EL RINCÓN DE LA POESÍA

Blas de Otero y un metasoneto en loor del versículo

Blas de Otero

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Jueves 09 de julio de 2026
En "Tercer movimiento", Blas de Otero reflexiona sobre el sentido del soneto frente al verso libre. A través de preguntas y metáforas, explora la rigidez del soneto y anhela la libertad expresiva del verso libre, iluminado por la música de Beethoven, simbolizando una renovación poética necesaria.


Tercer movimiento
Qué es un soneto, un vaso, un hastaluego,
un granado florido, un hombre errante,
qué es la palabra, el eco, el consonante
que choca como un coche en noche y fuego
qué es verso libre y largo al que no llego 5
por más que estire el brazo hacia delante,
qué es porvenir y nunca y ayer ante
un presente parado y mudo y ciego
suena beethoven su concerto in C
minor: allegro largo rondo suena 10
beethoven y el presente se ilumina
como un cine que esplende y palpa y ve;
este es el verso libre que encadena
palabras al azar. Y aquí termina.

Blas de Otero: Todos mis sonetos. Madrid,
Ediciones Turner, 1977.

Texto original mecanografiado.

https://fundacionblasdeotero.org/gestion/pdf/2071.pdf

[El autor ha subrayado en los endecasílabos 9 y 10 la parte que reproducimos en cursiva; y ha añadido a mano la h que le faltaba a la palabra beethoven en el verso 9, palabra que en las dos ocasiones que aparece en el texto -versos 9 y 11- no lleva inicial mayúscula].

En los versos 9 y 10, Otero alude al Concierto para piano núm. 3 en do menor, opus 37, con sus tres movimientos: allegro (con brío), largo y rondó (allegro). Beethoven escribió esta obra en 1800. El concierto se estrenó, con Beethoven al piano, el 3 de julio de 1803, en el Theatre an der Wier de Viena.

En el siguiente enlace puede seguirse dicho concierto, interpretado por la Staatskapelle Berlín bajo la dirección Zubin Metha, con Daniel Barenboim al piano. El concierto tuvo lugar en la Filarmónica de Berlín en 2012. El tercer movimiento comienza en el minuto 40:21 de la grabación.

Pasemos a analizar, estrofa por estrofa, este metasoneto. Y vaya por delante el mensaje que contiene el texto: Otero se está preguntando hasta qué punto tiene sentido seguir anclado en la poesía de corte tradicional -como pueda ser la forma clásica del soneto- ante un mundo cada vez más cambiante, y halla la respuesta en el verso libre, que implica una mayor libertad para canalizar la expresión poética.

Especialmente significativos son los dos endecasílabos con que arranca el primer cuarteto. El poeta se pregunta qué es un soneto, pregunta que extiende a objetos de uso cotidiano -“un vaso-, a situaciones habituales en la vida real -un hastaluego”, expresión para despedirse, escrita por Otero en una sola palabra y no en dos- (verso 1); a la belleza de la naturaleza -simbolizada por “el granado florido”-, y a la desorientación del ser humano -“un hombre errante”, que ha perdido el rumbo- (verso 2, con perfecta bimembración ‘artículo+nombre+adjetivo’). Parece como si el poeta se hubiera instalado en la “duda existencial”, que se extiende al soneto mismo, al que tan ligado ha estado y, de hecho, está.

En los versos 3-4, Otero entra en el terreno de la expresión poética canalizada en el soneto, y se pregunta qué se obtiene con la reiteración (“el eco”) de rimas consonantes (“el consonante”), cuya musicalidad puede resultar excesiva, tal y como queda patente en un antológico verso 4: “que choca como un coche en noche y fuego”. Adviértase la fuerza expresiva del símil, lograda por medio de la combinación de la aliteración del fonema africado /ch/ y del fonema velar sordo /k/ (“que choca como un coche en noche”), así como por la presencia de la paronomasia “coche/noche”, obtenida mediante la oposición fonológica k/n. Esta manera de aprovechar el material fonético-fonológico del léxico y saber explotar sus posibilidades expresivas para realzar el mensaje es una constante en la poesía de Otero. Cuatro versos le han bastado para hacernos ver cómo la rigidez normativa coarta -cuando no destruye- la libertad de expresión, y que ha llegado el momento de superar las formas clásicas del ate poético más habitual, que encarna el soneto. Porque aquí -derribando muros- es donde radica el poder de la palabra poética. Repárese en que Otero ha suprimido el punto con el que debía concluir este cuarteto.

