EL RINCÓN DE LA POESÍA

García Lorca y la expresividad del lenguaje simbólico

Rafael Troyano de los Ríos y Federico García Lorca, junto a Laura de los Ríos (izquierda) e Isabel García Lorca

Nuestro poema de cada día

Fernando Carratalá | Domingo 12 de julio de 2026
La "Casida de las palomas oscuras" de Federico García Lorca presenta un diálogo entre el sol y la luna, simbolizando la interdependencia de opuestos. A través de versos variados y repetitivos, el poema explora temas como la vida, la muerte y la imposibilidad de unión entre contrarios, revelando un profundo mensaje filosófico.


Casida de las palomas oscuras
Por las ramas del laurel
van dos palomas oscuras.
La una era el sol,
la otra la luna.
“Vecinitas”, les dije, 5
“¿dónde está mi sepultura?”
"En mi cola", dijo el sol.
"En mi garganta", dijo la luna.
Y yo que estaba caminando
con la tierra por la cintura 10
vi dos águilas de nieve
y una muchacha desnuda.
La una era la otra
y la muchacha era ninguna.
"Aguilitas", les dije, 15
"¿dónde está mi sepultura?"
"En mi cola", dijo el sol.
"En mi garganta", dijo la luna.
Por las ramas del laurel
vi dos palomas desnudas. 20
La una era la otra
y las dos eran ninguna.

Federico García Lorca: Diván del Tamarit.
[Incluye Poeta en Nueva York y Llanto
por Ignacio Sánchez Mejías]. Madrid,
Editorial Espasa-Calpe 1984 5.ª edición.

Nos encontramos ante un poema con apariencia de romance (predominio de octosílabos, ritmo cuaternario, asonancia /ú-a/ en los versos pares, reiteraciones léxicas…); aunque, hablando con propiedad, no lo sea, en especial por el carácter heterométrico de sus versos. En efecto, de los 22 versos que lo componen, hay dos decasílabos (versos 8 y 18), tres eneasílabos (versos 9, 10 y 14), cuatro heptasílabos (versos 5, 15, 17 y 19), cuatro pentasílabos (versos 3, 4, 13 y 21), y los nueve restantes octosílabos (versos 1, 2, 6, 7, 11, 12, 16, 20 y 22). Para esta clasificación se han marcado en todos los versos las sinalefas correspondientes y atendido al acento final en los versos agudos (1 y 19 -“laurel”-, y 3, 7 y 17 -“sol”). 19). En cuanto a la asonancia /ú-a/ en los doce versos pares, el poeta se ha visto condicionado por una copla del folclore popular que ha tomado como base: “Morenitas, he visto yo, / pero como tú ninguna: de tu cara sale el sol, / y de tu garganta la luna”. Por otra parte, la repetición de palabras a final de verso multiplica la identidad de determinadas asonancias: /é/ (“laurel”, versos 1 y 19), /ó/ (“sol” versos 3, 7 y 17), /í-e/ (“dije”, versos 5 y 15), /á-o/ (“otra”, versos 13 y 21); y solo los versos 9 (“caminando”: /á-o/) y 11 (“nieve”: /é-e/) permanecen sueltos.

Sea como fuere, y aunque García Lorca se aparte de la ortodoxia de la métrica tradicional, es obvio que los efectos rítmicos del romance permanecen, y a ello contribuye en gran medida la reiteración de versos completos a lo largo del poema; precisamente estos:

Versos 1/19: “Por las ramas del laurel”.

Versos 6/16: “¿dónde está mi sepultura?”.

Versos 7/17: “En mi cola, dijo el sol”.

Versos 8/18: “En mi garganta, dijo la luna”.

Versos 13/21: “La una era la otra”.

Y a ello hay que añadir ciertas estructuras paralelísticas, también “estratégicamente” situadas a lo largo del poema que crean un innegable sentido del ritmo, en especial porque algunas de ellas funcionan de modo similar al de un estribillo. Compruébese:

verbo (A)+determinante numeral (B)+nombre (C)+adjetivo (D)”:

Verso 2: “van (A1) dos (B1) palomas (C1) oscuras (D1)”.

Verso 20: “vi (A2) dos (B2) palomas (C2) desnudas D2)”.

Esquema rítmico de ambos octosílabos: ó ó oóo oóo.

Oración transitiva con los mismos elementos sintácticos en el complemento directo.

(El verso 11, también octosílabo, presenta un esquema parecido, aunque cambia la rítmica (ó ó óoo o óo; hay tres sílabas tónicas seguidas), y el núcleo del complemento directo -“águilas”- va acompañado por un complemento nominal -“de nieve”- con valor adjetival): “vi dos águilas de nieve).

nombre en vocativo (A)+pronombre personal átono de tercera persona plural (B)+verbo transitivo”:

Verso 5: “Vecinitas (A1), les (B1) dije (C1)”.

Verso 15: “Aguilitas” (A2), les (B2) dije (C2)”.

Esquema rítmico de ambos heptasílabos: ooóo o óo.

Oración transitiva. El complemento directo lo constituyen sendas proposiciones sustantivas que repiten el mismo octosílabo: “¿dónde está mi sepultura?” (versos 6 y 16).

preposición” (A)+determinante posesivo (B)+nombre (C)+verbo (D)+determinante artículo (E)+nombre (F)

Versos 7 y 17: “"En (A1) mi (B1) cola" C1)", dijo (D1) el (E) sol (F)”.

