraer a tu causa y captar adeptos”. Lo que pasa es que no conocemos el significado de las palabras. Así nos va. Otra cosa es que una polaridad quiera confrontar y enfrentarse a la otra polaridad a leches y a patadas, como en el fútbol. Por cierto, estoy apuntada a una porra del Mundial. Brasil-España-Francia, es mi palmarés ganador ¡Vaamoooos!