Con el paso del tiempo, oficios que estaban muy arraigados en la sociedad de una determinada época han terminado por desaparecer en la nuestra, y en la actualidad solo pueden evocarse desde el recuerdo nostálgico. Y ahí entra la Literatura. Ahora, con los adelantos tecnológicos y la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) el “tempus fugit” se nos antoja imparable para la supervivencia de muchos trabajos que pensábamos imprescindibles.
No está de más, pues, que evoquemos, algunos de esos oficios de los que la juventud de hoy no tiene la menor noticia, pero que, en su momento facilitaron la vida de generaciones precedentes: serenos, afiladores, aguadores, hieleros, faroleros… En este artículo solo nos vamos a ocupar de uno de estos oficios ancestrales: el de sereno.
Y antes de dar entrada a los poemas de Gloria Fuertes con el sereno como protagonista, evoquemos su figura. Los serenos eran los encargados nocturnos de vigilar las calles y regular los faroles del alumbrado público, por lo que también ejercían, inicialmente, las funciones de faroleros. Además, abrían las puertas de las casas a los más trasnochadores, para lo cual tenían en su poder todas las llaves de los portales correspondientes a las zonas que estaban bajo su control: quienes llegaban a casa sin llaves reclamaban su presencia dando palmadas en las esquinas o llamándolos por el nombre de su oficio, al grito de “¡serenooo!” (prolongando la o final), grito al que estos respondían con un fuerte “!Vaaa!” (prolongando la a final). También se ocupaban de anunciar la hora y las variaciones del tiempo atmosférico; y como la mayoría de las veces este era bueno, decían que estaba “sereno”, por lo que su grito más frecuente era “¡La (hora) en punto y sereno”. [La palabra sereno viene de la latina serenus, que significa claro, limpio, sereno; y pasa al castellano con el significado de “ambiente de aire libre en la noche” y “hombre que vigila en la noche”]. Según los lugares y la época del año, las rondas de los serenos empezaban después de las 22 horas y se prolongaban hasta casi las 7 de la mañana.
Del equipamiento del sereno formaba parte un chuzo (palo armado con un pincho de hierro que se usaba para defenderse y atacar), así como un silbato y una matraca, que servían para avisar a la policía en caso de incidentes (alborotos, agresiones, robos…) o a los bomberos si había algún incendio. Con el paso del tiempo, estos avisos dejaron de ser importantes, y aquí está el origen de la de locución verbal popular “tomar a alguien por el pito del sereno” (es decir, darle poca o ninguna importancia).
La figura del sereno en España acabó desapareciendo en el año 1977, ya que carecían de sueldo fijo y, por tanto no estaban afiliados a la Seguridad Social, y se sustentaban de las propinas de los vecinos y de los comerciantes, cuyos establecimientos vigilaban por las noches.
Entraba dentro de lo previsible que la poeta madrileña, fiel a su estilo costumbrista, directo y lleno de ternura por las profesiones populares, retratara al sereno, en poemas para niños y para no tan niños. Empecemos por un poema infantil.
El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y vida. Barcelona, Blackie Books, 2017.
[El libro se publicó el 1 de marzo de 2017, coincidiendo con el centenario de la poeta; y fue objeto de una nueva edición en septiembre de 2024. En sus 448 páginas, incluye más de 300 poemas (algunos inéditos), fotos y dibujos de la propia autora].
Componen el poema 20 versos, con predominio del octosílabo, distribuidos en 5 coplas de cuatro versos con rima asonante aguda -/á/ en los pares, que le confiere una notable musicalidad. Y como suele ser habitual en Gloria Fuertes, el plano fónico es especialmente relevante. Hay, por ejemplo, asonancia interna /é-o/ en el verso 1 (“sereno/sueño”); aliteración del fonema /p/ en el verso 6 (“pero no se puede tapar”); aliteración del fonema /k/ en el verso 8 (“con su capa de percal”); paronomasia en el verso 9 (“El sereno lleva llaves”); políptoton en los versos 13-14 (“Va silbando por las esquinas / un silbido de metal”; aliteración del fonema vocálica /a/ en el verso 20 (“se va a descansar”). Estos “juegos fonéticos” hacen más fácil la memorización del poema, además de amplificar su sonoridad. Además, las construcciones paralelísticas de las dos primeras estrofas (versos 1-2, 5-6: “El sereno tiene…, / pero no se puede…”) facilitan la retención en la memoria (los elementos que en cada caso cambian son “sueño/frío” y “acostar/tapar”). Por otra parte, se reiteran idénticas formas verbales: “tiene” (versos 1 y 3, 5 y 7), “abren/no abren” (versos 10-11). Además, en cuatro de las cinco estrofas (1, 2, 3 y 5), “El sereno”, como protagonista absoluto, las inicia como sujeto gramatical; y los verbos que expresan sus acciones están siempre en presente de indicativo (también en el caso de perífrasis verbales, ya durativa [verso 13: “va silbando”], ya incoativa [verso 20: “se va a descansar”)], lo que permite mantener vivas y actualizadas dichas acciones con independencia de la época en que esté situado el lector. Repasemos ahora el contenido del poema, estrofa por estrofa.