Versos 8 y 18: “"En (A2) mi (B2) garganta" (C2), dijo (D2) la (E2) luna (F2)”.

Y en cuanto a la estructura -que tiene que ver mucho con el ritmo cuaternario-, desentrañamos este posible esquema, al que sin duda ayuda la propia puntuación ortográfica y la simplicidad sintáctica del texto:

  • Versos 1-4.
  • Versos 5-8.
  • (C1) Versos 9-12; (C2): versos 13 y 14.
  • Versos 1-18,
  • Versos 19-22.
  • Así pues, aunque esta “casida” parece sencilla, desde el punto de vista técnico resulta realmente complejo lograr un “andamiaje” en el que todas las piezas “casan” logrando no solo un melódico ritmo musical, sino una integración asombrosa de todos los planos lingüísticos.

    Como ya hemos señalado, García Lorca se ha valido de una cancioncilla popular para elaborar esta “casida”, en la que queda de manifiesto la interdependencia “sol-luna” (esas metafóricas “dos palomas” posadas en “las ramas de un laurel”); una interdependencia de entidades opuestas, pero necesaria para que exista el día. Si personificamos al hombre en el sol y a la mujer en la luna -como sucede en culturas orientales-, el poeta estaría aludiendo a que convencionalismos sociales exigen su dependencia recíproca. Y esto no lo asume, rebelándose contra esa unión establecida de lo masculino con lo femenino, porque supondría su extinción como persona (versos 6 y 16: “¿dónde está mi sepultura?”). Estos versos no plantean una interrogación retórica, ya que tanto el sol como la luna proporcionan la respuesta, que evidencia la “distancia” que existe entre ambos y, por tanto, la inviabilidad de su interrelación (versos 7-8 y 17-18: “"En mi cola"”, dijo el sol. / "En mi garganta", dijo la luna”). Y no es casual que a estas “dos palomas” las sitúe el poeta “Por las ramas del laurel” (verso 1), que es una clara alusión al mito de Dafne y Apolo: aquella fue convertida en laurel para evitar los requiebros amorosos de este, considerado símbolo de la belleza masculina (en el soneto XIII, Garcilaso de la Vega “cuenta líricamente” el mito, con el cromatismo y la musicalidad que caracteriza su poesía). Amor y desamor, frente a frente; sol y luna, frente a frente; “paloma oscuras” -más bien grisáceas, familiares en el ámbito domestico- y “águilas de nieve” -feroces y de vuelo majestuoso sobre cumbres heladas- frente a frente: son “los opuestos” incapaces de integrarse en un único ser.

    Hay, no obstante, una clara diferencia entre el verso 2 (“van dos palomas oscuras”) y el verso 20 (“vi dos palomas desnudas”), no tanto por el adjetivo que acompaña a “palomas” (“oscuras”/“desnudas”), sino por la forma verbal: “van” (presente de indicativo, cuyo sujeto pospuesto al verbo es “palomas”) y “vi” (pretérito perfecto simple, cuyo sujeto elíptico es “yo”, la primera persona narrativa): es el “yo poético”; el mismo que pregunta a las “palomas” -sus “vecinitas” que simbolizan el sol y la luna: “¿dónde está mi sepultura?” (verso 6). En cualquier caso, la formas verbales “estaba caminando” y “vi” ya figuran en los versos 9 y 11, respectivamente, en referencia al “yo poético”, que pregunta a “dos águilas de nieve” (verso 11), a esas “aguilitas” (verso 15): “¿dónde está mi sepultura?” (verso 16). Y, en ambas ocasiones, recibe la misma respuesta del sol y la luna: “"En mi cola", dijo el sol. / "En mi garganta", dijo la luna” (versos 7-8 y 17-18). Es la insistencia en la “imposibilidad de unión de contrarios”: la vida (“dos palomas” y “dos águilas”) frente a la propia muerte (“mi sepultura”).

    Y tanto en el caso de las “dos águilas de nieve” como en el caso de las “dos palomas desnudas” -que forman la “pareja convencional”-, “La una era la otra” (versos 13 y 21) “y las dos eran ninguna” (verso 22). Y en cuanto a la irrupción de “una muchacha desnuda” -que ve el poeta, concebida como signo de lujuria- (verso 12), acaba por desaparecer (verso 14: “y la muchacha era ninguna”). Al final, palomas, águilas y muchacha quedarán en nada. O sea, que todo es uno y ninguno; lo cual está implícito en el verso 13: “La una era la otra”; es decir, que el sol y la luna, el día y la noche, la vida y la muerte se vuelven uno y lo mismo: todo un mensaje filosófico inserto en un poema que parecía un ingenioso un juego de palabras.

    Versiones musicales.

    Carlos Cano.

    Camarón de la Isla.

    Paco Ibáñez.

    Marta Gómez.


    Voz en directo.

    Jarcha.

    Nilda Fernández.

    Música y percusión de Sergio Aschero. En el canto, Angeles Ruibal. El dúo Los Juglares, Aschero/Ruibal.

    Grupo (boliviano) Surazo.

    Versión musical de la obra completa.

    Con el apoyo de The Royal Philarmonic Orchestra of London, la guitarra de Víctor Pellegrini y Juan Cerro, y la voz flamenca de José Menese.

    http://www.gavilan.edu/spanish/gaspar/html/23_01.html

    Puedes comprar el libro en:

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