LOS IMPRESCINDIBLES - Álvaro Bermejo

“ELECCIONES Y EMOCIONES”

Un candidato habla ante un rival caricaturizado y un público dividido bajo luces de mitin. Imagen generada con IA de OpenAI (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI).
Álvaro Bermejo | Sábado 17 de octubre de 2026

El cambio de paradigma, ya operante en la literatura de nuestro siglo, será la clave de las próximas elecciones en todo lo que afecta a las estrategias de los partidos. Olvídese de los manuales de psicología política. Los decisivos se escriben a la luz de las neurociencias, en base a una hipótesis avanzada por un biólogo evolutivo, Richard Dawkins. En 1976 y en su ensayo ‘El gen egoísta’ acuñaba un término nuevo: meme. ¿Qué es?



Una mínima unidad de información -un mensaje breve o un video multimedia, generalmente humorístico- susceptible de hacerse viral, vía internet, de manera similar a como se transmiten los genes.

Nadie lee un programa electoral. El programa, hoy, es una suma de ocurrencias orientadas a hackear la mente del ciudadano de modo que vote con su cerebro emocional o, directamente, con las vísceras. Lo cuentan muy bien un par de libros recientes, ambos de autores colectivos: ‘Vótame’. Manual políticamente correcto para vivir de la política correctamente’. Y ‘El humor en las elecciones o las elecciones del humor’, centrado en otra teoría de trinchera. ¿Cuál? Literalmente, la de la Incongruencia.

Para cualquier político actual puntúa más escarnecer, destripar y ridiculizar las contradicciones de su oponente que razonar sus discrepancias. Importa minimizar la racionalidad del votante, activar sus emociones primarias, extremar la polarización con las armas del sarcasmo.

¿Quién se acuerda de los brindis al sol de tres años atrás? ¿Quién mide las disonancias entre promesas y realidades? Esto es pura Gestalt. Tu cerebro opera por pregnancia: proximidad, semejanza y cierre. Si es con un chiste sangrante, mejor que mejor.

El problema para los presuntos elegidos son los radicales libres. Es decir, el humor de los electores, que también va por barrios. Pero si quien lo cultiva es realmente libre encuentra en él tanto un escudo protector como una herramienta multiusos para defenderse de la sobrexposición electoral. Bien sabemos que la manipulación alcanzará niveles tóxicos en su anticlímax. Nada más apremiante que activar nuestro gen egoísta, el mecanismo cognitivo de la resistencia crítica.

También nos vale una novela. Se titula ‘La revelación’ y la firma A. M. Holmes. ¿Qué cuenta? Un doble viaje: el de las mentes que fabrican y consumen campañas electorales delirantes, jugando con la esperanza y la paranoia de los electores, cómplices pasivos de los mensajes basura que se traducirán en votos en las urnas. 

Extracto una frase: “Perder unas elecciones no es democracia: para los que siempre han mandado es una declaración de guerra firmada por el enemigo”. Sucedió en EE.UU. Ríete, aquí no puede pasar. Somos tan civilizados…

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