En el segundo cuarteto -y sin solución de continuidad-, el poeta se pregunta qué es el verso libre, convertido en símbolo de la libertad inalcanzable (versos 5-6: “al que no llego / por más que estire el brazo hacia delante”). Lo que sí que queda claro para el poeta es que se trata de un verso “largo”; y en efecto, aunque el versículo puede contener cualquier cantidad de sílabas, suele alcanzar una longitud más o menos amplia en razón del ritmo interno que desee imprimirle el autor. Otero se esfuerza al máximo por reemplazar las 11 sílabas del endecasílabo rimado por el versículo sin rima ni medida fija, pero en principio no parece lograrlo; y de ahí la propiedad con que está usada la locución conjuntiva concesiva “por más que”, cuya función es la de ponderar la imposibilidad de ejecutar o conseguir algo, aunque se hagan todas las diligencias para su logro. La acción física de “estirar el brazo hacia delante” se convierte, metafóricamente, en la expresión de una frustración poética, paralela a la vital, que le impide a Otero alcanzar sus expectativas. La temporalidad se expresa aquí enmarcando el presente entre un ayer que ya no existe y una situación futura incierta; y a ese presente se alude con una triada adjetival cargada de connotaciones negativas: el soneto está “parado” -ya ha dado de sí cuanto podía y, por tanto, se viene produciendo un estancamiento-, “mudo” -envuelto en clima de silencio-, y “ciego” -una ceguera que es sinónimo de ofuscamiento-. Adviértase, además, que el continuo polisíndeton de la conjunción “y” da mayor energía a aquello que se expresa: “qué es porvenir y nunca y ayer ante / un presente parado y mudo y ciego”. Se impone, por tanto, una renovación poética, que -insistimos en ello-, es tanto como decir vitaL

Tampoco hay punto cerrando el segundo cuarteto, y se pasa “directamente”, sin haber marcado pausa estrófica, al primer terceto. Y ahora se entiende por qué Otero titula su soneto “Tercer movimiento”, en alusión al Rondó (Allegro) del concierto para piano núm. 3 de Beethoven: su poema pertenece a una etapa en el transcurso de su evolución poética -como el concierto va desarrollándose en sucesivos movimientos-, y el poeta va a pasar de la estructura clásica del soneto al verso libre, acompañado por la música de Beethoven (versos 10-11: “suena / Beethoven y el presente se ilumina”). Y al carecer de pausa estrófica el primer terceto, en el segundo se completa la comparación que une a ambas estrofas: “el presente se ilumina / como un cine que esplende y palpa y ve” (versos 12, en el que los verbos están unidos por el polisíndeon de efectos enfáticos). Es la música de Beethoven la que ilumina el presente “parado y mudo y ciego”, la que pone una nota de brillantez (“esplende”), de autenticidad (“palpa”) y de realidad (“ve”). La comparación de la música con el cine se fundamenta en la movilidad y rapidez con que se suceden las imágenes. Y eso es precisamente el verso libre, capaz de amalgamar palabras sobrevenidas por azar, y al margen de reglas inamovibles.

Y aquí termina” (verso 14): son las palabras finales del último endecasílabo que cierra un perfecto soneto clásico escrito en añoranza del verso libre, y montado, por tanto, sobre una paradoja de la que se vale Otero para demostrarnos que puede llevar al soneto por los caminos que se proponga y que, por tanto, el verso libre no va en su detrimento. En cualquier caso -y este es el mensaje paralelo-, de igual manera que el mundo del cine nos proyecta imágenes que nos sacan de la oscuridad, la creación poética debe moverse por espacios de libertad, amalgamando palabras que escapen a rigideces normativas.

Bibliografía.

Ezequiel Moreno Escamilla: “El verso libre en Blas de Otero. Libertad y teoría poética”. Rhythmica XIX, 2021.

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8251429

EPÍLOGO.

Un breve comentario de Juan Frau.

En “Tercer movimiento” la definición [de soneto] es más irracional e impresionista: «Qué es un soneto, un vaso, un hastaluego, / un granado florido, un hombre errante»; pero en este poema, en la siguiente estrofa, encontramos otra afirmación relativa a la métrica que resulta aún más interesante: «qué es verso libre y largo al que no llego / por más que estire el brazo hacia delante». Es significativa la confrontación entre el soneto y el verso libre; en tanto que el primero se identifica en mayor medida con elementos que evocan satisfacción como el vaso o el granado florido –aunque también se halla el hombre errante, connotando el conflicto–, el segundo, el verso libre, se nos muestra como aspiración y como objeto anhelado pero huidizo. De ésta y de otras afirmaciones se desprende que Blas de Otero es consciente de su dominio magistral del soneto, forma de la que conoce todos los secretos y en la que puede expresar cualquier sentimiento o concepto; la seguridad que se observa en este respecto contrasta con las reticencias que muestra ante el verso libre. […] Puede observarse cómo Otero aspira a dominar el verso libre en la misma medida en que domina la construcción del soneto; al igual que el soneto le ha servido perfectamente para expresarse en el pasado, el verso libre es la forma métrica apropiada para el futuro. Es la idea que culmina el libro Todos mis sonetos, cuyo último texto adopta una disposición gráfica que recuerda a la del soneto, sin serlo; el texto se titula “Hagamos que el soneto se extienda”, e incide en esa colisión entre el verso libre y el soneto: «Hagamos que el soneto se extienda, respire como un mar sin riberas, / el endecasílabo está gastado, romo, mordisqueado cual aquella carta mía a los dioses, / demos espacio, elasticidad al soneto y el endecasílabo».

  • Juan Frau: “Métrica y poética”. Rhythmica, I, 1, 2003.
  • https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4053408

    A propósito de Todos mis sonetos, escribe:

    “Durante estos últimos años he estado escribiendo mi nuevo libro Hojas de Madrid con La galerna, todo él en verso libre o versículo. Pero de vez en cuando se me cayeron de las manos algunos sonetos, que no forman parte de dicho libro e incluyo aquí”.

    Puedes comprar el libro en:

    TEMAS RELACIONADOS:


    Noticias relacionadas