La “Casida de la rosa” está compuesta por tres estrofas de cuatro versos heterosilábicos, todos de arte menor menos el sexto, que es decasílabo. Esta es la distribución de número de sílabas de los versos y rimas asonantes por estrofas:
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Tpo de verso |
Rima asonante |
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Verso 1.º: trisílabo Verso 2.º: heptasílabo Verso 3.º: heptasílabo Verso 4.º: hexasilabo |
/ó-a/ /ó-a/ /á-o/ /ó-a/ |
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Verso 5.º: trisílabo Verso 6º: decasílabo Verso 7.º: heptasílabo Verso 8.º: hexasílabo |
/ó-a/ /ó-a/ /é-o/ /ó-a/ |
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Verso 9.º: trisílabo Verso 10.º: heptasílabo Verso 11.º: heptasílabo Verso 12.º hexasílabo |
/ó-a/ /ó-a/ /é-o/ /ó-a/ |
Las estrofas no son propiamente coplas, aunque se mantiene la asonancia /ó-a/ en todos los versos pares, asonancia que también afecta al primer verso de cada una de las tres estrofas (versos 1, 5 y 9), con lo cual esta asonancia la presentan 9 de los 12 versos, es decir, el 75%. Por otra parte, el tercer verso de las estrofas segunda y tercera riman en asonante /é-o/ (versos 7 y 11, ambos heptasílabos), y el único verso que queda libre es el segundo heptasílabo de la primera estrofa (verso 3: /á-o/. Este esquema rítmico se complementa con la estratégica reiteración de ciertos versos “La rosa” (versos 1, 5 y 9) “buscaba otra cosa” (versos 4, 8 y 12), así como la posición anafórica de “no buscaba...” (versos 2, 6 y 10) que sirven de contraste (“no buscaba...”/“buscaba...”).
Y esa rosa que no quiere ser ella misma -con toda la tradición literaria que encierra a sus espaldas- no es sino la imagen del poeta en continua disconformidad con su propio ser: este es el verdadero tema que subyace bajo una rosa que, en esta ocasión, no se circunscribe al tópico renacentista del carpe diem para glosar lo efímero de la vida humana. La rosa no hace alarde de su belleza, comparada con el cromatismo de una alborada de sonrosadas luces (verso 2: “no buscaba la aurora”), ni pretende inmortalizar ese momento fugaz en que brilla con todo su esplendor formando parte de un manojo con otras rosas (verso 3: “casi eterna en su ramo”). Simplemente, “buscaba otra cosa” (verso 4 que cierra la estrofa primera). Tampoco persigue la rosa ni la sabiduría ni la ignorancia -en algunas culturas las rosáceas simbolizan el conocimiento- (verso 6: “no buscaba ni ciencia ni sombra”), situada en el límite entre lo corpóreo y lo intangible (verso 7: “confín de carne y sueño”. Simplemente, “buscaba otra cosa” (verso 8 que cierra la segunda estrofa). Incluso ni siquiera la rosa quiere ser ella misma (versos 9-10: “La rosa, / no buscaba la rosa”, percibida como inmutable en el tiempo en el momento de su máxima brillantez (verso 11: “Inmóvil por el cielo”). Simplemente, “buscaba otra cosa” (verso 12 que cierra la tercera estrofa y el poema). Si trasladamos el “drama” de la rosa -que renuncia a su identidad, aspirando “ser otra cosa”- a la situación personal del propio poeta, al que los convencionalismos sociales le impiden mostrarse como realmente es y no como quieren los demás que sea, encontraremos el sentido último y más profundo de una “casida” que en modio alguno es intrascendente. Y, en este sentido, el pasado imperfectivo “buscaba” -repetido hasta seis veces a lo largo del poema- añade intensidad a una prolongada “búsqueda” que está conduciendo a una desesperada y desesperanzada frustración personal.
Versiones musicales.
Carlos Cano.
Música: Noemí Novara.
Mezzosoprano: María José Ladra.
Piano: Margarita Viso.
Recitación.
Chavela Vargas.