1949 – 1984
En 1949 publica George Orwell una novela distópica, con el impersonal título de 1984. Parecían muchos años, pero los cuerpos en sombra dirigidos y vigilados por El Gran Hermano no tardarían en advertirnos de la represión del pensamiento, de las actividades, del totalitarismo en un futuro que no estaba tan lejano y que aún hoy pesa en el temor de que pueda suceder o de que ya esté ocurriendo.
Sin posibilidad de huir. Cayendo en la trampa del falso activista que lucha con la resistencia. Un desierto en un mundo tecnológico. Una cárcel, un sistema de control, un pájaro muerto, un mar demasiado en calma, unos deseos reprimidos, el eco débil de lo que un día fue la libertad.
Lo ponen en escena, arriesgando en tan difícil apuesta, Javier Sánchez-Collado y Carlos Martínez-Abarca, con dirección de este último, intentando no ser distantes ni confundirse en esta historia de ausencia de sentimientos, de represión y torturas, de oscuridad en medio de la luz artificial.
Aquí nadie podrá tener deseos, y menos carnales, emocionales, porque El Gran Hermano no solo te vigila, sino que se muestra implacable para que nadie pueda sublevarse, de hierro y opacidad para que no se puedan tener sueños.
¿Se puede controlar el pensamiento? En el capítulo del Quijote de la Ínsula Barataria hay un episodio en el que detienen a un joven que intentaba huir de la justicia. Al ser interrogado y amenazado con pasar la noche en la cárcel (donde se le "obligaría" a dormir), el joven responde con gran agudeza desafiando la autoridad de Sancho que podrán encerrarlo y ponerle grilletes toda la noche, pero no obligarlo a dormir, que eso es voluntad propia y libre. Pues algo parecido ocurriría aquí. Y, sin embargo, sí parecen tener ese control con la tortura y, además, aquí no hay árboles para abrazarse a ellos y sentirse mejor.
La puesta en escena, con una escenografía sencilla, pero metalizada, pseudo futurista, y al mismo tiempo algo vintage, es decir, de 1984, utiliza proyecciones en los monitores o televisores estratégicamente situados en el escenario, planchas de aluminio, somieres de hierro, monos uniformados para los personajes, busca recrear esa sensación de agobio y telarañas metálicas, paisaje gris de paredes aisladas, sequedad en el ambiente, crueldad sin palabras, opresión en el ambiente. La representación transcurre con esa sensación de sepultura e insomnios, de deshumanización de los personajes controladores, frente a la angustia vital de sentirse solos, aislados y desvalimiento de los personajes interpretados por David Lázaro y Cristina Arranz.
Habría que plantearse la vigencia de la obra, el contenido de terror que conlleva, la manipulación de la información, las restricciones de libertad, la represión social y política, en un fanatismo obcecado y manipulado por los que ostentan el poder.
INFORMACIÓN
1984
Autor: George Orwell
Versión: Javier Sánchez-Collado y Carlos Martínez-Abarca
Dirección: Carlos Martínez-Abarca
Intérpretes: David Lázaro, Javier Ruiz de Alegría, Cristina Arranz, Javier Bermejo
Espacio: Teatro Fernán Gómez – Sala Jardiel Poncela