Estrofa 1 (versos 1-4).
Al trabajar por las noches, el sereno no se puede acostar, aunque tenga sueño (y de ahí el empleo de la conjunción adversativa “pero”); porque una de sus misiones es precisamente la de cuidar el sueño de los demás (verso 4: “los que duermen en el portal”; un verso que contiene una sinécdoque de la parte -“portal”- por el todo -casa-). [Medida de los versos: 1(8), 2(9), 3(8), 4(10). Entre paréntesis se indica el número de sílabas].
Estrofa 2 (versos 5-8).
El sereno pasa las noches a la intemperie y, aunque haga frío, debe abrir las puertas de la casa que le soliciten los vecinos (la poeta lo expresa con una construcción más genérica: “abrir la calle”, para referirse a cualquier casa de las calles que están bajo su jurisdicción). Y el frío lo va a sentir en su cuerpo, ya que lo tapa con “capa de percal” (el percal es una tela de algodón más o menos fina. La estructura sintáctica de la estrofa es similar a la anterior, salvo en el caso del verso que la cierra; aunque ahora, la adversatividad que introduce la conjunción “pero” ayuda a resaltar la dureza de su trabajo cuando las condiciones meteorológicas son adversas.
[Medida de los versos: 5(8), 6(9), 7(7), 8(8)].
Estrofa 3. Versos 9-12.
Esta estrofa tiene un significado más profundo, aunque la poeta lo simplifica en su expresión. La llave es uno de los símbolos más potentes de dualidad, al representar de forma simultánea la libertad y la clausura. (Yendo más allá del texto, su significado depende enteramente del acto de girarla: tiene el poder tanto de abrir como de cerrar). El sereno está atrapado en su profesión y, por tanto, el manojo de llaves que maneja “no abren su libertad” (verso 10); pero es garantía de la de los demás, porque “abren las casas ajenas” (verso 11). Es fácil de imaginar la melancolía y la soledad de este vigilante nocturno. Sin embargo, es en los versos 11-12 donde la palabra poética de Gloria Fuertes de carga de recursos literarios: “Las llaves] abren las casas ajenas / donde vive la ciudad”. Estamos ante una sinécdoque del continente por el contenido o, dicho de otra manera, del lugar por las personas que lo habitan; es decir, que se emplea la ciudad como espacio físico (el continente) por los ciudadanos qu viven dentro de ella, en sus casas (el contenido). Además, la personificación de “la ciudad”, que “vive” en las casas, origina una prosopopeya cargada de vitalidad que supera cualquier referencia puramente geográfica. Y, desde luego, la poeta está sobredimensionando la función del sereno, con una hipérbole en la que se le confiere la potestad de acceder a la intimidad de la población, porque en su manos están las llaves.
[Medida de los versos: los cuatro versos son octosílabos].
Estrofa 4. Versos 13-16.
El silbato del sereno produce un fuerte sonido metálico (la perífrasis durativa y el políptoton son la base constructiva de los versos 14-14. El sereno se convierte en “el rey de los gatos” (verso 16), metáfora que tiene un triple fundamento, por cuantos que ambos comparten la vida nocturna, el dominio silencioso de las calles a oscuras y el control de territorio urbano. Por tanto, gato y sereno parecen los dueños absolutos del vecindario durante las noches. Nada de particular tiene, pues, la familiaridad entre ambos y por eso “los gatos le saludan” (verso 15).
[Medida de los versos: 13(8), 14(8), 15(8), 16(6).
Estrofa 5. Versos 17-20.
La palabra “sereno”, en el verso 17, podría desempeñar la función de símbolo bisémico, de acuerdo con su etimología: es quien infunde sosiego a la noche (“El sereno de la noche”), porque su misión es la vigilancia cuando “la ciudad duerme”. Pero el verso 18, a modo de aposición explicativa, lo presenta como “el que vigila el hogar”, por lo que volvemos a la sinécdoque del todo por la parte o el continente por el contenido, ya que “hogar” representa tanto a l casa como a los que en ella habitan Los dos últimos versos que cierran el poema nos sitúan ante ese “mundo al revés” en el que vive el sereno: con el despuntar del día y empezar cada cual con sus obligaciones es, precisamente, cuando cesan las del sereno y entonces puede marcharse a descansar.
No hay duda de que la magia poética de la palabra en verso de Gloria Fuertes ha hecho del sereno, para goce de los niños, un personaje entrañable, en lo que estaremos de acuerdo todos los que, por no ser niños, lo hemos conocido, en especial cuando venía a casa por su aguinaldo felicitándonos la Navidad.
La imagen tomada en octubre de 1912, y extraída del número 53 de la revista ilustrada Mundo Gráfico , impresa en Madrid. Muestra a un hombre ejerciendo el histórico y desaparecido oficio de sereno, el encargado nocturno de vigilar las calles, regular el alumbrado público y abrir los portales a los vecinos. En la foto se aprecian perfectamente sus dos herramientas de trabajo más características:: el chuzo (para apoyarse y defenderse) y el farol (para iluminar su camino y las calles oscuras durante sus rondas nocturnas).