Y los otros “elementos”, los elementos humanos responsables de paliar ese Cambio Climático, se quedan tan anchos. Eso sí, muy compungidos y “muy pendientes”, mientras las campanas tocan a fuego y ellos siguen a lo suyo, como si la política fuera el arte de administrar condolencias.
Como ha sucedido con la invasión de Ceuta -allá a escala humana, aquí natural-, esta es la crónica de una tragedia anunciada, pues todo era previsible. El creciente de incendios de alta intensidad, los de sexta generación, el abandono de los bosques y el crecimiento del matorral con las lluvias de primavera. La situación explosiva era un clamor. Tanto más injustificable la falta de previsión, la inoperancia a todas las escalas.
En 2018 la Oficina del Cambio Climático gestionaba un presupuesto de veinte millones de euros. Ha venido descendiendo de año en año por más que creciera la alarma medioambiental. En este 2026 sólo ha ejecutado el 18% de su presupuesto, sin incorporar ni un hidroavión más. Al contrario, vendió cuatro a Portugal en 2023, como si nos sobraran.
Sin volar tan alto, ¿qué sucede con las administraciones autonómicas? Pura desidia en la gestión del territorio, una inacción climática que sólo cabe calificar como criminal. Se sabe perfectamente lo que se ha de hacer: desbrozar los bosques, fomentar la ganadería extensiva, paliar el abandono rural, multiplicar los sensores de riesgo. No se hace nada. Y este es el peor negacionismo: el de quienes saben y no actúan.
Nos vale con la retórica de proponer grandes pactos nacionales. Brindis al sol que acaban en eclipses. El 78% del presupuesto estatal para incendios se destina a la extinción y sólo el 22% a la prevención. Un dato sangrante si consideramos que extinguir el fuego de una hectárea cuesta dieciocho millones de euros y prevenir ese fuego sólo tres.
Así es como media España va convirtiéndose en la gran Mancha seca, calcinada, socarrada, el páramo por el que vagaban Don Quijote y Sancho, con el yelmo de Mambrino a modo de casco de bombero.
En vano nos lamentamos: el sanchopancismo nacional siempre preferirá el vino al agua, y el hoy al mañana. Planes a corto plazo, los que dan votos. Despilfarro en todo lo banal, miseria para todo lo vital. Dios millones de ciudadanos recibiendo a la Roja en Madrid, tras su victoria en el Mundial. ¿Cuántos implicados en la salubridad de nuestros bosques, en la regeneración del paisaje y el medio rural, en la prevención de incendios?
El Cambio Climático obliga a un cambio de mentalidad. Pero, sobre todo, de conciencia. ¿La tienen los elementos? La respuesta, al calor de los incendios que vendrán con los fuegos de agosto. “Seguimos muy pendientes”.