Zenobia Camprubí [Malgrat de Mar (Barcelona), 1887-San Juan (Puerto Rico), 1956] fue mujer polifacética: escritora, traductora (en especial de las obras de Rabindranat Tagore), lingüista (ya exiliada, desarrolló una fructífera labor educativa, difundiendo nuestra lengua y cultura como profesora, entre 1943 y 1951, y tal y como deja patente en su Diario, en la Universidad de Maryland), promotora y participante en todo tipo de actividades cívicas, miembro destacado del Lyceum Club Femenino (se la puede considerar una de las pioneras del feminismo español, defensora de la presencia de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad)… y, desde 1916, esposa de Juan Ramón Jiménez (se casaron en la iglesia católica de san Esteban, en Nueva York, el 2 marzo de 1916).
Por decisión propia fue el sustento del poeta de Moguer en todos los sentidos, quedando demasiado en la sombra, dada su excepcional valía. En 1951 fue operada de cáncer y quedó muy debilitada, sin poder superarlo, hasta su muerte, el 28 de octubre de 1956. [El 25 de octubre de 1956, la Academia sueca anunció la concesión del Premio Nobel de Literatura a Juan Ramón Jiménez, momentos en los que Zenobia estaba agonizando en la Clínica Mimiya, en Santurce (San Juan, Puerto Rico); pero en un momento de lucidez, pudo transmitirle la noticia a su marido, falleciendo tres días después y dejando a Juan Ramón Jimenez sumido en una tristeza de la que ya no se recuperó (el poeta fallecía el 29 de mayo de 1959, en la misma Clínica, y a causa de una bronconeumonía)].
Materiales audiovisuales y bibliográficos sobre Zenobia Camprubí.
Verano de 1913. Carta de Zenobia Camprubí a Juan Ramón Jiménez, leída por por la actriz Nuria López. (A partir del minuto 1:57).
Zenobia Camprubí y la Edad de Plata de la cultura española. [2 artículos de Emilia Cortés Ibáñez (coordinadora) y 14 artículos de diferentes autores sobre Zenobia Camprubí, descargables en PDF]. Universidad Internacional de Andalucía, 2010, en coedición con la Fundación Caja Rural del Sur]. Este libro tiene como objetivo dar a conocer la auténtica dimensión de la figura de Zenobia, las diferentes facetas que conforman su personalidad, independiente del poeta. Zenobia es hija de una época brillante de la cultura española, estuvo en primera fila de la misma y se revela como un claro exponente de la nueva mujer española].
https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=510532
Emilia Cortés: Retrato de Zenobia Camprubí. [Conferencia, abril-2023).
Anna Caballé: “Pasé la mañana escribiendo". El Diario de Zenobia Camprubí (1037-1956).
https://pdfs.semanticscholar.org/9ac9/b996f3ab71aea6c91060b34e11d851ba13fc.pdf
Graciela Palau: “La guerra civil en el Diario de una exiliada: Zenobia Camprubí de Jiménez”.
https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/10/aih_10_3_016.pdf
Emilia Cortés: “Zenobia Camprubí en su Diario de Estados Unidos”.
Zenobia Camprubí, también poetisa.
A finales de 2015, la doctora en Filología Emilia Cortés Ibáñez, la la Fundación José Manuel Lara y el Centro de Estudios Andaluces publicaron el libro Diario de juventud. Escritos. Traducciones; un libro que incluye 27 poemas de Zenobia Camprubí hasta entonces inéditos, revelando una faceta literaria desconocida de la escritora y, por ello, rompen el mito de que su producción literaria comenzó solo tras haber conocido a Juan Ramón Jiménez. De estos poemas hemos seleccionado dos, que comentamos a continuación.
Brindo por ti, amor.
Brindo por mi amor por ti, amor.
Brindo por las hazañas que haré, amor.
Para mostrar que mi amor es verdadero amor.
