En solo diez versos, García Lorca canta la maravilla del amor (verso 3: “eras junco de amor, jazmín mojado”; verso 5: “eras rumor de nieve por mi pecho”), que es capaz de vencer todas las dificultades -simbolizadas en una despiadada naturaleza terrestre y celeste-. No obstante, y como es denominador común en la sección de “gacelas” del Diván del Tamarit, las reglas sociales y religiosas fijan los cánones a los que debe ajustarse el “amor de pareja”, a los que en modo alguno se ajusta el poeta, y de ahí su concepción del amor como un sentimiento aflictivo que causa dolor en los amantes, tal y como queda reflejado en los dos pareados que cierran el texto (versos 7-10).
El poema está compuesto por cuatro estrofas: la primera y la segunda son una variante de la soleá; y la tercera y la cuarta forman dos pareados monorrimos, con asonancias /á-o/ y /é-o/, respectivamente. Y aun cuando los versos son heterométricos, hay una regularidad en su ubicación y distribución perfectamente calculada en la que se combinan cuatro pentasílabos (versos 1, 4, 7 y 9), dos hexasílabos (versos 2 y 5) y 4 endecasílabos (versos 3, 6, 8 y 10). Este es, pues, el esquema de las estrofas, con sus correspondientes asonancias:
Soleá 1. Estrofa 1:
Verso 1: pentasílabo; rima: /é-o/.
Verso 2: hexasílabo; rima asonante: /á-o/.
Verso 3: endecasílabo; rima asonante: /á-o/.
El endecasílabo es de tipo melódico pleno (con acentos en las sílabas 1.ª, 3.ª, 6.ª, 8.ª y 10.ª El verso 1 queda suelto, y el segundo y el tercero riman en asonante /á-o/.
Soleá 2. Estrofa 2:
Verso 4: pentasílabo; rima: /á-a/.
Verso 5: hexasílabo; rima asonante: /é-o/.
Verso 6: endecasílabo; rima asonante: /é-o/.
El endecasílabo es de tipo sáfico corto pleno (con acentos en las sílabas 1.ª, 4.ª, 6.ª y 10.ª). El verso 4 queda suelto en la estrofa, y los versos 5 y 6 repiten la rima asonante del 1: /é-o/.
Pareado 1. Estrofa 3:
Verso 7: pentasílabo; rima asonante: /á-o/.
Verso 8: endecasílabo; rima asonante: /á-o/.
El endecasílabo es de tipo melódico puro (con acentos en las sílabas, 3.ª, 6.ª y 10.ª). La asonancia monorrima del pareado repite la de los versos 2 y 3: /á-o/.
Pareado 2. Estrofa 4:
Verso 9: pentasílabo; rima asonante: /é-o/.
Verso 10: endecasílabo; rima asonante: /é-o/.
El endecasílabo es, igualmente, de tipo melódico puro (con acentos en las sílabas, 3.ª, 6.ª y 10.ª). La asonancia monorrima del pareado repite la de los versos 1, 5 y 6 /é-o/.
Si presentamos gráficamente esta estructura métrica, obtendremos esta sugestiva disposición de estrofas, versos y rimas, responsable de la cadencia musical del poema:
Estrofas.
Soleá 1 y 2: versos, en orden sucesivo, de 5, 6 y 11 sílabas.
Pareados 1 y 2: versos, en orden sucesivo, de 5 y 11 sílabas.
Disposición de rimas asonantes según el número del verso en el conjunto del poema:
/é-o/(1), /á-o/(2), /á-o/(3).
/á-a/(4), /é-o/(5), /é-o/(6).
/á-o/(7), /á-o/(8).
/é-o/ (9), /é-o/(10).
Por otra parte, este ritmo musical se crea también a través de las repeticiones:
“de los malos campos” (verso 2)/“de los malos cielos” (verso 5).
“eras junco de amor...” (verso 3)/“eras rumor de nieve...” (verso 6).
“cielos y campos” (verso 7)/“campos y cielos” (verso 9).
“anudaban cadenas en mis manos” (verso 8)/“azotaban las llagas de mi cuerpo” (verso 10).
En los dos primeros versos (“Con todo el yeso / de los malos campos”), el poeta se refiere a las tierras áridas de la Vega de Granada, requemadas por el sol estival: es la “dureza” de un entorno que pone dificultades a la relación de los amantes. Pero “lo maravilloso” del amor supera todos los inconvenientes: “eras junco de amor, jazmín mojado” (verso 3), imágenes que evocan una sensación de frescura. El junco es, en García Lorca, símbolo de un cuerpo esbelto de cintura flexible -en este caso, el del amante-, y el hecho de que crezca en las riberas de los ríos intensifica esa impresión de frescor que contrasta con un calor tan sofocante como opresivo. Y junto al junco, el jazmín, con su blancura y grato olor, que aporta fragancia y delicadeza; un jazmín “mojado”, adjetivo este que, además de introducir elementos sinestésicos, pone una nota de encendido erotismo en medio de los ardores estivales. Así describe el poeta a su amante en la canícula granadina, aun cuando la forma verbal imperfectiva “eras” sitúe la relación amorosa en el pasado.
En la segunda estrofa, y en los versos 4-5 (“Con sur y llama / de los malos cielos”), se repite el esquema de los versos 1-2; pero ahora el poeta no alude a la tierra yerma, sino al cielo ardiente del verano granadino, con agobiante sol de fuego: de nuevo el entorno obstaculiza la unión de los amantes, pero de nuevo también el amor es capaz de sobreponerse a la adversidad de un entorno hostil: “eras rumor de nieve por mi pecho” (verso 6); una imagen -ese “rumor de nieve”- que, por contraste, vuelve a evocar la frescura: es el alivio que el amor trae consigo y que invade el corazón del poeta. Se complementa así la descripción del amante, pero continúa el empleo de la forma verbal imperfectiva “eras”, que retrotrae a un tiempo pasado un afortunado amor que sirve, pues, de punto de partida para la construcción del poema.
En la tercera estrofa -primer pareado- se reúne en un todo unitario lo que en estrofas anteriores se había presentado por separado: la naturaleza adversa actuando contra los amantes y haciendo sufrir al poeta: “Cielos y campos anudaban cadenas en mis manos”. El poeta se siente como un un presidiario amarrado con esposas que aprisionan sus muñecas. La imagen posee una fuerza plástica de gran expresividad y dramatismo. Y, de nuevo, el poeta emplea tiempo verbal pasado y aspecto imperfectivo: “anudaban”. Es la falta de libertad para poder dar rienda suelta a su amor al margen de tabúes sociales homófobos.
Y en la cuarta estrofa -segundo pareado- al cielo se le otorga la capacidad para flagelar el cuerpo del poeta hasta llagarlo, provocándole una gran pesadumbre: “Campos y cielos / azotaban las llagas de mi cuerpo”. Como si fuera un Cristo doliente, el poeta sufre en sus carnes un verdadero martirio, que acepta ante “la maravilla” de un amor capaz de sobreponerse a las mayores torturas: es/era ese “junco de amor, jazmín mojado” (del verso 3), ese “rumor de nieve por mi pecho” (del verso 6); un amor que se eleva sobre la crueldad de un mundo que niega a los amantes su realización como pareja en toda su dimensión erótica, y que encarna una naturaleza desatada. El título del poema es del todo coherente, pues, con su contenido.
Versiones musicales.
Carlos Cano.
Juanjo Pérez.