El poeta Gerardo Diego es el “inventor de la jinejopa”, que nada toene que ver con la “jitanjáfora”. El añorado Jaime Capmany nos cuenta en ABC (1 de septiembre de 2003) la anécdota de cómo surgió esta modalidad literaria. Nosotros tenemos también el testimonio del propio Gerardo Diego, escuchado de su propia boca.
Entendemos por “jinejopa” un epigrama, generalmente de denuesto a un compañero de versos. Y para rastrear su origen hemos de trasladarnos al entonces Instituto de Enseñanza Media “Beatriz Galindo” -en la calle Goya, de Madrid-, en el que Diego fue catedrático de Lengua y Literatura Española durante 27 años, hasta su jubilación, en 1966. Diego intentaba ayudar a un alumno que no recordaba la célebre serranilla del Marqués de Santillana “La vaquera de la Finojosa”: “Moça tan fermosa / non vi en la fronetra / como una vaquea / de la…”; y el alumno terminó el verso: “de la Jinojepa”. A diego le pareció graciosa la palabra y desde entonces la empleó para componer poemas de sátira culta hacia otros poetas. Muy distinta, pues, la “jinojepa” de la “jintanjáfora”, término que el escritor mexicano Adolfo Reyes tomó de los siguientes versos del poeta cubano Mariano Brull: “Filiflama alabe cundre / ala olalúnea alífera / alveolea jitanjáfora / liris salumba salífera”; y con que alude a una creación caprichosa de sonidos que podrían ser palabras, sin más sentido que el eufónico.
Y Diego compone la “Jinojepa del Cervantes” con objeto de rendir homenaje al autor de El Quijote, coincidiendo con la concesión a su persona del Premio Cervantes de Literatura -el máximo galardón de las letras hispánicas-, cuando contaba con 83 años.
Este es el poema:
La jinojepa finaliza casi como empieza: Diego se lamenta de que el Premio Cervantes haya tardado demasiado en llegar: “Ay Cervantes, Cervantes, / / pero, hombre (y por vía de apremio) / ¿por qué no llegaste quince años antes?” (verso 1-3) -el poeta tenía entonces 68 años-; “Ay Cervantes, Cervantes, Cervantes / ¿por qué no viniste antes / y ahora te encoges y te alargas y te alargas?” (versos 52-54). Y es en el segundo agrupamiento estrófico en donde Diego declara en qué consiste la “jinojepa: “Una jinojepa es una chanza / como la de Cipión y Verganza / y también como hablar por bernardinas / —que ahora dicen en camelo—” (versos 9-12). En el Siglo de Oro, “hablar por bernardinas” significaba “hablar con palabras vanas o sin sentido, usándolas para alardear o engañar”. [Por ejemplo, en la novela de Cervantes Rinconete y Cortadillo, es Diego Cortado quien embelesa y distrae a un sacristán con un discurso lleno de “bernardinas” para robarle con gran habilidad el pañuelo de la faldriquera]. En la actualidad, esa expresión es equivalente a “hablar en camelo”, es decir, emplear un discurso intencionadamente desprovisto de sentido.
A lo largo de la “jinojepa” van aparecidndo situaciones y personajes sacados de las obras de Cervantes: Cipión y Berganza (verso 10), protagonistas de El coloquio de los perros; Don Quijote (versos 13 y 17) y Sancho Panza (verso 16), protagonistas de El Quijote; la Cueva de Montesinos (versos 13-16), en la que Don Quijote experimenta un sueño mágico que tiene por real y como tal se lo refiere a Sancho Panza (segunda parte, capítulo XXIII de El Quijote), ese “Vive Dios que me espanta [esta grandeza]” (verso 18), que es el endecasílabo con que se inicia el célebre soneto con estrambote “Al túmulo del rey Felipe II de España en Sevilla”; Rinconete (verso 20) y Cortadillo (verso 26) protagonistas de la novela del mismo título (un rincón es un “espacio pequeño”, y un “cortado” es un “café con muy poca leche”); el bachiller Sansón Carrasco (verso 28), personaje clave en la segunda parte de El Quijote, un joven vecino del protagonista que adoptará los papeles de Caballero de los Espejos y Caballero de la Blanca Luna; Tomé Cecial (verso 29), un vecino de Sancho Panza que se hace pasar -en la segunda parte de El Quijote- por escudero del Caballero del Bosque -o de los Espejos-; Maese Pedro (verso 35), que tiene una doble aparición en El Quijote: en la primera parte -capítulo XXII- es uno de los galeotes liberados por Don Quijote, y responde al nombre de Ginés de Pasamonte y, en la segunda parte -capítulos 25 a 27- se presenta como titiritero, acompañado de un sorprendente mono; y el Licenciado Vidriera (verso 36), de nombre Tomás Rodaja, protagonista de la novela del mismo título, que se cree que su cuerpo es de vidrio.
Y en cuanto a la interpretación de los versos 49-50 (“Y en un aprieto justo de poetisas las hijas de las madres o al revés”) podría ser una alusión irónica a la proliferación de mujeres poetas, que ponen en “un aprieto” a Diego como autor de antologías poéticas, y de aquí la referencia al poema de Ramón de Campoamor -una de sus Humoradas-: “Las hijas de las madres que amé tanto / me besan ya como besan a un santo”.
Los dos versos finales (55 y 56: “Averígüelo Vargas. / Descíframelo, Borges”), requieren una reflexión aparte. Porque Diego se cuestiona el momento en que se le concede el Premio Cervantes (versos 52-54: “Ay Cervantes, Cervantes, Cervantes / ¿por qué no viniste antes / y ahora te encoges y te alargas y te alargas?”). Francisco de Vargas fue un renombrado miembro del Consejo de Castilla en tiempo de los Reyes Católicos, a quien, por su perspicacia como investigador, se le encargaba que desentrañara la complejidad de ciertos asuntos para resolverlos: “Resuélvalo Vargas” es lo que se decía en el documento real que se le pasaba. Y fue Francisco de Quevedo, en su obra Vista de los chistes, quien difundió ese “Averíguelo Vargas” que terminó por convertirse en una frase proverbial. De manera que Diego se encomienda a Vargas para que investigue su caso.
Y, por otra parte, la concesión del Premio Cervantes 1979 fue ex aequo: al escritor argentino Jorge Luis Borges y al poeta cántabro Gerardo Diego; lo que ocurría por primera vez y de forma excepcional. Porque, a partir de entonces, las bases del premio cambiaron, y la normativa actual dictamina que el premio “no puede ser dividido, ni declarado desierto, ni concedido a título póstumo”. De ahí la perplejidad expresada en su jinojepa por Diego
Y hemos dejado para el final el comentario de los versos 5-7: “porque aunque sepas mucho más que Lepe / y más que Lepijo / y más que su hijo”. “Saber más que Lepe” y también “Saber más que Lepe, Lepijo y su hijo” son dichos populares que significan “Ser una persona muy perspicaz, astuta, lista y despierta, de modo que es difícil engañarla”. Quienes estén interesados en conocer su origen, y dado que hay diferentes versiones, pueden consultar la wikiquote:
https://es.wikiquote.org/wiki/Saber_m%C3%A1s_que_Lepe
Lo que está fuera de toda duda es el talento que demuestra Gerardo Diego al convertir esta jinojepa en un poema que no desmerece ni en calidad literaria, ni en sentido del humor… ¡y de la amistad!