El poema carece de título y se cita reproduciendo el primer verso. Se trata de una combinación de cuatro versos heterométricos que van aumentado progresivamente su número de sílabas (1[6], 2[9], 3[11], 4[14]) y cuya rima consonante /-ór/ viene determinada por la repetición de la misma palabra a final de verso: “amor” (lo que estilísticamente se conoce con el nombre de epífora o conversión); de esta manera, el concepto que la palabra significa se convierte en el eje temático del poema; y,por otra parte, la reiteración anafórica de la forma verbal palabra “Brindo” a comienzo de los versos 1, 2 y 3 le confieren ritmo sostenido (“Brindo… amor”) y apuntalan su estructura. Y bajo su aparente sencillez formal, el poema contiene abundantes recursos retóricos hábilmente manejados: así, la anadiplosis del verso 4, al reiterar con distinta ubicación la palabra “amor” (“mi amor es verdadero amor”); el uso de la palabra “amor” con distintas funciones gramaticales, lo que constituye un caso de políptoton: la palabra “amor” funciona como vocativo en los versos 1, 2 y 3, y con ella la autora se dirige, en apóstrofe lírico, a un receptor (“amor”) con quien la comunicación se hace íntima desde el principio; sin embargo, en el verso 4 la palabra “amor es, a la vez, sujeto y atributo de un verbo sin contenido semántico, que solo actúa como vínculo formal de unión, con lo que se produce una sorprendente tautología con el “amor” que “derrocha” la autora como algo verdaderamente auténtico: “Para mostrar que mi amor es verdadero amor”. Algo similar ocurre en el verso 2, aunque presenta distinta estructura gramatical: “Brindo por mi amor por ti, amor”, un verso en el que emisor y receptor (“mi/ti”, determinante posesivo de primera persona/pronombre personal átono de segunda persona están simultáneamente presentes, dotando así al concepto abstracto del amor de una capacidad física envolvente). Y sin llegar a formar un paralelismo sintáctico pleno, los versos 1, 2 y 3 repiten una estructura muy similar, en los que se pueden establecer relaciones correlativas: “Brindo por+aquello por lo que se brinda+amo (vocativo)”.
Y con todos estos procedimientos retóricos se ha montado un poema en el su contenido resplandece con diafanidad: la poetisa se presenta como una activa y poderosa fuerza amorosa, que se compromete a actuar en el presente (versos 1, 2 y 3: “Brindo por…”) y con proyección hacia el futuro (“verso 3: “las hazañas que haré”. Esta declaración de intenciones alcanza pleno vigor en el verso que cierra el poema: el amor se entiende como algo que los hechos validan continuamente, y que va mucho más allá del simple afecto.
De nuevo, el poema carece de título, aunque resultaría fácil adjudicárselo; por ejemplo: “Fe de vida”. Ahora lo componen 7 versos heterométricos que oscilan entre las dos (verso 6) y las 16 (verso 4) sílabas. La rima consonante solo afecta a los versos 1 y 2, que al terminar en palabras agudas -que pertenecen a la misma familia léxica, originando un políptoton- originan un fuerte efecto sonoro. Los otros cinco versos carecen de rima, aunque los versos 3 y 4 se vinculan sintácticamente merced a la construcción comparativa de superioridad “más+adjetivo/+que”; y los versos 5 y 7 terminan en palabra aguda (“ves/Camprobí”), de forma que la sonoridad no se extingue con los versos llanos 3, 4 y 6.
Los dos versos iniciales del poema son la manifestación, con ribetes filosóficos, de una concepción personal de cómo andar por la vida, que siempre acompañó a Zenobia, incluso en las crisis de relación con Juan Ramón Jiménez que quedaron en agua de borrajas: “actor versus acción”. Es el autor y no la acción lo que cuenta, priorizando así la autenticidad de la persona, mostrándose tal cual se es, frente al valor más relativo de los hechos externos, de las tareas que se realizan. En consecuencia con estos principios, nada de particular tiene que el poema se cierre con la autoafirmación de la identidad de la autora, que incluso emplea su nombre de pila más íntimo: “Zenobita”. El poema incluye una curiosa comparación entre entre poetas y artistas, contraponiendo la rareza de aquellos frente a la belleza de estos (versos 3-4); lo cual le lleva a afirmar que ella no es poeta (verso 5), que es tanto como decir que no se consideraba “persona rara”: le basta con afirmar su autenticidad humana con solo pronunciar su nombre, y en diminutivo afectivo: “Zenobita” (verso 7).
Traslademos ahora esta filosofía vital al entorno en que se va a mover Zenobia Camprubí: la vanidad intelectual y los reconocimientos públicos deben quedar relegados ante la rectitud moral con que afrontar la propia vida; y así lo hará en un futuro, impulsando -como actora- la obra literaria de su marido, Juan Ramón Jimenez, y prescindiendo de que el resultado de esa acción repercutiera en él. Conviene recordar que compartir su vida con el poeta de Moguer, a cuya atención emocional y literaria estuvo entregada, no le resultará nada sencillo -Juan Ramón tenía un carácter fuertemente depresivo-, y de ello hay constancia en sus Diarios; y que sin su sacrificio personal -Zenobia llevaba las riendas de todo tipo de situaciones, sin necesidad de ningún tipo de reconocimientos- el poeta no habría obtenido la estabilidad necesaria para dedicarse a una obra que terminó mereciendo el Premio Nobel de Literatura, noticia que ella misma le comunicó tres días antes de su muerte, cuando agonizaba víctima de un cáncer.
Bibliografía.
María Elena Ojea: “Zenobia Camprubí: “La subjetividad en el
discurso poético de una autora fuera del canon literario”.
https://revistascientificas.us.es/index.php/CulturasyLiteraturas/article/view/5260/4540